Casa Hacienda Achamaqui / Amazonas

Me encanta el río Utcubamba, siempre lo he tenido entre los ríos más lindos de este país tan fecundo en cauces fluviales de todos los tamaños, colores y rugidos. Para mí, el Utcubamba, utcu algodón en quechua local; pampa de algodón si seguimos a pie juntillas su toponimia, solo tiene un competidor en tonalidades de verde: el Alto Cañete, el río que riega las sementeras de Huancaya, ese otro paraíso en la sierra de Lima.

El Utcubamba es una serpiente de apariencia dócil, un río que nace al sur de la ciudad de Leimebamba para ir a parar, doscientos cincuenta kilómetros después, en las fauces del trepidante Marañón. Lo he gozado en Leimebamba, en Chachapoyas, en Bagua, también en Huancas, donde le da vida al cañón de Sonche, en Pedro Ruiz.

Del Utcubamba dice Kauffman Doig: “a juzgar por los muchos monumentos que se aglutinan en la cuenca del Utcubamba, esta zona debió constituir el escenario geográfico principal de los Chachapoyas”.

En el “reyno de los Chachapoyas”

Fue la Gringa Boloña, la afamada blogger y amante del buen fútbol, la primera en darse cuenta de la magnificencia del río algodón. “Ala, qué lindo río”, soltó con el desenfado que en ella es marca registrada, la primera mañana de nuestra estadía en la Casa Hacienda Achamaqui.

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Desde una terraza al lado del comedor del hotel, jardines muy cuidados de por medio, el Utcubamba marchaba sin pausas, silencioso, dominando con sus brazadas el paisaje de una de las zonas más coloridas y límpidas del “reyno de los Chachapoyas”.

Habíamos llegado desde el aeropuerto de Jaén, el día anterior, al caer la tarde, después de matarnos de risa mientras saboreábamos la belleza del bosque seco del Marañón y no habíamos tenido tiempo para reparar en su belleza desconcertante.

Después del “ala, qué lindo río”, empezó nuestro peregrinar de varios días por los contornos de la Casa Hacienda Achamaqui, un territorio cultural y biodiverso –me refiero al de la provincia de Chachapoyas, en Amazonas- que tiene entre sus joyas más preciadas bellezas de la talla de la catarata de Gocta, el pueblo de San Pablo de Valera y sus esforzados habitantes, Cocachimba y sus artesanos, la bucólica ciudad de Chachapoyas, Kuelap y su teleférico,  los mausoleos de Revash, Karajía, el museo de Leimebamba, el cañón de Sonche y muchísimo más.

Aviturismo en Achamaqui

El hotel Casa Hacienda Achamaqui se encuentra a solo veinte minutos de la ciudad de Chachapoyas, en el borde mismo de una típica campiña del valle del río Utcubamba. La casona principal, de evidente estilo colonial-republicano, y los ambientes donde se encuentran las 31 habitaciones destacan por sus sólidos muros de color blanco, sus ventanales firmes, los techos de tejas de color ocre y su imponente patio central.

Los sauces, molles, taros, eucaliptos, guabas, higuerones y campos de cultivos de pan llevar que rodean la casona que ha sido cuidadosamente acondicionada para convertirse en un alojamiento ideal para el descanso y la contemplación, terminan de componer un paisaje cultural extraordinario.

Los antiguos propietarios de la hacienda Achamaqui escogieron para asentarse una tierra cuyo microclima y bondades energéticas fascinó también a los gentiles que vivieron en tiempos de la civilización chachapoya  a juzgar por un sarcófago que todavía cuelga de una las laderas de los empinados cerros que rodean la estancia.

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Diecisiete hectáreas de ensueño donde es posible registrar 78 especies de aves y caminar en permanente contacto con la naturaleza. Debido al buen ojo y gentil guiado de Antonio García-Bravo, uno de los pajareros más prestigiosos del Circuito Nor Amazónico, pude ampliar mi check list gracias al carpintero cuello negro que vi en un palto al salir del hotel y a la Perlita del Marañón, el Colibrí de Tacsanowski, el Saltador rayado y la Cotorra mitrada que observé, binoculares y el libro “Aves del Perú” en ristre, durante un breve recorrido por los bosquecillos que todavía siguen en pie al lado del Utcubamba.

Comodidad y bien estar

Con mi troupé de ocasión (Mariela Goyenechea, Charlie Rángel, Zsa Zsa Frayssinet, Wilson García y Elaine Hartmann) la pasamos muy bien en la Casa Hacienda Achamaqui, acompañados en todo momento por Patricia Quiñones, del equipo de Viajes Pacífico, la empresa que ha hecho posible el sueño de una villa hotelera que busca desarrollar un producto respetuoso del medio ambiente y las sociedades locales.

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Con ella y los atentos guías del staff no solo recorrimos los íconos del renovado destino Chachapoyas, sino que también nos dimos un tiempo para visitar los talleres de los artistas populares de una región cuya artesanía puede competir con la de cualquier otra. Visitamos a doña Olinda, en Cocachimba, experta en el manejo del telar de cintura; a doña Clotilde Alva, alfarera de Huancas y a Miguel Huamán, en Leimebamba, artesano en madera, todos herederos de una tradición antigua que el equipo Achamaqui se ha propuesto rescatar y poner en valor.

Y en las noches, al calor de la fogata y los tentempiés que los encargados de la cocina nos prodigaron con afecto, pudimos conversar, cambiar el mundo, mientras los luceros y todas las estrellas fugaces que se puedan imaginar decoraban la noche del Utcubamba.

De los placeres que conozco pocos tan intensos como éste de gozar la vida en una casona bien cuidada y llena de tradición, al pie de la historia y la naturaleza… con amigos que invitan al disfrute y al olvido total de las obligaciones que nos hacen huir de la ciudad.

Hemos prometido volver, la Casa Hacienda Achamaqui tiene un tesoro que no pudimos disfrutar y se los cuento caleta: Villa Achamaqui, dos casitas/bungalós/vivac-para-pasarla infinitamente-bien de cinco habitaciones, comedor,  sala, cocina, terraza para todo la mancha, para todo el familión.

Gozadera total, que le dicen.

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Mayo 2018

Km 39 Carretera Pedro Ruiz
Chachapoyas – Amazonas
Celular: 51)(1) 933 189 144 – (+51)(1) 933 189 144
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