Ámsterdam, la ciudad de las bicicletas

Daniel Gómez para El Tiempo

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Estuve en Bogotá y gocé como un niño en día de fiesta el espectáculo de las calles principales convertidas en ciclovías, en lugares para el encuentro de la gente y el pedaleo así porque sí, porque nos da la gana y punto. Qué bacán y qué lejos estamos los limeños de ese ideal ciudadano. Aquí la señora Villarán, ex alcaldesa de Lima, lo intentó los domingos en la avenida Arequipa y ¡zuas! le cayó el coscorrón, taxistas, choferes de toda laya, hasta los “conductores” Orión hicieron berrinche.

No sé si la medida ha proseguido, me encantaría que me lo comenten; en todo caso, el ejemplo de la Villarán en Lima fue replicado en algunas ciudades del interior como Huaraz, cuyas autoridades se atrevieron a transformar la céntrica avenida Luzuriaga en espacio público para niños y adultos en bicicleta. O en patines, no importa.

Tenemos que dar la lucha por una ciudad mejor, más saludable, donde las bicicletas se conviertan en el medio de transporte principal para ir a la escuela, la universidad o la chamba. Los beneficios de masificar su uso para la salud y la economía, eso ya lo han dicho otros, son múltiples y necesarios en tiempos como estos. Nos falta dar la batalla ciudadana que haga posible visibilizarlas bondades/ventajas del extraordinario vehículo y ganar espacios y políticas públicas para su uso. Miren sino el ejemplo de Ámsterdam, una ciudad que tiene una bicicleta por cada uno de sus habitantes y que le ha puesto adecuado stop a los automóviles y todas sus desgracias.

La primera vez que Douwe Truijens, cantante de la banda holandesa de rock Death Alley, se montó en una bicicleta tenía 3 años. Siempre se iba en bicicleta al parque y a los 6 años la usaba para ir al colegio. Desde entonces ha sido su medio de transporte.

No pasa más de cuatro días sin ella, pues siente que pierde libertad y que el trasporte publico dicta su tiempo. Esta es la historia de la mayoría en Ámsterdam, capital holandesa y de las ‘ciclas’.

En esta ciudad viven 811.000 personas y hay 881.000 bicicletas que se ven por cualquier rincón. La bicicleta impone la movilidad urbana y es usada por más del 60 por ciento de los ciudadanos.

Décadas antes de que los carros se usaran masivamente, los holandeses ya la habían popularizado. En los años 20, el 80 por ciento de los viajes se hacían en ‘cicla’, pero en los 50 y 60 el uso de los carros se disparó. Se creyó que el tiempo de pedalear había acabado.

El auge de los carros era mundial. El problema surgió cuando no solo aumentaban los carros, sino también las muertes por accidentes de tráfico. En 1971, 3.000 holandeses murieron por choques, de los cuales 450 eran niños. Esto generó una respuesta de las madres, quienes reclamaron las calles para la gente.

En 1973, varios grupos formaron el movimiento ‘Stop de Kindermoord’ (Paren el asesinato de niños). Con protestas en las calles, pedían a los gobernantes que organizaran el espacio público para que los niños pudieran salir a jugar lejos de los carros y rodeados de bicicletas.

Dos años después nació la Unión Holandesa de Ciclistas: salían en bicicleta a bloquear las vías y a pedir más espacio.

Martijn van Es, miembro de la Unión, cuenta que en los años 70 los holandeses lograron que el gobierno construyera ciclorrutas gracias a las marchas y bloqueos y que “40 años después, las marchas ya no son necesarias porque la gente y los gobernantes entienden que la ‘cicla’ es el mejor medio de transporte”.

La crisis que los salvó

En esa misma década se dio la crisis mundial del petróleo, por la guerra entre varios países árabes productores del hidrocarburo e Israel. Algunos Estados europeos, incluido Holanda, apoyaron a Israel y sufrieron el bloqueo de importaciones de petróleo, lo que cuadruplicó el precio del combustible. En diciembre de 1973, en una emisión televisiva, el primer ministro holandés, Den Uyl, les pidió a los holandeses que dependieran menos de la gasolina. La bicicleta fue fundamental.

Hoy, Holanda cuenta con el mayor número de ciclistas en el mundo. Ámsterdam, la capital, tiene más de 500 kilómetros de ciclorrutas y las muertes anuales por accidentes de tráfico se redujeron de 100 a 15 en los últimos 20 años. Cada año se invierten 15 millones de euros en infraestructura para el uso de bicicletas.

Según Robert Stomt- horst, de la Asociación de Tráfico de Holanda, la política es clara: “Crear espacio para el uso de las bicicletas y poner presión sobre los usuarios de carros”. Estar en Ámsterdam sin cicla es como andar descalzo.

Los niños de Ámsterdam aprenden las reglas básicas a los 7 años. De acuerdo con Stomthorst, más de 200.000 menores presentan un examen anual de normas de tráfico y seguridad. Más del 90 por ciento de los mayores de 10 años pedalean para ir al colegio.

Douwe anota que la cultura de la bicicleta en Holanda nació a partir de la gente y sus hábitos. “La bicicleta te da un balance entre moverte libremente, mantener el aire limpio y además navegar en el ambiente y en tus propios pensamientos”. Dice que ha compuesto la mayoría de sus canciones pedaleando en Ámsterdam.

El éxito de la ‘cicla’ ya enfrenta problemas: las ciclorrutas ya son demasiado angostas para el número de ciclistas y hay déficit de parqueaderos. Al año, 25.000 bicicletas caen en los canales de Ámsterdam por falta de espacio.

Sin embargo, de acuerdo con la Oficina de Espacio Público de Ámsterdam, su uso permite el ahorro de 40 millones de euros cada año, ya que evita inversión en infraestructura para carros y transporte público. Invertirán lo ahorrado en construir 38.000 parqueaderos de bicis para el 2020.

Para Douwe, “entre más ciclistas mejor. Significa menos carros, menos tráfico y más movilidad. No se pagan impuestos y se puede parquear casi en cualquier lugar. Simplemente mejora la calidad de vida”.