La columna del director

HABLANDO DE EXTREMISMOS

El siete se produjo la atroz carnicería en la redacción de la revista Charlie Hebdo y el ocho, irreverente como a veces suelo ser, se  me ocurrió sustentar en una conversa con Pino Rubio, amigo de toda la vida, el porqué de mi ubicación en el carril opuesto al que ocupaban en ese momento casi todos los que comentaban la masacre.  Me animé a decir que mi solidaridad en tan dramática hora estaba con los familiares del policía muerto a mansalva durante el ataque de los terroristas de  Al Qaeda  y el Estado Islámico y las víctimas de paso por las oficinas de la revista satírica. En ellos pensaba al repasar los cables llegados desde el lugar de los hechos y no en decir lo políticamente correcto. Aclaro, no es que estuviera en contra de los caricaturistas del hebdomadario asesinados por los hermanos Kouachi, al contrario, fui de los que también saludó su osadía y espíritu inclaudicable;  sin embargo, como lo apunté en la cuenta de Pino distinguía entre “los dibujantes (que) eran conscientes de las iras santas que estaba generando (y) sabían a lo que se exponían” y los otros caídos esa mañana.

Por supuesto que en los días siguientes a la batahola de Paris todos aquellos que  “firmaron” el # Je suis Ahmed fueron tildados de complacientes  con el yihadismo por no decir de traidores. Miren a lo que me expuse…

Una semana después de los sucesos que han conmocionado occidente, la controversia entre los #Je suis Charlie Hebdo y los #Je suis Ahmed no ha sido dirimida como suponían algunos y en el centro de la discusión vuelve a estar uno de los derechos fundamentales en los que se sustenta, dicen, nuestra civilización, esta que defendemos tanto y  que parió precisamente la Francia de la liberté, la egalité y la fraternité. Yo que hace pocas semanas me pronuncié en contra de la emisión de La Paisana Jacinta y que desde hace mucho vengo sugiriendo regulaciones que acaben de una vez por todas con la cloaca televisiva que nos han impuesto, no puedo rasgarme las vestiduras en defensa de una libertad  de expresión–la que supuestamente tenemos todos de manifestarnos de la manera como se nos ocurre- en la que no creo.

Por eso es que acababa mi reflexión de opinólogo de eta manera: “En lo que a mí concierne no deberíamos valernos de la libertad de expresión para darle duro a quienes profesan sus propias religiones así estas sean del oriente del mundo…o del oriente del Perú. Me quejaría hasta el cielo si es que a una revista peruana se le ocurriese poner en su carátula a un indígena mashco-piro (o a cualquier otro) anatemizado por creer en dioses que no calzan con nuestro rasero ideológico. Lo que se obtiene burlándose de los extremismos, cualquiera sea su origen o traza, es mayor extremismo. Y en este caso la muerte de gente que no tenía vela en ese entierra como el policía musulmán muerto por estos terroristas”.

Como lo mencioné en la conversa que comento ojalá que mis opiniones sirvan para seguir debatiendo. Esa es la idea de esta revista digital.

Buen viaje…

15/01/2015

 

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