Wayqecha Lodge / Kosñipata

¿Recuerdan los textos escolares de Javier Pulgar Vidal, el ilustre geógrafo que acabó con la anticuada división del Perú en tres regiones naturales: costa, sierra y selva? ¿Lo recuerdan?, gracias a él los peruanos entendimos por fin que nuestro país era un mosaico de pisos altitudinales en los que el relieve, la altura, el clima y la vida natural presentaban características diferenciadas y a veces únicas.

Eso se siente en los bosques nublados de Kosñipata, en la provincia del Cusco, en la ruta entre Acjanaco y Pilcopata, uno de los recorridos más alucinantes –por intensos y bellos- que conectan las cumbres de los Andes peruanos con el llano amazónico. Una gradiente altitudinal, como dicen los entendidos, que en solo tres o cuatro horas de viaje en autobús permite descender desde los 3800 msnm, en Tres Cruces, Parque Nacional del Manu, hasta Pilcopata, sobre los 800 msnm, allí donde nace y se hace fuerte el río Madre de Dios.

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Acabo de estar allí, gozando como un niño del espectáculo de las aves multicolores, los leks o apostaderos de Gallitos de las rocas (Rupicola peruaviana), las cataratas que caen desde lo alto y el bosque –fantasmal y único- sumergido entre las nubes que van llegando desde el Atlántico para transformar los pajonales, las queuñas y el ichu en una fiesta –literal- de la naturaleza.

Dichosos los seres humanos que tienen la suerte de pasar unos días en la Estación Biológica de Wayqecha, 2950 msnm, allí donde nace el bosque de nubes que se prolonga hasta el valle del río San Pedro y los fértiles tierras de Chontachaca y Patria, un gabinete científico que brinda refugio a científicos de todo el mundo interesados en entender las modificaciones que el cambio climático viene produciendo en las yungas orientales del país,  un ecosistema singular, poblado por epífitas –musgos, helechos, bromelias- que han colonizado los árboles y roqueríos por dónde se desplazan venados, pumas y osos de anteojos.

Y también amantes de la naturaleza, de las aves, las orquídeas, los paisajes inauditos, la vida silvestre en su máxima expresión…

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Wayqecha, explosión de vida

En la Estación Biológica de Wayqecha, ahora escucho con atención a John Achicalahua, biólogo, cusqueño, administrador del eco-albergue que estableció Conservación Amazónica-ACCA en el año 2006 sobre un área aproximada de 600 hectáreas, justamente en una zona de transición entre los pajonales de altura y las yungas orientales, se llevan registradas hasta la fecha 315 especies de aves, 36 especies de mamíferos, 15 de anfibios, 4 de reptiles y 136 especies de anfibios.

“La carretera que desciende dando mil vueltas, prosigue, es también una ruta de aves: todos los días llegan birdwatchers de todo el mundo para avistar las especies más representativas de esta zona que se encuentra entre los 2300 y 3500 msnm”. Lo comprobamos, Jonathan y Silvia, dos turistas sudafricanos viajando por nuestro continente en su potente camioneta Land Rover se encontraron en las puertas de la estación con Allan, un inglés aficionado a las aves que recorre el planeta en su bicicleta registrando emplumados y hablando más de la cuenta del poderoso Manchester City.

Los tres no pararon de celebrar la oportunidad de empezar su descenso por los bosques encantados de Kosñipata desde los jardines, por llamar de algún modo a las asociaciones arbustivas de Wayqecha, donde se pueden observar, una a una, las 296 especies de orquídeas que viven en estas laderas no hace mucho sometidas a la tala indiscriminada y la quema constante, dos prácticas bastante extendidas, lamentablemente, en estos parajes tan frágiles.

La llamada de un pututo interrumpe nuestra conversación, es hora de ir al comedor de la estación para almorzar con los investigadores que van llegando del campo.

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Tres estudiantes de una universidad de Londres, una de ellas natural de Singapur y dos estudiantes peruanos, la jovencita de la Universidad Nacional Agraria de La Molina y el muchacho de la combativa Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco, ambos realizando un estudio sobre las aves del pajonal, se reúnen en la mesa para hablar de lo que más les gusta y es el objeto de sus investigaciones: la relación entre las especies y el bosque en estos tiempos de cambios en la temperatura global y nuevas condiciones de vida.

En la estación biológica las habitaciones de los investigadores se encuentran en un ambiente separado, muy cómodo, de fácil acceso al laboratorio, el salón multipropósito que sirve de sala de conferencias y a las trochas –una maraña de rutas muy bien señalizadas que se extienden por 25 kilómetros- que conducen a los campos de investigación. John me lleva una de las mañanas de mi cómoda estancia en Wayqecha a recorrer una trocha entre árboles colmados de epifitas que nos condujo al canopy  o puente aéreo que se levanta sobre una quebrada que hace de la aventura que he venido a vivir una deliciosa y atrevida experiencia.

Desde lo alto del canopy, uno de los más seguros y potentes que se han construido en las yungas sudamericanas, se puede ver a los lejos el llano amazónico y el tropel de las nubes que se desplazan hacia los andes para regar sus laderas y sembrar de vida este paraíso.

Ciencia pura y turismo

Los directivos y técnicos de ACCA han decidido abrir sus instalaciones al turismo especializado con la intención de sostener económicamente la iniciativa y sentar las bases de una relación armoniosa que enlace dos conceptos que no deben ser antagónicos: ciencia y turismo. Para ello han construido en un sector contiguo al pabellón de los investigadores un manojo de cabañitas suspendidas en el aire, como lo ha anotado Walter Wust en el libro de visitas, que permiten al que llegó sentirse parte de este bosque tan lleno de vida

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“En las noches, prosigue John Achicalagua, turistas e investigadores se vuelven a encontrar para contarse lo que vieron e hicieron a lo largo de la jornada”. Es entonces cuando la tertulia se hace infinita y los aprendizajes terminan de sellar amistades que van a perdurar en el tiempo.

Aprendí en Wayqecha que el tiempo se convierte de verdad en oro cuando uno lo utiliza para contemplar lo que nuestro planeta tiene y hay que cuidar. Aprendí también, no lo sabía, que los árboles, el bosque de estas yungas increíbles, se están moviendo cada año, colonizando espacios impensados en las zonas más altas, huyendo de los cambios de temperatura y adaptándose a los nuevos tiempos. Y con ellos, se están moviendo también los tripulantes de un Arca de Noé habitada por criaturas de todo tipo que creció y sobrevivió en estas montañas donde el agua se ha convertido en vida.

Vida para nosotros y para los que vienen.

Buen viaje…

Wayqecha Lodge
Km 39 carretera Paucartambo-Pilcopata
+51
82 611682
reservas@amazonjourneys.pe

Jirón Moquegua 514
Puerto Maldonado

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