La columna del director

QUÉ VIVA ESTA OTRA PATRIA

No he sido muy afecto a desfiles escolares y celebraciones patrias en plazas públicas y paradas militares. Entre los pilares de mi formación personal no se encuentran el nacionalismo estrecho (que exagera el valor de lo propio) ni el culto al belicismo trasnochado que entiende al otro, ese que vive tras las fronteras impuestas por los gobiernos de turno, como el hermanastro dispuesto a quedarse con lo nuestro.

Si de celebrar fiestas cívicas se trata, prefiero la efervescencia de los bailes y arrebatos callejeros que convocan las fiestas patronales de los pueblos del interior del Perú. En dichos actos jubilares se ensalzan valores que unen a la gente, que las congregan, que sirven para hacerlas parte de un mismo colectivo, miembros de una patria que existe en la memoria de todos los reunidos para el festejo y la celebración. El discurso de los desfiles patrios en cambio suele detenerse en la hueca repetición de triunfos militares que se dieron en guerras fratricidas, en la mención de derrotas que se siguen lamentando, en el reiterado listado de odios inverosímiles.

Pese a mis personales reticencias asistí esta mañana al desfile ciudadano por fiestas patrias que convocó el municipio de Chavín y pude encontrarme con detalles que antes no había percibido como consecuencia de mi criticismo exagerado y mis fobias antimilitaristas. Les paso estos primeros hallazgos, estas primeras intuiciones de paseante distraído por la hermosa y bien cuidada plaza de Chavín.

Los peruanitos y peruanitas que desfilaron con gallardía y una seriedad que no había visto jamás en los jóvenes de estos lares, también sus porfiados maestros y sus padres, festejaban con desenfado y de manera muy propia un ritual distinto al que suelen reunir los cultores de los desfiles cívico-militares que exudan esos verticalismos y discursos exaltados que acabo de criticar. Ellos, los que marcharon con seguridad y premura –cientos, acaso más de mil participantes-, lo hicieron felices de ser parte de una manifestación popular cuyo objetivo no era otro que el del encuentro ciudadano y la exhibición de las destrezas aprehendidas. Y las habían de todo tipo: desde el uso magistral de los instrumentos musicales hasta el de la adecuada dramatización de las características de los habitantes de la costa, sierra y selva.

En Chavín de Huántar el rollo patriótico ocupó una franja menor, secundaria, casi imperceptible. En Chavín de Huántar lo importante fue el estar en compañía de todos los que forman el cuerpo ciudadano: colegios, clubes de madres, centros poblados, caseríos, comunidades campesinas, instituciones representativas. Estar con todos y festejar con todos. Una celebración de la fiesta nacional henchida de un localismo conmovedor.

¿Es posible soñar con una patria chiquita cuyos habitantes vibran con su historia local porque están orgullosos de su herencia cultural y no sienten el deseo apremiante de sumergirse en esa entelequia llamada país? Lanzo al aire esta ilusión, esta certeza antigua, la convicción forjada en tantos años de viajes por el Perú de que el verdadero desarrollo lo vamos a encontrar cuando construyamos entre todos los que vivimos a lo largo y ancho del territorio patrio un “querer existencial” común, producto del diálogo permanente, obsesivo entre todos y los beneficios de una buena educación. Esa promesa de la vida peruana que soñó en su momento el amauta Jorge Basadre.

Por eso hay que darle duro al tema educativo. Los miles de maestros que pueblan los colegios públicos y privados de la República y que valoramos tan poco, constituyen una reserva humana (me hubiera gustado decir ciudadana) importantísima para iniciar la revolución tantas veces postergada que habrá de conducirnos como colectivo al gran cambio. He visto en las calles de Chavín a un grupo de ellos, con sus trajes de ocasión y voz de mando, enhiestos, dirigiendo con soltura a sus muchachos, hombres y mujeres que van a poblar la geografía de este país antiguo y lleno de futuro. Si alguien –un Gastón Acurio cualquiera que desde el gobierno del Estado o desde la propia sociedad civil- los liderara con convicción la patria con la que soñamos estaría a la vuelta de la esquina, bien cerquita.

Buen Viaje…

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