Turismo rural y aventura para todos los gustos en República Checa

Dormir en la copa un árbol en Brno, República Checa o dentro de una pipa –vacía por cierto- donde se añejó un buen vino de Moravia, es posible, claro que sí. El turismo a la medida de los gustos más exigentes y exóticos crece y crece como la espuma.

Apunten en su bitácora este destino: Chequia. Lo tengo claro, en mi próximo recorrido por Europa República Checa y el “otro” Viejo Continente están entre mis primeras paradas.

Y hablando de propuestas inusuales por aquí, tengo anotada dos: dormir suspendido a más de 120 metros de altura en una de las cabinas del Skylodge Adventure Suites, en el Valle Sagrado de los Incas, Cusco y pasar unos días en cualquiera de los refugios de montaña que han implementado hace mucho en Cordillera Blanca los amigos de Don Bosco.

Buena semana para todos.

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República Checa en bicicleta

El ciclo turismo se extiende por el mundo, son cada vez más los destinos turísticos que se acondicionan para recibir a las tribus de ciclistas ávidos de contemplar paisajes inauditos y las bellezas contemporáneas. República Checa es uno de ellos. Disfruta un destino de manera diferente, Czech Tourism, la agencia oficial de turismo del país europeo, presenta siete rutas para hacer en bicicleta en los próximos meses. Solo tienes que coger la bicicleta y visitar República Checa. Nosotros ya nos estamos preparando.

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Praga, una ciudad e infinitas historias

Seductora, la ciudad de cuentos de hadas donde los alquimistas buscaban transformar el hierro en oro, donde cruzar un puente es volver a sentirse vivo, donde un mágico reloj congela el tiempo y donde la mejor cerveza del mundo cuesta menos que un vaso con agua, así se impone Praga, la capital de Republica Checa, al viajero. No importa en qué temporada —ni cuentas veces— la visite, su magia y encanto siempre lo dejará atónito. Normand García, del equipo de Viajeros por el mundo, la recorrió de palmo a palmo. Esta es su historia.

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Babushka, la abuela rusa que recorre el mundo con 91 años

Linda historia la de esta abuelita rusa de 91 años que es sensación en Instagram y ya lleva ocho años en la ruta y más de quince países a toda prisa y con un bastón en la mano. Y, calro, una maleta que la ayudan a cargar los que se topan con esta mujer nacida en 1927 que no le teme a nada.

Ya les había mostrado las peripecias de otra rusa de campeonato, abuelita también, pero un poco menor, Beba Lena, de Krasnoyarsk, viajera por el mundo a inicios del 2017.

Fantástico, el mundo también es esa apacible aldea donde todos, todas, podemos cumplir nuestros sueños. Los dejo con doña Yelena Yerjova, Babushka para sus followers.

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Beba Lena, la abuela rusa de 89 años que viaja sola por el mundo

Y uno que se anda quejando de todo. Esta abuelita rusa que se prepara para cumplir los noventa ha puesto de vuelta y media las redes sociales con su historia. Elena Mikhailovna, la abuela Lena como la han empezado a llamar en el cyber espacio, empezó a viajar a los 83 y desde entonces no ha parado. No les cuento más, busquen su nombre en Google y verán que es una sensación. Con su mochila y bastón, viajando en moto y comiendo donde las “tías Veneno” de la ruta, Beba Lena vuelve a reiterar lo que a veces olvidamos: viajar no es un vicio reservado a los jóvenes y ricos del primer mundo, se puede hacer desde cualquier punto del globo y a cualquier edad, solo es un asunto de entusiasmo y buena salud mental. Buen domingo, viajeros

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[DENUNCIA AMBIENTAL] Deforestación en Tamshiyacu. ¿En qué país vivimos?

¿Vieron ayer en la noche a Máxima Acuña en televisión nacional? Yo sí y me gustó. Segura, convincente, una voz disidente en medio de los lugares comunes y las verdades absolutas. ¿Por qué la menciono en esta nota sobre Tamshiyacu, en el oriente peruano? Porque casos como el suyo en Cajamarca se repiten, lamentablemente, en casi todos los lugares donde se encuentran, iba a decir colisionan, las empresas poderosas y las poblaciones locales, desprotegidas como están por el Estado que ha creado la República Empresarial que vivimos.

Lo que describe Chirif para Tamshiyacu, en las proximidades de Iquitos, es revelador. Autoridades y empresarios coaligados para llenarse de dinero a costa de los bienes comunes y la propiedad de campesinos despistados. Instituciones gubernamentales incapaces de aplicar reglamentos y actuar. Y todo en medio de las narices de una opinión pública acostumbrada a los negociados de los poderosos y el aquí no pasa nada. La historia que relalta Chirif, que por cierto ha sido también documentada por una investigación de Convoca, describe el modus operandi de una corporación que de la mano de autoridades venales y mucha viveza, ha deforestadouna selva de difícil regenaración y pretende continuar haciendo negocios con lo poco que queda de ella.

En fin, no hay mucho más que decir, los dejo con esta detallada y muy ilustrativa radiografía de la ignominia y el saqueo de nuestros recursos naturales.

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La ruta del Barroco cusqueño

Hace unos meses, camino a las breñas del Ausangate, pasé por la localidad de Checacupe, una pequeña población detenida en el tiempo que guarda entre sus pliegues más visibles ciertos detalles imborrables de la gesta de José Gabriel Túpac Amaru, el indómito rebelde de Surimana, Tinta y Tungasuca.

Uno de ellos, el maravilloso repujado de su templo barroco, de su impresionante y muy bella iglesia de indios que en un siglo de encuentros y desencuentros supo convocar los miedos y el respeto de una feligresía que a pesar de hablar la lengua de los incas debía escuchar enrevesados sermones en un latín venido de allende los mares…

El barroco cusqueño, una versión antojadiza y telúrica, del barroco europeo, se expresa en la iglesia de Checacupe con todo el peso de su carga ideológica, con la misma fuerza de esa fe que los creyentes decimonónicos en guerra a muerte contra las idolatrías mantuvieron viva en medio de los Andes. Estoy seguro que la iglesia de Checacupe, fuera de la Ruta del Barroco que promueven los jesuitas en la provincia cusqueña de Quispicanchi, tiene la magnificencia de los templos de Canincunca, Huaro y Andahuaylillas que acaba de recorrer Mario Vargas Llosa y comenta en el lindo artículo que recojo del suplemento dominical de La República.

Como lo apunté en mis cuadernos de viaje el decorado de ese templo colonial “habla” de un enemigo superior al que había que derrotar en nombre de los evangelios traídos por los conquistadores. Por eso la fastuosidad del recinto. En Checacupe las paredes, los techos, el púlpito, al altar, los relicarios, hasta la pila bautismal, todos los elementos de ese templo barroco del siglo XVI levantado sobre las piedras de un palacio imperial, dejan traslucir la importancia que tenía para los curas doctrineros una iglesia en esa frontera, en ese fin del mundo poblado por indios empecinados en resistir la avanzada cultural.

Lo dice con mejores luces el Nobel “como Jerusalén, Roma, el Cairo o México, en el Cusco el pasado forma parte esencial del presente y a menudo lo remplaza con la irresistible presencia de la historia”. Linda semblanza sobre una ruta cultural y una ciudad emblema.

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