Hotel Casa Morey / Iquitos

Había estado antes en la Casa Morey, la mansión cuya fachada decorada de azulejos en relieve esconde la fastuosidad de un hotel de lujo, histórico, ubicado sobre una de las orillas del río Itaya, en el regio malecón que engalana la ciudad de Iquitos. Aquella vez la residencia construida en 1913 por Luis F. Morey Arias, cauchero, propietario entre tantos negocios de un vapor de pasajeros que cubría la ruta Iquitos – Liverpool,  fungía como local de la famosa discoteca Papá Piraña, el sueño amazónico del inefable periodista Beto Ortiz.

Felizmente la Casa Morey, patrimonio histórico cultural de la nación, ya no es el epicentro de los extravíos nocturnos de la farándula loretana y su entonces omnipresente mandamás deambula por otros escenarios. Hoy día la mansión republicana, de toques y retoques victorianos, es un hotel de un clasicismo que subyuga y mucho, muchísimo confort. Podría decir, sin exageraciones, un varias estrellas ideal para pasar los días más descansados que se puede imaginar en una ciudad en ebullición permanente y tanto por hacer.

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Había llegado a Iquitos desde Tarapoto en un vuelo de Lan -ahora Latam-  y de un brinco recalé en el bar Fitzcarraldo del malecón Tarapacá para comprar el libro que mi amigo Rafael Otero Mutín ha escrito sobre el mítico Carlos Fermín Fitzcarrald, cauchero como Morey y también explorador de lo imposible. Con el trabajo de Rafo en mis manos me instalé en el segundo piso del hotel Casa Morey para el necesario descanso. La habitación que me tocó en suerte tenía el tamaño de un salón de baile, con un vestíbulo para recibir visitas incluido y los techos más altos y aireados de todo Iquitos. Los muebles y el decorado me transportaron a una época definida por las riquezas de la goma y los lujos más extravagantes de quienes manejaban una industria causante de tropelías inenarrables sobre los pueblos indígenas de la Amazonía de Colombia, Perú, Brasil y Bolivia.

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Después del desayuno y la revisión de la agenda de los días por venir –me esperaba una navegación por el Marañón y la Reserva Nacional Pacaya Samiria- me instalé en la biblioteca, mejor dicho en el salón de lecturas, del hotel: más de mil volúmenes referidos a la Amazonía acomodados con tino en unos libreros de maderas finas y puertas con vidrios. Allí estaba la edición príncipe, en varios tomos, de la obra de Paul Marcoy “Viaje a través de América del Sur” que alguna vez leí, en el otro extremo de la selva amazónica, a un grupo da mashiguengas del bajo Urubamba.

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Todo en el hotel Casa Morey ha sido dispuesto para volver al pasado: los cuadros, los sillones, las mesas, las arañas, los cristales, los espejos. Su propietario, Richard Bodmer, estudioso de la biodiversidad amazónica, ha sabido rescatar del olvido objetos y recuerdos de una ciudad que brillaba en medio de la penumbra amazónica. Lo acompaña en la tarea Tula Fang, su esposa. Ambos gestionan en Iquitos un hotel, un par de museos temáticos y una compañía de barcos antiguos –restaurados guardando las formas- que recorre los ríos que conducen a Pacaya Samiria.

Catorce habitaciones, todas inmensas, componen el hotel. Unas dan al regio balcón victoriano que se alza sobre un patio interior (donde se encuentra la piscina), otras a la calle Loreto y las que ofrecen mejor vista al malecón sobre el río Itaya. En ese rincón alguna vez se levantó el muelle Morey y ahora se dejan ver los trazos una simpática placita. El desayuno que está incluido en el pago es potente, el Wi Fi funciona con propiedad y la atención que se recibe es atenta y sumamente esmerada. Como para volver y volver siempre.

En el comedor del Hotel Casa Morey, mayo de 2015

 

En el comedor del hotel Casa Morey, mayo de 2015