Alberto del Campo Tejedor

“Con el tiempo, la industria turística, conocedora de los que mueve a sus clientes, crea diferentes y nuevos productos (personajes, escenografías), con material procedente de la cultura local, pero pertinentemente adaptado para el consumo en masa. Se crea así una ficción de autenticidad, en el fondo un engaño, pues lo que se vende como un pedazo de la vida real, genuina, lo que se muestra como la “cocina” de la cultura -adaptando la metáfora goffmaniana a lo culinario- es en realidad un gran salón de fiesta, donde los nativos sirven los distintos platos cocinados ex profeso para los turidtas, mientras lo que acontece entre fogones queda vedado al cliente”.