A viajar se ha dicho…

Las disposiciones que el gobierno aplicó a inicios de año para evitar el ingreso de la nueva cepa del virus del COVID-19 desde Europa,  todas en vigencia todavía, lo ha dicho con extrema claridad APTAE, el gremio que agrupa a las principales empresas ecoturísticas del país  y también la Cámara Nacional de Turismo, golpean inmerecidamente al agonizante sector turismo peruano  diez meses después de iniciada la crisis 

Confío por ello que el 20 de enero cuando expire esta normatividad, se retome la calma y se inicie, esta vez con sensatez, el retorno a los viajes y a la fiesta del turismo que tanta falta nos hace. Claro, con protocolos bien establecidos, responsabilidad al máximo de anfitriones e invitados y adecuada fiscalización por parte de la autoridad competente.

De imponerse la dictadura del miedo y prolongarse las prohibiciones el turismo que en esta plataforma defendemos volverá a caerse estrepitosamente. Y lo digo porque mal que bien, excesos de por medio y puntos flacos por resolver, el turismo interno –o local para decirlo con mayor precisión- había empezado a moverse en los últimos meses en destinos potentes como Máncora y Lunahuaná, por citar solamente dos.

Hay que hacer fuerza como colectivo para que las medidas coercitivas y el encierro no se impongan de nuevo y que por el contrario se establezcan disposiciones que garanticen viajes más responsables y protocolos que de verdad sean respetados. La gente, en estos últimos meses, comenzaba a salir, muchos seguramente para rendirle pleitesía al alboroto, pero otros, los que importan, para consumir aire libre, naturaleza, sentido de pertenencia, Perú: esos turistas no pueden replegarse, sería absurdo; que nos escuchen los tomadores de decisión; para un grueso de la población de este país de andariegos viajar es una maravillosa obligación, un bálsamo contra el paso de los días y la monotonía.

Y las medidas gubernamentales que critico, que cuestionan los gremios del sector turismo y seguramente la señito que atiende el puesto en el mercado de Huarmey o en el de Tinke, en Ocongate, van a asfixiar a los que viven de los ingresos que genera el libre tránsito de las personas. Me encantaría escuchar las opiniones sobre lo que comento en esta esquina de los institutos y universidades, de los colegios profesionales vinculados al turismo –el colegio de licenciados en turismo, por ejemplo-, de la gentita que aplaude en redes el “life for travel”. ¿Queremos o no que el encierro y el aislamiento se nos sigan aplicando como placebos para amenguar la crisis que nos atrapa y parece gobernarnos?

Tenemos que volver a salir y debemos hacerlo por nosotros, por nuestra salud mental y por la gente que vive del movimiento turístico y la cultura del aire libre: miles de miles de peruanos que principalmente en el interior complementan sus economías con el ingreso que les dejan los visitantes de ocasión: nosotros. Esos Verinnias, Juan, Isabel, Gandi, Marta, Roberto que conoció en su último viaje al Colca Tamara Durant, una viajera como usted y como yo que se vio precisada a ocultar sus fotos en el valle arequipeño como si fuera una de las habitúes de las discotecas covid friendly de Punta Hermosa cuando lo que hizo al recorrer la campiña sureña  contribuyó, entre otros cometidos, a mejorar la economía de sus anfitriones y a bañarlos con las aguas maravillosas de la esperanza en mejores tiempos.

Hay que reinventarnos y cranear todos juntos una estrategia que efectivamente sirva para formar un ciudadano que viaja –un turista- respetuoso de la salud física y espiritual de los involucrados en la fiesta del turismo  y hacerlo pronto porque al  viajar, verdad de Perogrullo, crecemos, nos conocemos, nos volvemos, todititos, mejores personas. Y eso es lo que necesitamos a gritos para poder enfrentarnos con éxito al Armagedón ambiental que nos ha llegado de sopetón. Es tiempo de volver, ya fue suficiente, que el miedo y la sinrazón no nos gobiernen. Inventemos, de verdad, la nueva normalidad.

Buen viaje…