Luz, dulces caseros / Punta Negra

Luz Caycho ha dejado momentáneamente el lápiz y los pinceles para dedicarse a un oficio antiguo que descubrió como jugando y que ahora ocupa todas sus ganas y su vitalidad: la repostería. La delicada artista plástica formada en la universidad Católica que fuera por mucho tiempo profesora de arte en el colegio Los Reyes Rojos se ha transformado en una cuidadosa y muy exigente alarife de los dulces caseros que saben a cielo y las cremoladas con más pergaminos del sur limeño.

Su encanto, su dulzura, su luz diáfana y sencilla encandilan a los parroquianos que visitan su templo, su taller de alquimia culinaria en Punta Negra, el distrito donde aprendió a jugar y a convertir en posible los sueños más golosos de los que apetecemos un dulce bien elaborado para cerrar con broche de oro un día de playa.

O cualquier otro día…

Mil oficios

Su historia es como la de tantos emprendedores de esta Lima que sabe a triciclo Perú y a esfuerzos de titanes. Su madre y ella, apuradas por las crisis de inicios de los años noventa, decidieron lanzarse al mar bullente de los negocios propios y en el puntanegrino barrio de La Merced, en su propia casa, abrieron un verano de esos un tenderete para ofrecer cremoladas caseras y helados de cualquier marca.

El sueño del negocio propio para parar la olla y evitar los tantos ir y venir a la congestionada metrópoli se fue convirtiendo de a poquitos en realidad. Las cremoladas impactaron desde el primer round, debo decirlo, y también  la buena nota y el carisma de las dos mujeres. 

Así empezó Luz, dulces caseros.

Los vecinos del barrio fueron los primeros en caer subyugados por la calidad de las cremoladas de aquellos tiempos aurorales. Recuerdo las de tamarindo, insuperables en generar suspiros y en calmar la sed propia de esos veranos limeños que tienen que volver sí o sí. Fueron ellos, los amigos del barrio, los que le dieron la idea de probar con las cremas volteadas, los suspiros limeños y los brownies. Fueron ellos también los que se encargaron de lanzar a los cuatro vientos la buena nueva que se multiplicó por todo el sur chico: en Punta Negra, en una casita llena de sabores, se estaba cocinando a fuego lento una muy distinguida,  dulcísima y  apetitosa revolución.

En la casita de Luz

Luz es enemiga de las estridencias y las fanfarrias innecesarias. Lo suyo es el perfil bajo y el agradecimiento. Yo, que en cuestiones de abrazar a los amigos y de rendir honores al buen bitute, soy todo lo contrario, me animo a decir que las cremoladas, los alfajores, las crema volteadas y las torres de brownies que prepara esta gran maestra de arte y repostería limeña son insuperables en toda la ruta sur. Nadie como ella para envolver de delicias los postres salidos del recetario de la abuela.

Acabo de visitar sus dominios, su delicada casita en la pradera. Juan Pedro Guevara, amigo común y sibarita a  tiempo completo, me lo había advertido: “Si en la guía que estás haciendo no cuentas lo de Luz, estás en nada”. Estaba en lo cierto.

Con Gabriela y Sergio, mis compañeros de cuitas en estos #100huariquesalsurdelima, nos acabamos de dar un banquete de padre y señor mío. De verdad. Tomen nota. En materia de cremoladas –hay quienes se llevan litros de litros hasta las más recónditas playas del sur para sazonarlas con un buen pisco o cualquier otro trago a la mano- fuimos bastante ambiciosos: probamos la de maracuyá, la de chicha morada, la de coco y la de fresa. No pudimos darnos el gusto de hacer lo mismo con la de tamarindo por estar la consagrada fruta fuera de temporada. Todas se sacaron veinte.

En los postres sí que dimos batalla: a mí me encantó, la clásica Crema volteada: revoltosa y almibarada, en su justo punto. ¡Qué dulce tan nuestro! Gabriela prefirió el Crocante de manzana, sutil y muy bien presentado. Sergio, en cambio, eligió una porción inmensa de uno de los postres más pedidos de esta pascana tan a tiro de piedra de Lima: la Torre de brownie, capas y capas del brownie que conocemos repletas de fudge y manjarblanco. Un balazo al corazón de los recuerdos, un alegato Luz Caycho por la innovación y la heterodoxia. Qué escándalo.

Pero allí no quedo la cosa, debo confesarlo: me di un tiempo para saborear el riquísimo Alfajor de manjarblanco, qué marjablanco, que suele desquiciar a los fanáticos del dulce andaluz llegado a estas costas durante la colonia. Y también el ya tradicional Tres leches.

Lo que empezó como jugando, lo dije al iniciar este relato, se convirtió en un trabajo que emplea a chicos y chicas de la vecindad y un modelo de perseverancia que festejamos los hinchas de esta dulcería slow y pura vida. Luz dejó la docencia en el 2009 para dedicarse en exclusiva –inviernos y veranos- al magisterio del dulce nuestro de cada día. Se lo agradecemos.

Termino diciendo que la carta de Luz, dulces caseros es extensa y muy recomendable. Aquí les dejó una relación al vuelo de lo que ese están perdiendo: pies de limón, maracuyá, frutas y durazno,   kekes de plátano y almendra, babarois de guindones, tortas de chocolate, brownies cheese cakes y más cositas ricas.

Y por si fuera poco la posibilidad de encargar sus también famosas tortas de chocolate, mármol y vainilla con chantilly. Buenísimo todo, bocatto di cardinale.

Gracias por tanto, profe…

Luz, dulces caseros
Mz S Lt. 4, La Merced
Punta Negra
Teléfono 999 472 501
Atención: miércoles , jueves y viernes de 2.30pm a 8pm.
de 10am a 8pm.
Sábados y domingos de de 10am a 8pm.
Delivery a Punta Negra, Punta Hermosa y San Bartolo


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