Arturo Rozas, un llanero solitario en los bosques de Kosñipata

Mi opinión

Arturo Rozas, de Patria, sabe muy bien lo que significa conservar, cuidar los bosques de la selva alta del Cusco. Lo sabe porque en otros tiempos, él, como muchos de los hombres de su generación, anduvo dedicado a talar sin cuidado los árboles más grandes de unas selvas que consideraban inacabables, infinitas.

Él y su familia, también los demás miembros del colectivo de prestadores se servicios turísticos del distrito de Kosñipata, se han convertido en los guardianes de estos bosques todavía llenos de vida y, lamentablemente, de amenazas, de peligros inminentes. El extractivismo no se detiene y prosigue en el intento de clavar sus garras en estos paraísos rebozantes de recursos naturales.

Ojalá que sus esfuerzos por detener la destrucción de la naturaleza prosperen y que su incursión en el negocio del turismo sea rentable. El camino del pos-textractivismo está lleno de historias como las suyas.

Arturo Rozas está convencido que el Paititi, el reino del oro inagotable, se encuentra en las nacientes de los ríos Piñi Piñi y Maestrón, en algún lugar incierto de las montañas de la Cordillera Oriental que rodean al coloso Cahuacñahui, el apu que vemos desde su fundo ganadero en el distrito de Patria, en Kosñipata.

Su padre, ganadero también, trajinó esas rutas y él, todavía niño, lo supo acompañar más de una vez sentado sobre la grupa de un alazán.  Desde entonces don Arturo solo ha sabido movilizarse a caballo: el suyo es el reino de los corceles y las cabalgaduras.

Arturo Rozas vuelve a mirar esas cumbres que se elevan sobre el bosque nuboso y rememora. Hemos subido a lo alto de la colina donde construyó la casa que acaba de transformar en un alojamiento para turistas interesados en vivir una experiencia singular, diferente, en la selva del Cusco.

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“Gran parte de mi propiedad se compone de bosque primario, auténtico. La parte que ves desde esta colina es la que se deforestó para la crianza del ganado que producimos”, Arturo Rozas.

Kosñipata es el distrito de Paucartambo que limita con la provincia del Manu, en Madre de Dios.

Aventura en el fundo San Fernando

Esa fijación por la aventura y lo desconocido lo hizo abandonar la universidad, dejar su Cusco natal para siempre y clavar pica en esta selva entonces infinita cuyas haciendas, heridas de muerte por la Reforma Agraria del presidente Juan Velasco, vivían sus horas más dramáticas.

En el año 1976 el joven estudiante universitario vendió lo poco que tenía para hacerse propietario de un ramcho de 600 hectáreas, el fundo San Fernando. Su vida.

Desde entonces hasta la fecha, don Arturo ha hecho de todo para sobrevivir en una tierra de contrastes, dura como pocas, de hombres y mujeres de armas tomar. Fue agricultor, maderero, inventor de mil oficios. También dirigente de su comunidad y alcalde de la ciudad que lo acogió cuando todo era ilusión y trabajar de sol a sol.

Más de quinientas cabezas de ganado pacen en sus tierras. Se trata de un volumen inaudito en un trópico caracterizado por los cambios bruscos de temperatura y las plagas que diezman a las bestias. Arturo Rozas, graduado en percances, se jacta de ser el criador de vacas más exitoso de estos valles. Su pasión por el cuidado de sus criaturas lo hizo optar hace mucho tiempo por una ganadería sostenible donde el forrajeo natural y el cuidado personalizado de sus vacas y toretes –sin suplementos químicos que alteren su metabolismo- imponen condiciones.

En estas cuatro décadas como colono en medio del paraíso, Arturo Rozas ha sido testigo de excepción del daño que han sufrido los bosques de Patria y de Pillcopata, las dos localidades más importantes del distrito de Kosñipata, sometidos por años a una tala implacable y a un uso insostenible de sus recursos.

En el fundo San Fernando las vacas y los caballos pacen en un prado rodeado de bosques. Para Rozas se trata de una ganadería que ya no produce pérdidas en las coberturas boscosas.
En el fundo San Fernando las vacas y los caballos pacen en un prado rodeado de bosques. Para Rozas se trata de una ganadería que ya no produce pérdidas en las coberturas boscosas.

Por eso es que decidió convertirse en abanderado del cuidado de las coberturas boscosas y de los ríos de su localidad.  Por eso es que decidió no cortar un árbol más en sus tierras y dedicarse más bien a la reforestación en los bosques que cuida con esmero.

El bosque prístino, inmaculado, ocupa gran parte de su propiedad y los dos ríos que limitan su fundo, el Hospital y el San Miguel, han recuperado salud y ahora sus aguas discurren diáfanas y llenas de vida.

A un lado de las corrientes limpísimas del río Hospital, el cauce fluvial que desciende de las montañas de Chontachaka, arman madrigueras las nutrias (Lontra longicaudis), las elusivas mallu-pumas hasta hace poco cazadas indiscriminadamente y es posible encontrar sobre sus playas de arenas y piedras las huellas frescas de venados y pumas.

En ese convencimiento anda este trajinado hombre de monte que candidatea de nuevo a la alcaldía de Patria, que sigue impulsando su negocio ganadero y que participa activamente en la Asociación de Prestadores de Servicios Turísticos de Kosñipata Manu, el gremio de emprendedores turísticos del distrito que han decidido convertir lo que tienen en un destino de naturaleza y aventura sin parangón en la provincia de Paucartambo.

Fundamentos les sobra para lograr ese objetivo: Kosñipata es la puerta de ingreso al fabuloso Parque Nacional del Manu y sus bosques de nubes, pese al descuido con que fueron tratados, siguen siendo un Edén natural repleto de paisajes increíbles. Y de gallitos de las rocas, osos de anteojos, venados, mariposas de mil colores y muchísimo más.

Don Arturo es el único de los miembros de la pujante asociación a la cabeza de un emprendimiento de aventura a caballo. Sí, en la selva alta del Cusco, el hombre que no supo renunciar a su condición de jinete, ha logrado criar una raza caballar que destaca por su adecuada adaptación a la geografía y el clima amazónico.

"No ha sido fácil la adaptación de los caballos a la selva alta. El que se hayan podido adaptar es el fruto de muchos años de trabajo y buena crianza", Arturo Rozas.
“No ha sido fácil la adaptación de los caballos a la selva alta. El que se hayan podido adaptar es el fruto de muchos años de trabajo y buena crianza”, Arturo Rozas.

Un llanero solitario

Aventura San Fernando, su propuesta turística, ofrece a los visitantes la posibilidad de vivir unos días en un rancho ganadero de indudables características amazónicas y cabalgar en un paisaje inusual, de bosques por todas partes y ríos llenos de encantos.

O subirse a uno de sus recios caballos para acompañar a don Arturo al encuentro del hato de ganado vacuno que se va moviendo por el rancho en busca de los mejores pastos y la sombra que necesitan.

O la oportunidad de sentarse en el prado para oír el canto de las aves y entregarse al descanso.

Tuve la suerte de quedarme un par de días en el eco-albergue que don Arturo Rozas y su esposa han habilitado al pie de una montaña llena de árboles y pasear y pasear a caballo por caminos rurales que me permitieron en todos los casos observar el espectáculo de la selva alta en todo su esplendor.

Fantástico.

El sol golpea fuerte en estos trópicos y el bramido de los guacamayos interrumpe nuestra conversación. Arturo sabe que es el heredero de unas tierras que alguna vez fueron de unos hacendados fieros que llegaron desde el Cusco para probar fortuna y antes, mucho antes del régimen de las haciendas, de los indígenas wachiperis que habitaron estas florestas, esos hombres de gran físico y costumbres extrañas que llegó a conocer cuando se instaló por primera vez en San Fernando.

Arturo Rozas, cusqueño, 74 años, otro hombre del futuro...
Arturo Rozas, cusqueño, ganadero en Patria, distrito de Kosñipata, otro hombre del futuro…

Sabe también que el bosque es una criatura indócil y a veces despiadada y que ha empezado a rebelarse ante tanta destrucción. Las avalanchas que preceden a las temporadas de lluvias destruyen los caminos y las chacras y los desbordes de los ríos producen catástrofes y más pobreza. La tierra clama por un mejor trato y a eso se dedica ahora este llanero solitario convertido en defensor de los bosques y cauces de agua de Kosñipata.

Arturo Rozas está haciendo patria en Patria.

11/9/2918