Inotawa Amazon Lodge / Tambopata

Hace muchos años conocí en Lima a Rafael Delucchi, un hombre-oso de mirada transparente y espíritu de conspirador a tiempo completo.

Entonces yo era un muchacho atento a las novedades y él un hombre de convicciones fijas. Una de ellas, el cine, que lo apasionaba y al que le había dedicado gran parte de sus trajines de nigromante; otra, el amor incondicional a una pandilla de otorongos que criaba con esmero en una desvencijada casona sobre los malecones de Barranco y también en una chacra de Huaral.

Mientras los limeños, en materia de viajes y aventuras, solo tenían ojos para mirar hacia afuera, Rafael, que ya tenía como compañero de ruta a su hijo Ramón, no hacía otra cosa que buscar en el interior del país, en la selva, un refugio adecuado donde llevar a su prole de inquietos felinos.

El buen Rafael Delucchi, stuntman (doble en escenas peligrosas) en diversas cintas del cine nacional, puso sus esperanzas en el lejanísimo Tambopata, una tierra de promisión donde sentar reales con sus mascotas y vivir entre pájaros y árboles.

Con Ota, el jaguar hembra que conocí en Barranco y todos sus compañeros de viaje. Haciendo ciencia y riendo a carcajadas…

La vida no siempre sabe darnos las revanchas que buscamos y un día gris el viejo Delucchi dejó este planeta exigente para irse a poblar las estrellas.

El hijo, el mozalbete que crecía con una máquina de fotos en una mano y toda la vehemencia de los veintitantos, tomó la posta y se instaló en la tierra prometida, en una orilla del río Baawaja de los ese ejas, para terminar de enhebrar el sueño de su padre que  por cierto también era  el suyo.

Rafael Delucchi en el pincel de Rodrigo Núñez, autor también de una novela, “Sueños bárbaros”, que retrata de manera muy vivida la vida del hombre-oso de esta historia.

En el Inotawa de Tambopata

Ramón Delucchi, limeño, cazador de quimeras como su padre, es el propietario del albergue Inotawa Amazon Lodge, un albergue ubicado en la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata, a cuatro horas por tierra y por río de la ciudad de Puerto Maldonado, que lo tiene todo: confort, naturaleza viva, conservación, aventura plena y atención esmerada.

La mejor opción, digamos,  para los que sueñan con las maravillas de la icónica reserva y no gozan  del presupuesto que tienen los que vienen desde el primer mundo.

El Inotawa, en ese eja, hilo verde, es un lodge amplio que ofrece habitaciones simples, triples, suites familiares y cabañas hechas respetando cuidadosamente el ambiente natural que rodea sus instalaciones.

Lo he visitado varias veces, por trabajo y la última vez para gozar unas cortas vacaciones con mi hijo y su novia. Ambos retornaron a Lima retozando de alegría y sorprendidos, muy sorprendidos, por tanta naturaleza vista en tan pocos días.

Alboroto de la naturaleza. Guacamayos del Tambopata.

Con Javi y Cora vimos –camino de ida al albergue- caimanes, guacamayos, ronsocos y tortugas por doquier. Y, por si fuera poco, en el muelle de embarque de la comunidad de Infierno, habíamos tenido el gusto de conocer a Melo, el inquieto actor de la inmortal zaga “Candamo, la última selva sin hombres”. Ellos lo abrazaron como se debe abrazar a un héroe, a un defensor de lo tanto que nos queda por gozar.

En el Inotawa Amazon Lodge nos refugiamos en unas cabañitas con techos de paja de las que salíamos a cada rato para hacer de las nuestras: una mañana, muy temprano, fuimos a visitar la  collpa La Torre, un refugio de guacamayos y loros que nos fascinó –Javi y Cora no habían estado nunca en un lamedero de arcilla así que se pasaron de vueltas, literalmente- y por la tarde nos internamos por un sendero que nos condujo, entre árboles y más árboles, a un borde del Tambopata para ver sus playas enormes que nos prometimos tomar por asalto en cualquier momento. De regreso tuvimos tiempo para sentarnos bajo el abrigo de una inmensa lupuna y solazarnos con tanta belleza natural y tantos aromas de libertad.

En el lago Tres Chimbadas

El plato fuerte para nosotros fue la visita al lago o cocha Tres Chimbadas, un cuerpo de agua fastuoso al que llegamos después de navegar un breve trecho por el río Tambopata. Claro, con Melo al timón de la nave la seguridad y la buena conversa estaban garantizadas. La cocha se encuentra en un claro de un bosque de propiedad de la comunidad nativa de Infierno al que se llega después de una linda caminata de más o menos cuarenta minutos.

Una vez en el lago nos subimos a un catamarán que nos fue introduciendo, de a poquitos, en el reino de los caimanes negros y los lobos de río. Antes habíamos visto de todo: shanshos, garzas, patos agujas, cormoranes, martines pescadores. Hicimos un alto en un lugar apropiado, aprovechando que el sol iba perdiendo impulso, para pescar pirañas, los peces que tanto asombran a los citadinos. El deporte y el momento son perfecto: se pesca una piraña, se le toma una foto y de vuelta al agua. Gozadera total.

Cora, que es una reina, nos sorprendió con sus dotes ocultos hasta entonces de tremenda pescadora. En mi biblioteca personal tengo fotos y videos para confirmarlo.

Y Javier de atisbador de caimanes. Pasu, vimos uno, no tan lejos, que parecía un Titanic. O un submarino esperando la oportunidad precisa para sumergirse para siempre en las profundidades de la cocha. Nuestro guía nos dijo que posiblemente el gigante sobrepasaba los tres metros. De locos…

Regresamos dichosos de felicidad, la cacería de especies de flora y fauna que no conocíamos había sido estupenda. El lago Tres Chimbadas, auténtico y salvaje, es uno de los lugares que no se pueden dejar de conocer en el Tambopata.

Atardecer en el Lago Tres Chimbadas. Un sueño.

En las orillas del Tambopata

El Baawaja de los ese ejas es un río de tránsito calmo, en apariencia, que hay que navegar con cuidado. Nosotros lo hicimos de día y también en las noches, con exagerada atención, cuidando de no  interrumpir el ritmo de la vida natural: vimos nuevamente caimanes, chotacabras y miríadas de insectos. Antes de subirnos a la embarcación que nos introdujo en la Amazonía nocturna habíamos espectado, desde el mirador sobre un barranco de arcilla, frente al Inotawa lodge, un sunset inolvidable.

Sobre las castañas, los tornillos, las shiringas, los colosos arbóreos de esta parte del Tambopata, y  sobre la superficie del río color chocolate que desciende desde las montañas de la selva puneña para morir en el poderoso Madre de Dios, el Amarumayo de los Incas, el sol era una bola escarlata capaz de iluminar el mundo entero.

Esa misma noche, al volver al albergue, prolongamos la tertulia en el muy bien surtido bar del Inotawa.

En tratar bien a sus visitantes, que llegan desde todos los rincones del planeta, Ramón es un hit. Sus historias de baquiano en medio de la selva son espectaculares. También los videos que registran el movimiento de felinos y otros mamíferos, captados por las cámaras trampas que ha ido colocando a lo largo de su propiedad.

Atención esmerada, buena mesa.

Dejo para el final el día de playa y fulbito que pasamos en Inotawa Beach antes de regresar a la aburrida civilización. Fabuloso. En agosto, cuando el Tambopata alcanza su caudal más bajo, las orillas del río-mundo mutan en interminables playas de arena finísima que invitan al descanso, el juego o la contemplación. Como en Copabana, Ipanema y Leblon, Willie Colón & Ruben Blades, dixit.

Mi hijo se convirtió en Messi por un momento y el partido entre los trabajadores del albergue y los turistas de paso por Perú se definió a favor de la blanquirroja. Cora se perdió en el firmamento conduciendo con firmeza uno de los kayaks del albergue. Yo, viajero impenitente y a veces escurridizo para los baños de afecto familiar, no dejé de suspirar frente al espectáculo de la naturaleza en su máxima expresión. El mundo pareció detenerse por nosotros durante el tiempo que duró nuestra dicha.

Al final, al despedirnos de Ramón y su tropa, juramos volver pronto.

Melo lo sabe.

Con Melo, botero y hombre orquesta en Inotawa Amazon Lodge. Un héroe sin capa.

Inotawa forever

Los Delucchi, Ramón y su madre, Cristina, han logrado que el Estado peruano reconozca los dos predios que adquirieron al mudarse a Madre de Dios como Áreas de Conservación Privada. Otro paso adelante en la zaga familiar.

Justo premio a sus esfuerzos y desvelos por salvar de la destrucción tanto paraíso.

Como lo saben todos en Puerto Maldonado parte de las utilidades que genera el albergue es invertido en los proyectos de conservación que vienen ejecutando desde que cruzaron su Rubicón particular, entre otras cosas en reforestación, investigación micótica, conservación de fauna, vigilancia ambiental, rescate de animales en malas condiciones, reintroducción de taricayas, apoyo a las comunidades locales, en especial a la a Asociación de Moradores de La Torre para el Uso Sostenible y Ecoturismo del Tambopata (AMTUSET) y muchísimo más…

Un sueño, el del hombre-oso de Barranco, hecho realidad.

Pura vida.

 

 

 

Crianza y liberación de taricayas.

Ficha técnica:
Inotawa Expedition Amazon Lodge
Río Tambopata, s/n, sector La Torre
Madre de Dios, Perú

Telf:
(082) 572511
https://inotawa.wordpress.com

Inotawa Amazon Lodge  cuenta con 16 habitaciones privadas todas con baño privado, un amplio comedor, el Pukakuro bar, salas con hamacas, 9 km de redes de trochas. Los tours que ofrece incluyen traslados, hospedaje, tres comidas diarias y acceso al servicio de cafetería; guía profesional autorizado por la Reserva Nacional Tambopata. Los tours están diseñados con opciones para todos los gustos, desde programas de observación de flora y fauna en la zona de amortiguamiento de la RNT y el área de conservación privada que gestionan, con collpas de guacamayos, visita a los lagos Tres Chimbadas, Cocococha y La Torre, lugares ideales para los observadores de aves. Incluyen también programas familiares con actividades para niños como captura de huellas en cera, artesanía, plantación de un arbolito. Pesca deportiva, programas de aventura que incluyen bicicleta, tree climbing, balsa , kayac. El turismo vivencial incluye programas con visitas a la casa de los vecinos de la comunidad La Torre y el lago Valencia donde se puede apreciar su forma de vida y costumbres.

Avistamiento de aves y fauna local. Ciencia ciudadana al alcance de todos.
Cabañas perfectamente habilitadas. Comodidad plena.
Al Inotawa desde el cielo, pura vida.
Suite. Placer y descanso garantizados.
Playas para todos…
Evidencias de la buena mano de Cora la pescadora…
Con Ramón y otra comitiva. Soy caserito de su reino.
Dormitorio triple simple.
Pukakuro Bar, un buen trago y buena compañía, siempre.
Vida silvestre en la collpa La Torre. Foto Cora Tola.
Inotawa sigue dando la hora. Este año fue reconocida como una de las empresas que más ha apoyado el trabajo de la Reserva Nacional Tambopata.
Con Javier Reaño en cocha Tres Chimbadas, días felices.