La columna del director
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CUIDADO CON LAS MEGAOBRAS

Curioso, mientras admiraba estos días el esfuerzo de los cuencanos por terminar de construir la ciudad amigable que los acoge, me topé con la denuncia que hicieron a través de las redes sociales mis amigos Augusto Rey y Jimena Ledgard a propósito de los “malecones absurdos” que MINCETUR – Plan Copesco está construyendo en Paracas con el visto bueno de la autoridad ambiental competente y la friolera de dieciséis millones de soles del erario público. Y se los dije: “si lo mismo pasa en la Costa Verde no podemos esperar menos de Paracas. Como muy bien se ha dicho, la obra en mención cuenta con el visto bueno del Sernanp que la ha validado siguiendo, de seguro, el protocolo vigente. Eso sí, aclaro, no es una vía que va a recorrer toda la reserva, se trata de un “malecón turístico” construido en una de las zonas más concurridas del área protegida, precisamente para ordenar la estampida que produce el arribo de turistas en épocas pico”.

Como en la denuncia contra los que maltrataron las periferias del Candelabro de Paracas –agregué- nos horrorizamos con los pequeños actos que revelan un modo de ser cómplice de la destrucción patrimonial y luego no pasa nada. No tocamos el tema de fondo. O los temas de fondo: aquí está en tela de juicio el modelo de desarrollo que estamos validando con nuestra inacción. Y lo que se viene en obras públicas y shock de inversiones es de temer: carreteras, aeropuertos, puertos, malecones, etc etc… Quedarnos en que el tema es Paracas y punto no nos va a llevar a los caminos de la solución.

Eso les dije escuetamente, andaba a toda prisa conociendo las nuevas propuestas turísticas de Cuenca y Guayaquil y no había tiempo para más.

Agrego con un poco más de calma lo que sigue. A los peruanos nos gustan las obras faraónicas, esas que suponemos nos avientan de sopetón a las ligas mayores, allí donde se pasean a sus anchas los países que admiramos (y odiamos). No queremos un aeropuerto pequeño y funcional, no, queremos uno que sea inmenso y que se convierta en el hub que monopoliza el tráfico aéreo en Sudamérica. Y cuando soñamos con carreteras, pensamos de inmediato en autopistas inteligentes, con peajes que asustan por su modernismo y camionetas todo terreno rugiendo como, volvemos a suponer, deben rugir los autos en Miami.

Nos encantan los súper grifos donde hacer nuestras súper compras y no nos importa que los baños, los medianamente limpios, se encuentren dentro de las tiendas y no donde debieran estar. Así somos, grandilocuentes, despilfarradores, obscenos. Pacharacos.

¡Cuánto afán por los megaproyectos y el despilfarro de la plata pública! ¡Qué gusto el nuestro por lo hiperbólico!

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Fiel a esa lógica perucha, el todopoderoso Mincetur y la municipalidad provincial se embarcaron en Paracas en el 2008 en la construcción y mejoramiento del acceso turístico al Malecón El Chaco, una obra de dos millones de soles que incluyó paseo peatonal y colocación de muros, Casa del Artesano, caseta de serenazgo, cisterna y casetas de bombeo, colocación de redes eléctricas, mobiliario y algunas cositas más. Todo muy lindo, todo muy fino.

Y en el 2013, faltaba menos, Mincetur ahorasolito volvió a las andanzas. Esta vez gastó más de nueve millones de soles para darle vida a la Marina Turística –embarcadero turístico y servicios complementarios- del mismo El Chaco. La obra incluyó estacionamiento, sala de espera, snack, servicios higiénicos, sala de usos múltiples, stands de venta, depósito e infraestructura para lancheros y más perlas, seguramente. Como en Maimi, pues.

Recuperado El Chaco, puesto en valor dirían los entendidos, el shock de inversiones tenía que llegar a la Reserva Nacional en el 2016. La obra “Mejoramiento de los servicios turísticos del circuito norte de la Reserva Nacional Paracas, distrito de Paracas, provincia de Pisco, región Ica” que nos va a costar S/. 15,954, 100 y que fue materia de los comentarios de Rey & Legdard incluye, cito literalmente (faltas de redacción, ortografía y sintaxis incluidas):

“Mirador la catedral (estacionamiento para autos y buses, infraestructura de muros, banca, tachos, sendero peatonal, puesto de venta de souvenirs, estructura para servicios higiénicos, mirador), Mirador supay (estacionamiento para autos y buses, infraestructura, rampa descendente, mirador); Mirador la mina-raspón (estacionamiento para autos y buses, infraestructura de veredas muros bancas, sendero peatonal, estructura para servicios higiénicos) Mirador la playa roja (estacionamiento para autos y buses, infraestructura, sendero peatonal, estructura para servicios higiénicos), Mirador playa yumaque (estacionamiento para autos y buses, infraestructura, sendero peatonal, mirador, estructura para servicios higiénicos); Caleta lagunillas (módulo de restaurantes, módulo de estacionamiento para buses, estructura para servicios higiénicos). C8. Plaza adjunta al centro de interpretación. Mirador la catedral (tótem informativo, tótem piedra puesto de venta souvenirs). Mirador de supay (tótem informativo). Mirador la mina-raspon (tótem informativo y totem de piedra). Mirador playa roja (totem informativo), mirador playa yumaque (totem informativo, totem de piedra). Caleta lagunillas (totem de piedra con modulo para restaurantes y totem informativo). Puesto de control de lagunillas (totem informativo de piedra para estacionamiento buses, caseta de control, dormitorio, estacionamiento, puesto de información). Puesto de control de lagunillas (modulo estacionamiento para buses, caseta de control, cerrajería, instalaciones sanitarias, sistema de evacuación de aguas, sistema de tratamiento de residuos sólidos, instalaciones eléctricas, planetario, dormitorio para guardaparques, modulo de estacionamiento, puesto de información básica) Caseta de ingreso (campers empresariales). Mejoramiento de vias (acondicionamiento vehicular monocapa y asfalto)”.

No ven, llegó el progreso, por fin vamos a ser lo que queremos: un nuevo Miami en el corazón de la biodiversidad sudamericana. Con estas megaobras vamos a sacarle la mugre a Galápagos. Total, tenemos plata como cancha. Mientras tanto, agarremos de los pelos a los muchachos que “asaltaron” con sus cuatrimotos y todoterrenos los espacios sacrosantos del Candelabro. No es posible que estos delincuentes se afanen en destruir las preciosas vistas que queremos ver desde nuestras extraordinarias megaobras. No hay derecho. Plop.

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