La Amazonía arde pero no todo está perdido. El desarrollo verde está echando raíces

Bruno Vander Velde / CI

Mi opinión

No hay que negarlo, la magnitud de los incendios en la Amazonía nos ha dejado lelos, estupefactos, asustadísimos. Que se destruya indefectiblemente el bioma que provee el 20 por ciento del agua dulce del planeta no es una buena noticia, para nada, y enterarse de la gravedad del drama desesperanza a cualquiera.

Sin embargo, hay que guardar la calma para empezar a urdir las soluciones que se necesitan para enfrentar con éxito el problemón que estábamos negando. Y que seguramente seguirán obviando los exégetas del “aquí no pasa nada”.

Como lo comentó Marc Dourojeanni al recibir el premio Carlos Ponce del Prado 2018 “no podemos desanimarnos ante el tamaño monstruoso de los problemas aún no resueltos, lo que toca es enfrentarlos”. Eso es lo que tenemos que hacer.

Les dejo esta nota que me acaban de enviar los amigos de Conservación Internacional-Perú dando cuenta de algunos avances en la adecuada gestión del 40 por ciento de la Amazonía que resguardamos los demás países de la cuenca, uno de ellos, el nuestro.

Esta semana, el humo de los incendios en el Amazonas oscureció los cielos de Sao Paulo, Brasil; de pronto, el bosque tropical más grande del mundo se encontró en medio de una crisis ecológica y cada vez más política.

El presidente brasileño Jair Bolsanaro, sugirió el martes sin pruebas, que los incendios fueron provocados por organizaciones sin fines de lucro para hacerlo quedar mal. Bajo la administración de Bolsonaro, la deforestación se ha disparado en la Amazonía brasileña, que ahora enfrenta una amenaza existencial y humana a su propia existencia.

Esto es lo que necesita saber, y por qué hay razones para tener esperanza.

1. El Amazonas corre el riesgo de alcanzar un devastador “punto de inflexión”.  

Los científicos dicen que la deforestación en la Amazonia está empujando a la región a un punto de inflexión en el que el bosque se convertirá gradualmente en sabana seca, situación que las personas no podrán revertir. Una vez suficientemente degradado, el bosque perderá su capacidad de generar sus propias precipitaciones, impidiendo así que el ecosistema del bosque lluvioso pueda existir en absoluto. En lugar de bosques frondosos repletos de vida silvestre, la Amazonia sería una extensión desolada de matorrales. 

¿Suena aterrador? Lo es. Afortunadamente, acciones en otras partes de la cuenca amazónica – el 40 por ciento se encuentra fuera de Brasil- ofrecen razones para la esperanza.  

© Luana Luna

 2. Un país lidera el grupo 

Después de salir de décadas de disturbios, Colombia ha hecho de la protección de sus bosques una pieza central de los planes futuros del país.

En los últimos años, Colombia ha establecido un impuesto al carbono y un mercado de compensación de carbono efectivo. Impone un impuesto a los contaminadores junto con un programa que les permite compensar sus emisiones de carbono mediante la compra de créditos para mantener los bosques tropicales en pie. 

“Sin depender de otras instituciones o países donantes, el impuesto al carbono de Colombia ya está generando fondos por valor de 250 millones de dólares”, dijo Sebastian Troëng, Vicepresidente Ejecutivo de Conservación Internacional. Esto es mayor que todo el mercado mundial de carbono voluntario en 2016 y ha dado lugar a una mayor demanda de conservación forestal de la que el mercado puede suministrar en la actualidad, a la vez que actúa como modelo para que otros países lo implementen en su sistema económico.

“Imagina lo que otros países como Indonesia y Sudáfrica podrían hacer”, dijo Troëng. “Esto cambia la dinámica y permite a los países ponerlo a prueba sin esperar de negociaciones globales o donantes”. 

Muchos de los fondos del impuesto al carbono se están canalizando directamente hacia actividades de conservación para preservar las áreas protegidas de Colombia, restaurar los bosques, resolver la erosión costera y más.  

Foto: INVEMAR-Fundación Natura

3. Las áreas protegidas están floreciendo 

Después de haber establecido el Parque Nacional Yaguas el año pasado, Perú está buscando formas innovadoras de financiar sus parques nacionales en asociación con las comunidades locales, los pueblos indígenas y la inversión pública y privada, incluida la venta de créditos de carbono.

Bolivia, por su parte, declaró recientemente el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi en un extenso rincón de la Amazonía. Esta área protege una variedad de bosques tropicales intactos, sabanas prístinas y más de 20 especies de vida silvestre amenazadas o en peligro de extinción. 

Si bien la mayoría de las áreas protegidas son creadas por los gobiernos nacionales, esta fue notable porque fue establecida a nivel municipal e impulsada por las comunidades locales. Conservación Internacional ayudó a asesorar al gobierno subnacional en la creación del área protegida. 

“El Área Protegida Bajo Madidi es una adición clave al sistema de áreas protegidas en Bolivia”, dijo Eduardo Forno, Director Nacional de Conservación Internacional-Bolivia. “Esta nueva área conecta 2,9 millones de hectáreas de tierras indígenas tituladas con más de 6 millones de hectáreas de las áreas protegidas más biodiversas del mundo”. 

Foto LUCIANO CANDISANI/ILCP

4. El desarrollo verde está echando raíces

Los países más pequeños de la región amazónica están tomando la iniciativa de hacer la transición de partes de sus economías a unas basadas en el desarrollo “verde”. 

Guyana tiene una de las últimas mayores extensiones intactas de bosque tropical húmedo que quedan en el mundo, que cubre alrededor del 85 por ciento del país. El gobierno se ha comprometido a pasar de una economía basada en la minería a otra basada en el desarrollo con bajas emisiones de carbono, principalmente a través de medios de vida alternativos a la minería de oro, la cual ha devastado partes de los bosques del país. Conservación Internacional contribuyó con 3,5 millones de dólares a un Fondo Fiduciario de Conservación en Guyana para ayudar a asegurar que estos bosques sigan protegidos. 

Surinam está trabajando incansablemente para proteger sus bosques. Para ayudar a proteger la Reserva Natural de Surinam Central -declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO- de la tala y la minería ilegal, Conservación Internacional fue directamente a la fuente: las comunidades que viven en las afueras de la reserva. Bajo un acuerdo con el pueblo indígena Matawai, se estableció un área de conservación y una zona de amortiguamiento de 71 000 hectáreas adyacentes a la reserva. Este acuerdo busca conservar el bosque comunitario de Matawai y al mismo tiempo permitir a los residentes locales generar ingresos a partir del bosque de una manera que mantenga intactos sus bosques y medios de vida tradicionales.

Mientras tanto, Ecuador – probablemente la región que alberga la mayor biodiversidad de toda la selva amazónica y que durante mucho tiempo ha estado a la vanguardia de los incentivos financieros para la conservación de los bosques, ahora está cosechando los beneficios. El mes pasado, el país recibió casi 20 millones de dólares del Fondo Verde para el Clima por haber reducido a la mitad su tasa de deforestación en las últimas dos décadas.

Foto Pete Oxford/ILCP

5. Está bien sentir desesperación. No está bien rendirse. 

“Los pesimistas nunca consiguen hacer nada”, dijo el Director Ejecutivo de Conservación Internacional, M. Sanjayan, en una amplia entrevista con la cadena de televisión C-SPAN. Es natural estar desanimado por los titulares, dijo a los espectadores: “Todos somos parte del problema, pero también podemos ser parte de la solución.”

Foto Luana Luna