A ver al Papa en una Kombi…

Agencia EFE, tomado de El Nuevo Herald

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Qué buen magisterio el que está haciendo el Papa Francisco en los Estados Unidos, estoy francamente conmovido por la presencia de ánimo del Pontífice argentino y el filo de sus críticas al sistema y, sobre todo, a sus panegiristas. El viernes en el senado gringo y ayer en la sede de las Naciones Unidas, Jorge Mario Bergoglio estuvo inspirado, potente, clarísimo. Debemos ser tolerantes con el vecino de al lado –inmigrante, musulmán o ateo- y luchar a brazo partido contra las pandemias que hemos originado: el calentamiento global, el armamentismo, la xenofobia, el autoritarismo, lo dijo abiertamente y en el corazón del imperio.

Como para sacarse el sombrero, magnífico el papa argentino. Y como para estar a tono del viaje vaticano a Cuba y a los Estados Unidos, les dejo esta nota de Francisca, la fiel VW combi (o kombi, si quieren) que recorrió el continente para llevar a una familia porteña -los Walker Zemborain- al encuentro del Sumo Pontífice. Linda historia, como les he contado muchas veces, sueño con un vehículo y un viaje así todos los días.

Fui feliz viajando con mi familia en una combi VW del 69. Y amenazo siempre y a todo el mundo, con volver por esa senda ya esa ilusión personal.

Más de medio año, 18.000 kilómetros, 13 países del continente americano y un montón de sueños se apretujan en “Francisca”, la furgoneta ochentera de color blanco y verde que llevó a una familia desde Argentina hasta Filadelfia (EEUU) para ver al papa Francisco.

Noël Zemborain, Alfredo “Catire” Walker y sus cuatro hijos, Carmin, Mia, Dimas y Cala, son los dueños de la despampanante Kombi Volkswagen modelo 1980, con la que cruzaron casi de punta a punta el continente con el objetivo de llegar al Encuentro Mundial de Familias, que presidirá el pontífice argentino.

“Desde que nos conocimos siempre quisimos hacer un viaje diferente, un viaje más profundo -cuenta a Efe Noël señalando a su marido-. Soñábamos como todo el mundo, tomando un café, un vino o una infusión de mate. Siempre decíamos bueno, cuando los niños estén en la universidad, nos vamos un año”.

El deseo se volvió cada vez más intenso y, cuando el Vaticano anunció que el papa viajaría a Filadelfia, el matrimonio lo tomó como una señal, decidió que era hora de celebrar su unión como familia, juntó los ahorros, vendió su antiguo auto y compró la Kombi, a la que Noël ya considera como una “quinta hija”.

“Se nos averió varias veces en el camino. Es vieja, de 1980, tiene un motor sencillo que se puede arreglar y los repuestos no son caros. Hay muchos fanáticos de Volkswagen en todo el continente que nos han ayudado mucho y que la pudieron arreglar. Así que, bueno, es simpática, tiene una mística viajera”, bromeó Noël.

En su chasis, la furgoneta alardea de músculos y presume de tatuajes.

Luce las pegatinas multicolores de las banderas de los trece países que ha atravesado y que los pequeños, de 12, 8, 5 y 3 años, estampaban sobre el metal como señal de triunfo cada vez que el vehículo lograba pasar los exigentes puestos de control de las fronteras.

Entre las banderas se cuentan las de Bolivia, Chile, Ecuador o Costa Rica, país en el que unos monos golosos sorprendieron a Cala, de 12 años, obligada a comer rápido para evitar que le robaran la comida.

Para Noël, una de las anécdotas más divertidas del viaje se produjo en Cusco, la capital del antiguo Imperio de los Incas.

“Cusco es una ciudad lindísima, pero con calles muy angostas. Nos habían dicho que en la Plaza de Armas no podíamos entrar con coche, pero de repente nos vemos bajando una empinada calle que desembocaba en la Plaza. ¡No, no! La gente gritaba, movía los brazos. Pero tan cargados como íbamos no podíamos dar marcha a atrás”, revive Noël.

Entonces, como si de una película de comedia se tratase, un grupo de argentinos eufóricos salió de la nada y empujó a la furgoneta calle arriba, salvando a la familia de una posible multa.

Después de pasar por Cusco, por la ciudadela inca de Machu Picchu y de que los niños nadaran con tortugas en Mancóra, Noël asegura que lo mejor de la travesía fueron las familias que se cruzaron en el camino y estamparon su firma en un “libro de viaje”, recuerdos que esta argentina, nacida en París, guarda como un tesoro.

Cuenta Noël que, al principio, se alojaban en casas de familias, pero a medida que el camino avanzaba quienes les ofrecían albergue eran “amigos del amigo del vecino o del cuñado” de alguien y, también, gente solidaria que les hospedó tras conocer su historia a través del blog del viaje (americaenfamilia.com).

En algunas ocasiones, llegaron a tocar el timbre de alguna parroquia, pero por muy fea que pintara la noche siempre encontraban un lugar para dormir.

“Nos dimos cuenta de que, a veces, cuesta pedir ayuda. Pero, aprendimos a pedir ayuda y descubrimos que hay mucha gente dispuesta a ayudar”, confesó Noël.

El matrimonio coincide, además, en que la travesía les ha enseñado a “viajar más ligeros de equipaje” y les ha mostrado que uno puede ser feliz con menos porque, aunque en “Francisca” hay espacio, es siempre bueno dejar un hueco para los imprevistos y los sueños.

Después de ver a su compatriota argentino en Filadelfia, la familia planea visitar Nueva York, Boston y Miami, desde donde volarán a Buenos Aires, mientras que la furgoneta se quedará un tiempo más en EEUU esperando a que el tío de los pequeños la lleve de vuelta a Argentina.

“Como me escribió una amiga en el blog cuando estábamos haciendo este viaje, al final, todo lo que uno necesita cabe en una Kombi. Y es verdad. Con tener a la familia es suficiente”, reflexiona Noël, que hoy, tras más de seis meses de viaje y muchas aventuras, celebra con alegría el mensaje del papa Francisco.

26/9/2015