Antonio Brack, la fascinación por el optimismo

Por Guillermo Reaño

nota2.2015

Me apena que la muerte del amauta Antonio Brack Egg haya pasado tan desapercibida, tan a media voz, tan caleta. Me apena que los fuegos de artificio de fin de año y la turbulencia de la política internacional hayan acaparado toda nuestra atención y la partida de esta figura señera del conservacionismo y la peruanidad no haya sido del todo mensurada.

Antonio Brack Egg fue un visionario, un terco defensor de la riqueza natural y cultural del país, un hombre que quiso como pocos esta tierra de promesas y de tantas posibilidades. Como Raimondi y los ilustrados del Mercurio Peruano supo elevarse sobre las mezquindades de su tiempo para hablarnos de un futuro posible y alentar el esfuerzo que supone construir una sociedad sostenida sobre los cimientos de otros paradigmas. Maestro, conversador nato, polemista, dicharachero, terco defensor de ideas propias, Antonio ha sido para los miembros de varias generaciones un referente, una luz en medio de las tinieblas y las trifulcas intestinas.

En el 2001 lo entrevisté para la revista Rumbos cuando su campo de acción tenía otros límites y su figura aún no alcanzaba los ribetes que llegó a tener cuando asumió la cartera del novísimo Ministerio del Ambiente y la opinión pública se afanó en reconocerlo como el conductor de un programa de televisión, La Buena Tierra, que hablaba de un país posible, de un mundo mejor. Lo busqué en la oficina del PNUD, en Miraflores, donde laboraba como consultor y durante un par de horas tuve el privilegio de escucharlo y seguir aprendiendo de su espontáneo y clarísimo magisterio.

Salí de su despacho de la avenida Benavides con un libro autografiado bajo el brazo –que tuvo la bondad de regalarme y conservo como el mejor de los tesoros- y muchas confirmaciones. En estos día de recordaciones y penas compartidas con los suyos, he tratado de leer los hasta pronto de sus discípulos y compañeros de ruta y me he emocionado al máximo con las evocaciones de Marc Dourojeanni, cómplice de cuitas de quien ya había leído magníficos testimonios de la amistad que tuvo con el hijo predilecto de Villa Rica en su Crónica Forestal del Perú, un libro que recomiendo a todos los que quieren saber más de los años aurorales del parquismo peruano y todo lo que ha costado estar donde estamos como movimiento.

Todo mi cariño al maestro tesonero, al hombre que vivió entre “pájaros y árboles” enamorado de una tierra espléndida y un futuro mejor para sus hijos…

Les dejó el reportaje sobre el Antonio Brack Egg que tuve la suerte de conocer.

“Nací hace sesenta años en Villa Rica, en la selva central del Perú. Por línea materna, desciendo de los primeros colonos alemanes que llegaron al Pozuzo en 1856 traídos por Ramón Castilla para impulsar el desarrollo de la recién fundada República. Mi padre también aportó lo suyo: llegó de Europa en 1930 para dedicarse a la agricultura en estos valles arrebatados a la naturaleza y aquí desposó a mi madre para construir una familia poblada por ocho niños… Asistí a una escuela unidocente en mi pueblo donde cada fila constituía un grado y el profesor hacía de todo. A los once años, por primera vez, me vi obligado a ponerme zapatos…”

Antonio Brack Egg tiene el pelo blanco y la mirada brillante. Ha viajado mucho y estudiado demasiado el Perú y sus recursos. Fuma con pausa y habla sin parar, nada lo detiene en su ímpetu por resumir en pocas palabras los rasgos más resaltantes de una vida azarosa y cargada de emociones. Profesor secundario graduado en una normal salesiana y colaborador ocasional de la revista Biota, célebre publicación que animaba desde Lima uno de sus maestros escolares, Antonio no oculta en su dejo engolado las filiaciones de su sangre y su terruño: es un típico gringo de la selva, de esos que de vez en cuando se dejan ver en las postales del Pozuzo.

“Me acuerdo que en casa no había ni luz ni nada; nos iluminábamos con una lámpara artesanal hecha sobre los despojos metálicos de una conserva de portola repleta de manteca de chancho o cebo de vaca. Esa era nuestra iluminación, pero entre tanta privación éramos felices y progresábamos…”

“Un día quise poner mis cuadernos dentro de mi carpeta y mis dedos de niño de seis o siete años tropezaron con las filudas púas de un puerco espín; se armó el alboroto en la escuela y en mi mente: ese debió ser el primer llamado de la selva, la primera evidencia de la riqueza del Perú”.

Si para Raimondi el encuentro con un cactus peruano en un invernadero europeo marcó para siempre su destino, para Antonio Brack El Perú, la obra cumbre del sabio italiano, debió orientar sus devaneos de estudiante inquieto. Afirma haber leído con fruición –a veces entendiendo poco- las páginas de este trabajo monumental y haberse detenido en una frase concluyente del viajero: “Jóvenes peruanos, dad tregua a la política y dedicaos a estudiar vuestro país y los inmensos recursos que contiene”. Esa invocación lo conmovió como ninguna otra y lo orientó definitivamente en sus estudios e investigaciones.

“En 1966 –ya graduado de profesor secundario- me fui a Italia a estudiar filosofía en una universidad romana y dos años después me trasladé a Alemania para seguir un doctorado en ciencias. En mis ratos de descanso elaboré el primer catálogo sobre las aves del Perú que se publicó en trece separatas en una revista científica peruana. Logré reseñar 1542 especies; hoy la lista incluye a 1745, pero en la época de Tschudi, en 1840, apenas se había identificado 365. Así avanza la ciencia…”

Culminado su periplo europeo, Brack retorna al Perú dejando atrás interesantes propuestas de trabajo en universidades y centros de investigación alemanes. Pero la patria es ingrata con sus mejores hijos y cuanta puerta tocó el joven científico se mantuvo cerrada a sus necesidades laborales. Agotado por tantas insistencias fallidas decide marchar hacia el hogar paterno para despedirse de sus seres queridos antes de liar bártulos y partir nuevamente a Europa; sin embargo, la suerte estuvo de su lado –o del nuestro, sencillamente- cuando en la salita de su estancia en Villa Rica se topa con un artículo muy interesante de otro científico como él: Marc Dourojeanni. Lo buscó en Lima y enseguida encontró el empleo deseado en la Dirección de Fauna Silvestre del Ministerio de Agricultura.

“Fue un tiempo muy interesante, bueno. Mi primera experiencia de trabajo en el Perú fue en Pampa Galeras donde se venía trabajando sensatamente la conservación de la vicuña. Luego Dourojeanni me comisiona a levantar los límites de las distintas áreas protegidas. En una camioneta Chevrolet grandaza y un chofer cañetano de los bravos recorrí prácticamente todo el país con tal fin. Yo me encargué de hacer los límites del Parque Nacional Cerros de Amotape, del Coto de Caza de El Angolo, del Coto de Caza de Suchubamba en el Alto Chicama, de la Reserva Nacional de Junín, del Santuario Histórico de Chacamarca, del Santuario Histórico Bosque de Piedras de Huayllay, de la Reserva Nacional de Paracas, de la Reserva Nacional de Lachay, del Parque Nacional del Huascarán, de la Reserva Nacional de Salinas y Aguada Blanca y tantas otras más…”

Toda esta experiencia le sirvió para ser nombrado director del Proyecto Especial de Utilización Racional de la Vicuña, en ese entonces, finales de los años sesenta, el más importante programa de conservación en nuestro país,  pero también el más polémico y riesgoso por las implicancias que tenía. Eran tiempos en que la conservación era apenas una bonita palabra y los intereses creados tantos como camélidos empezaban a poblar las soledades de Pampa Galeras, en Ayacucho. Pero Brack Egg no sabía de vacilaciones y sus convencimientos eran mayores que sus dudas; finalmente había aprendido de sus ancestros tiroleses que las dificultades hacen más fecundas las lágrimas y forjan el destino de los hombres.

“Cuando llegué nuevamente a Pampa Galeras me encontré con un problema tremendo. La prolongada sequía había convertido los pastizales en un impresionante desierto donde las vicuñas empezaban a morir. En ese entonces había en la zona veinte mil vicuñas y cerca de treinta mil ejemplares de ganado diverso. Hicimos un censo gracias a la cooperación alemana y decidimos recomendar la reducción de trece mil individuos para preservar el ecosistema en general. Era evidentemente una solución difícil de tomar pero que se apoyaba en un sustento técnico claro.

Empezamos a transportar las casi tres mil vicuñas que al final movimos a diferentes áreas previamente calificadas como aptas: Tocsayco, en los linderos de la SAIS Túpac Amaru; Lachoc, en Huancavelica; Salinas y Aguada Blanca, en Arequipa; el Huascarán…No sé que fue lo que pasó finalmente pero me gané la enemistad de Felipe Benavides quien me llevó a los tribunales y litigó contra mi por años. Fueron momentos sumamente difíciles pero no me arredré ante los ataques. Las contrariedades no me deprimen, me siguen aguijoneando como la espuela al caballo…”

Tanta querella y discusión terminaron por hastiarlo; cruzó la cordillera atravesando las mismas punas que tango agobiaron su cuerpo la primera vez que se alejó de la calidez de Villa Rica para radicar en el internado de Huancayo y luego el colegio Salesiano de Lima. Se puso al frente del proyecto Pichis Palcazú para algunos años después dedicarse al cultivo de orquídeas en una pequeña propiedad familiar. El científico se había vuelto a reconciliar con su trabajo y su tierra. En la radio local su voz era reconocida por los campesinos que por primera vez empezaban a informarse sobre agroforestería, econegocios, cultivos apropiados, etc.

Pero la tregua debía durar poco. En 1988 tuvo que abandonar todo para evitar la muerte absurda a manos del senderismo que lo había condenado a muerte por el delito de trabajar para su pueblo. Nuevamente había que partir, empezar de cero…

“Me dediqué a lo que muchos peruanos se dedican: la industria metal mecánica, o sea a patear latas…vivía en casa de mi suegra, en un cuartito que era mi casa, mi dormitorio, mi biblioteca y mi oficina. Sobrevivía como podía hasta que nuevamente las cosas empezaron a mejorar y se me cruzó en el camino el PNUD”

Brack Egg es consciente de que es de los pocos científicos con trabajo en nuestro país  y se lamenta de ello. Qué curioso destino de nuestros intelectuales y hombres de ciencia; el Estado los empuja al despeñadero cuando sólo debería apoyarlos y tratarlos de otra manera. “¿Sabes una cosa?, me dice en tono más simple, el Perú tiene un gran defecto, aquí las medallas y las condecoraciones se dan a los que vuelan bajo”.

Y Brack Egg ha volado alto. El movimiento conservacionista peruano está ligado a su nombre y su vasta obra científica y de divulgación, así como sus charlas y clases universitarias, han servido para formar a varias generaciones de científicos de este país. En cualquier tambito del codo del Pozuzo o el alto Purús su nombre despierta simpatía y admiración.

“Cuando miro hacia atrás solamente puedo decir dos cosas: Añay Pachamama, gracias madre Tierra, porque recorrí todo el Perú y lo admiré en todas sus regiones y porque en un pueblito escondido de nuestra floresta amazónica un maestro me pidió disculpas por haber fotocopiado y distribuido las páginas de uno de mis libros. Gracias madre tierra porque mientras otros prefieren trabajar en otras partes yo sigo empecinado en hacerlo en mi país, con mi gente…y Añay Pachacámac, gracias señor de la Tierra, porque sigo vivo y satisfecho de mi trabajo a  pesar de haber sufrido mucho, de haberme caído en una avioneta, de haber zozobrado más de una vez en los ríos de la selva, de haber sobrevivido a un aneurisma en la aorta abdominal”.

¿Cansado?. No, al contrario, yo sigo chingando hacia la otra orilla del río, nada me detiene. Acabo de darle los últimos toques a un nuevo libro que se va a llamar Perú Megadiverso y preparó otros más. Que la vida me de más vida para poder acabar unos diez libros más, ese es mi sueño ahora”.

Antonio Brack Egg no se detiene y sigue charlando animadamente. Yo observo mi grabadora y empiezo a vagar por los caminos que el Maestro acaba de abrir y empiezo a agradecer a los Dioses por tanta voluntad y tanto optimismo. ¿Sabes una cosa Brack?, en el Perú, como alguna vez te lo dijo un ministro de Agricultura, necesitamos veinte Bracks como tú. ¿Será posible encontrarlos?

Preguntas complementarias
¿Qué estás escribiendo en la actualidad?
Soy maestro de formación, quizás por ello mi obsesión por escribir y publicar. Tengo nueve libros publicados; uno de ellos, El Ambiente en que Vivimos, llegó a las 16 reimpresiones y vendió cien mil ejemplares. He terminado de escribir un libro sobre la biodiversidad del Perú y estoy preparando otro sobre las frutas de nuestro país. ¿Sabes?, tenemos 621 especies de frutas, es decir, somos el país con mayor diversidad de frutas del mundo y sólo utilizamos veinte de ellas, También retoco otra publicación que se va a llamar Amazonía, desarrollo y sostenibilidad…y una edición encartada en un diario de circulación nacional que se publicara en 32 fascículos y que se llamará Perú Maravilloso. ¿Qué en qué tiempo escribo? Todos los días entre las dos y las cinco de la madrugada…

¿Qué nuevos temas alborotan tu mente, Antonio?
En la actualidad estoy abocado al tema de los biocomercios. El Perú es uno de los tres países más megadiversos del planeta. De hecho es el primero en recursos genéticos pero todo esto cómo nos beneficia. Estamos preparando el Programa Nacional de Biocomercio para demostrar que nuestro país es económicamente rentable si se invierte en ecoturismo, acuicultura, cultivos nativos promisorios, agroindustria, forestería, zoocrianza de especies nativas…pueden ser estas actividades las generadores del gran negocio del siglo XXI.