Antonio Zapata / La guerra senderista. Hablan los enemigos

De los libros que he leído sobre el accionar del grupo maoísta Sendero Luminoso (PCP-SL), el de Zapata resulta el más completo, debido, principalmente, a que el autor, un historiador de conocida filiación izquierdista, se vale para el análisis de dos fuentes hasta el momento poco frecuentadas por los estudiosos del tema (Gorriti especialmente): el relato del propio movimiento terrorista sobre lo que llamaron la “guerra popular” y el testimonio del ejército, la institución encargada de combatirlo entre 1980 y la capitulación de Guzmán y su gavilla luego de su captura en 1992.

Zapata revisa con minuciosidad el testimonio de Elena Yparraguirre (a) Miriam, la número tres de la cúpula sediciosa detrás de Abimael Guzmán y Augusta La Torre, su primera esposa. El historiador entrevistó veintiún veces entre el año 2009 y el 2011 a la líder senderista en la cárcel donde cumple cadena perpetua. Su testimonio, a falta de un balance final del propio Guzmán, constituye al decir del autor “una reflexión integral de Sendero sobre su propia historia”.

El relato de los “enemigos” es contrastado con lo que se menciona en el poco referido libro “En honor a la verdad” publicado por la Comisión Permanente de Historia del Ejército Peruano en respuesta, sigo a Zapata, al informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR).

A esta versión oficial de las fuerzas armadas, Zapata ha añadido también los testimonios de otros actores de la fatídica “guerra interna” como Benedicto Jiménez, responsable del GEIN, el grupo de inteligencia que captura a Guzmán y a la Yparraguirre, su segunda pareja sentimental, y el de Víctor Polay, el líder del otro grupo insurgente, que asoló al país en esos años, el MRTA.

Conocer el funcionamiento y la lógica puesta en marcha por Sendero Luminoso, desde su comité central hasta sus pelotones de aniquilamiento, no es, como se podría inquirir, un acto de osadía que pudiera lindar con lo apologético; por el contrario, se trata de una navegación por los intersticios de una época violentísima que no podemos dejar atrás sin registrar las lecciones que nos ha dejado.

Todo negacionismo implica ocultar el pasado para que sus miserias se vuelvan a repetir.

Zapata menciona con cierta perplejidad que uno de los episodios más bárbaros del conflicto armado interno (o terrorismo a secas), el de las ejecuciones extrajudiciales, es referido tanto en el discurso de la cúpula de Sendero Luminoso como en las versiones oficiales del ejército, como casos aislados, alejados de las decisiones de los altos mandos en conflicto.

Confirma también lo que cierta historiografía sobre el tema ha empezado a elucidar: la derrota de la subversión senderista se empezó a gestar cuando se cambió la lógica de la represión indiscriminada propia de la década de los ochenta, un periodo ganado por los alzados en arma, por un accionar desde el Estado basado en la inteligencia militar y el apoyo a las bases campesinas, ronderas, que se empezaban a levantar contra la brutalidad senderista en el interior.

Cambio de paradigma que se inició en los postreros meses del primer gobierno de Alan García cuando el ejército modifica su manual de funciones vigente y el Ejecutivo crea el GEIN, la mencionada unidad de inteligencia que cazó a la cúpula senderista en Surquillo, suceso que para unos y otros marcó el descalabró total del sanguinario grupo armado.

Recomiendo el trabajo de Antonio Zapata. En momentos de exagerada crispación resulta menester mirar hacia atrás para observar con detenimiento los escenarios de violencia que engendran los fanatismos, todos,  cualquiera sea su filiación ideológica.

Buen viaje…

Antonio Zapata
La guerra senderista
Hablan los enemigos 
Debolsillo, 2018
320 p.