[VIAJES] Alturas de Churín: un paseo por la sierra de Lima

Pável Cartagena, enviado especial al Fundo Ayarpongo, Churín. Fotos: Walter Silvera

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Les dejo la primera parte de una extensa crónica de Pável Cartagena sobre la sierra de Lima, uno de los paisajes más extraordinarios de los Andes centrales de nuestro país. En el distrito de Pachangara, Churín, se viene armando una novedosa propuesta de turismo rural que tiene a los propios comuneros como protagonistas y a la empresa minera Los Quenuales como puntal de desarrollo.

El distrito de Pachangara está ubicado en Oyón, provincia limeña que cuenta con ocho centros poblados: Churín, Ayarpongo, San Pedro de Palpas, Curay, Ataucur, Acayin, Huancawasi y San Francisco de Huacho sin Pescado, el otro Huacho, el de las alturas, que lleva su nombre en honor al huacho costero de Huaura, donde se selló la independencia del Perú, y en añoranza a su abundante recurso pesquero.

La Bienvenida

Llegamos a Pachangara, un pueblo entrañable de Lima la hermosa, la andina y auténtica, la desconocida y mística. El viaje a este centro poblado enclavado en las montañas es de lo más grato, con paisajes memorables de vallecitos interandinos y tierras de cultivo en perfecto equilibrio.

A nuestra llegada, ante tantas miradas puras y sorprendidas, de pronto el viento rompe el silencio, nos acerca a los susurros de un pueblo centenario, de sus niños, de sus hombres de campo, de sus mujeres tejedoras y de sus sabios abuelos. Una vez más, el viento despliega su magia y disipa en segundos la más densa niebla, pincelando así una armónica confluencia entre arquitecturas humana y divina. Adobe, quincha y maderos componen humildes casitas, dispuestas en calles zigzagueantes, estrechas y ascendentes, como en reverencia íntima a las imponentes montañas circundantes, los Apus Qunyarasin y Pucará, protagonistas del paisaje y la veneración que motiva esta historia. Hemos venido hasta aquí para celebrar.

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Taita Alcalde o Cumunhuay: la fiesta

La fiesta se inicia a las doce en punto de la última noche de cada año en casa del Taita Alcalde, máxima autoridad espiritual de la comunidad, elegida durante la Fiesta Patronal del Inca y Palla. Junto a él están el Taita Regidor, el Taita Principal, el Administrador (encargado de la vigilancia y correcto desarrollo de la tradición), el Alguacil (joven y obediente a las órdenes de los Taitas), y el Patrón (hombre que recibe el poder de los Apus).

Culminado el protocolo de bienvenida, dejamos de ser extraños y las autoridades espirituales nos conducen a su salón comunal, donde nos convidan a masticar hoja de coca seca (chacchapada), fumar tabaco nacional y beber aguardiente de caña anisada, denominada localmente “caldo de gallina, tumba chola o cañazo”, el mismo que consideran “alimento” que revitaliza y otorga calor durante las largas jornadas de pastoreo y cultivo en las frías alturas de sus campos.

Fusionados espiritualmente con el sentimiento colectivo, nos introducimos en el ritual de la fiesta gracias a Asunción, guía espiritual natural y honorable embajador costumbrista desde nuestro arribo. Asunción nos recalca la importancia del estricto cumplimiento de los actos durante la fiesta, para conocer de cerca lo que a la tierra (Pacha Mama) le agrada, lo que ella espera de nosotros para brindarnos aquello que de ella esperamos: su gracia y abundancia, tanto de lluvia como de alimento.

Luego, el pueblo entero se dirige hacia el caudaloso río Pachangara, donde el Taita Alcalde junto con su sequito de colaboradores, reciben una purificación extrema al ser sumergidos desnudos en las frías aguas de su sagrado río. El estado casi catatónico de todos, es inmediatamente combatido con un castigador azote corporal con ramas urticantes de ishanka u ortiga fresca, a fin de escapar de la cercana muerte por enfriamiento.

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Probado el valor de los hombres, ellos deben comprobarlo con aullidos dirigidos a los Apus Qunyarasin y Pucará, hasta oír su contestación – el eco- en señal de aprobación del poder otorgado. Este es el momento en que los líderes elegidos pasan a ser hijos de los Apus y gozan de su benevolencia.

Repuestos, ya al amanecer, todos retornan felicitándose por el año que comienza, una vez allí, el nuevo Taita Alcalde recibe el cargo del cesante, quien entrega de la Vara Varilla, una vara de madera Chonta muy dura y resistente, adornada con alhajas de plata y flores nativas de huamanmuña, romero y clavel, en símbolo de lealtad, disciplina, orden y don de mando.

El momento cumbre es celebrado en seguida por el pueblo entero y todos los visitantes, quienes son convidados a degustar chicha de maíz, aguardiente e infusiones alcohólicas calientes como aperitivos, seguidos de una deliciosa sopa de Mondongo (Mondongueada) o la deliciosa sopa Pari (Pariscada), en base a papa seca, carne de cuy, gallina, charqui de llama y una piedra canto rodado proveniente del río Pachangara en estado candente, la misma que es introducida en el plato servido, haciendo que la sopa hierva mientras es ingerida sin enfriarse.

Cabe advertir que, tanto el rechazo a tales invitaciones como las faltas contra de la moral y las buenas costumbres o el incumplimiento de las ordenes de la rigurosa mesa de honor, son causales directas de un castigo público y nada simbólico, a manera de tres tangibles azotes en la retaguardia del faltoso al son de la música del violín y las arpas. Eso sí, el triple cosquilleo doloroso producido en las nalgas, es aliviado de manera inmediata con la obligada bebida de un popular analgésico local, la chicha caliente de maíz en ingeniosa combinación con aguardiente de caña.

Durante el jolgorio, el Taita Alcalde evalúa a todos los comuneros jóvenes y designa a dos de ellos como hijos de los Apus Qunyarasin y Pucará, los Kamachiquy que emprenderán la travesía hacia los Apus al amanecer del segundo día del nuevo año, llevando las ofrendas voluntarias de todos los pueblos de la provincia de Oyon, consistentes en productos alimenticios obtenidos gracias a las bondades de la tierra.

Al alba, los Kamachikuy reciben la vestimenta propia de la ocasión, con ayuda de las mujeres tejedoras encargadas de su acicalamiento, son cubiertos con abrigadoras prendas de fibra de alpaca de pies a cabeza, luego son coronados con particulares sombreros negros de forma cónica, que emula el perfil de los Apus venerados, los sombreros y sus varas ceremoniales (Vara Varilla), son adornados con bellas flores nativas y cuentas multicolores, portando todas las ofrendas alimentarias y frutales de los pueblos aledaños, conducen sus llamas cargadas hacia las faldas de ambos Apus parten juntos con su respectiva llama cargada de los productos y potajes deliciosos ofrecidos. La dura travesía es seguida por cientos de peregrinos, jubilosos niños y jóvenes del pueblo los acompañan en cierto tramo, luego del cual se separan y a partir de ahí, cada uno emprende su camino en solitario, dejando las ofrendas en el camino que va desde las faldas de los Apus hasta donde alcancen sus fuerzas y las provisiones. Al retorno, la caravana es recibida en ovación popular cargada de algarabía y buenos augurios para el año por venir.

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¿Cómo llegar?
La ciudad de Churín se encuentra ubicada en la provincia de Oyon, a 217 km al noreste de Lima y a seis horas aproximadamente desde Lima en transporte público y cuatro horas en movilidad privada. A continuación se detalla las dos vías para llegar a Churín:

VÍA RÍO SECO:
A la altura del kilómetro 103 de la Panamericana Norte tomas el desvío hacia el este o desvío Río Seco, donde hay un camino asfaltado y otra parte de camino afirmado hasta llegar, finalmente, a Churín.

VÍA HUAURA:
A la altura del kilómetro 154 de la Panamericana Norte, en Huaura, tomas el desvío hacia el este o desvío a Sayán. También puedes ir por la autopista que va desde Huacho hasta Paramonga para luego tomar el desvío a Sayán, hasta donde se llega por un camino asfaltado de 45 km. Desde Sayán hasta Churín nos separan escasos 56 kilómetros de camino afirmado. El recorrido total por esta vía desde Lima es de 255 km.

¿Dónde alojarse?
Fundo Ayarpongo
www.hotelayarpongo.com
Entrada Carretera Pachangar (a tres minutos del centro de Churín)

El Fundo Hotel Ayarpongo es de propiedad de la comunidad campesina de Pachangara y se construyó gracias al apoyo de la compañía minera Los Quenuales. En sus cómodas instalaciones de puede  disfrutar de la naturaleza  en familia, con amigos o en pareja.

El Hotel ofrece paquetes turísticos vivenciales, que incluyen la visita a los bellos baños termales de Mama Warmi ubicados en un entorno natural paradisíaco rodeado de cuevas, manantiales y chorros de aguas medicinales con diferentes propiedades curativas, Existen en Churín, el conocido balneario medicinal, una gran variedad de servicios para todos los gustos y bolsillos.

El Hotel Ayarpongo ofrece además visitas guiada al centro poblado de Pachangara para conocer de cerca a su gente entrañable, las milenarias técnicas textiles de sus mujeres tejedoras, los productos coloridos y su arquitectura urbana adorable, incluida su bella iglesia colonial.

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Pável Cartagena es consultor en temas ambientales y ecoturismo. Desde hace varios años vive en Puerto Maldonado, Madre de Dios donde representa al Grupo Viajeros. Pável es un viajero experimentado que se mueve como pez en el agua en costa, sierra y selva. En esta comisión a la sierra limeña gozó como un muchacho de quince años. La foto lo delata…y tenemos más.