Colombia: Los flamencos ya no llegan a La Guajira

María Mónica Monsalve Sánchez para El Espectador

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Lo mismo que ocurre en el Perú sucede en otras latitudes, penoso mencionarlo. Los desvaríos humanos que nos agobian por estos lares –el egoísmo de los nuevos habitantes de las ciudades, su obsesión por las carreteras y el “desarrollo”- han puesto en jaque al Santuario de Fauna y Flora Los Flamencos, el humedal más famoso de La Guajira colombiana.

Colombia, el país que a veces ponemos de modelo en cuanto a reglamentaciones ambientales se refiere, es también un campo de Agramante. No lo digo yo, que acabo de regresar de Bogotá y recorreré en los primeros días de agosto su Amazonía, lo acabo de leer en el reciente libro de uno de los más respetados periodistas de Bogotá, Daniel Samper Pizano, célebre por impedir la destrucción del Parque Tayrona, en el caribe de Santa Marta. Dice Samper: “en lo que hemos avanzado en Colombia es en la destrucción de la naturaleza, Tanto que una columna reciente de Manuel Rodríguez Becerra, un ecologista muy respetado, revela que Colombia bajó del puesto 9 al 85 en la lista de desempeño ambiental entre 2008 y 2014. Esto es una catástrofe, pero nadie se escandalizó por el dato en la clase dirigente”.

En fin, esperamos que el humedal de La Guajira, afectado también por la sequía y el Cambio Climático, se recupere y las bandadas de flamencos retornen. Sería una belleza y un alivio.

“El nombre de santuario ya suena paradójico, porque cuando uno lo visita apenas se pueden ver seis pobres flamencos que son acechados por los turistas”. Así es como Santiago Ardila describe el escenario que vio en su última visita, en julio de este año, al parque natural Santuario de Fauna y Flora Los Flamencos, en La Guajira.

La nube rosada que solían formar los alargados animales se fue evaporando progresivamente. De 12.000 especímenes pasaron a 800 hace dos años, y ahora que la laguna no se llena son seis los animales que habitan un ambiente que dejó de ser apto para ellos.

Pero ¿por qué se fueron los flamencos?, le preguntó Ardila a un indígena wayuu que trabaja en el parque y conoce su historia. “Las aves volaron porque desde hace años han sido víctimas de la estupidez, el desarrollo, los beneficios políticos y la sequía de La Guajira”, dijo el nativo.

En los setentas, le explicaron a Ardila, la bonanza marimbera parió a un grupo de personas que convirtieron la laguna en su campo de tiro al blanco y ahuyentaron, a punta de escopetazos, a los flamencos.

Después vino el progreso. Con la construcción de la carretera que une el Cesar con La Guajira, conocida como la Vía de la Integración, el río Camarones, que va a dar a la laguna, se llenó de escombros. Y en 2013 Lorenzo Encho Duarte, esposo de la alcaldesa del municipio de Dibulla, Silvia Ospino, decidió construir en ese río un dique que desviaba el agua que abastecía la laguna de los animales hacia una compuerta que daba a su finca Buenos Aires, a la altura de una zona conocida como Perebere.

Según explica la investigación que le abrió Corpoguajira a Lorenzo Duarte, ese mismo año el desvío del río le serviría al empresario para regar un cultivo de palma africana que finalmente no tuvo continuidad. Sin embargo, río arriba el caudal creció, haciendo imposible para los indígenas atravesarlo, y río abajo las personas empezaron a comentar que la sequía del Camarones y la laguna del Santuario eran producto del taponamiento.

Según le indicó Corpoguajira a El Espectador, hace dos años, tras la denuncia, el dique fue destruido por el mismo propietario, y hasta el momento la entidad no conoce qué afectaciones pudo tener tanto en el río como en la laguna del Santuario.

Para Luz Elvira Angarita, directora territorial de Parques Naturales, la falta de flamencos se debe actualmente a la sequía. “Hace más de un año nos dimos cuenta de que no bajaba agua al río Camarones, y cuando realizamos la inspección era porque el señor Duarte había construido un muro que impedía el flujo natural del afluente”, explicó. “El muro fue derribado, pero la situación ahora es que no llega agua a la laguna porque no ha llovido. Ese es un problema que se nos sale de las manos porque la sequía es muy grande”, agregó la funcionaria.

Lo cierto es que la situación está afectando a otras aves emblemáticas del Santuario. “El cardenal guajiro se acabaría; el colibrí del desierto, que sólo se alimenta de cactus, dejaría de existir, y alrededor de 3000 personas se verían afectadas”, dijo Ardila.

La comunidad de Camarones, a 20 kilómetros de Riohacha, vive de la pesca y el ecoturismo. “Esta temporada de junio y julio la gente no vino porque la laguna está seca, sin muchos flamencos, entonces la gente se devuelve”, le contó a El Espectador uno de los guías wayuus del parque que prefirió no dar su nombre. “En octubre del año pasado tuvimos una temporada en que la laguna se empezó a llenar, pero a los tres meses ya estaba seca”, agregó. Pronto la laguna cumplirá un año sin tener agua permanente. Sin el líquido, estos animales migratorios no regresarán.

30/07/2015