Restaurante Doña Flor y sus 40 traileros / Atiquipa

No me he creído jamás Vadinho, el pícaro primer marido de Doña Flor en la novela del genial Jorge Amado.

Recordemos, Vadinho,  pasa a mejor vida después de un lance amoroso fuera del lecho conyugal y su esposa, dona Flor, experta en artes culinarias, no encuentra otro camino que casarse en segundas nupcias con un insípido boticario que la corteja sin sospechar que un día –y todos los días- el difunto aparecerá en casa para satisfacer con creces sus deseos más auténticos.

Bueno,  frente a las delicias de la mesa de Doña Flor, de Agua Salada, aclaro, en Atiquipa, costa arequipeña, quise ser Vadinho por unas horas con tal de quedarme más tiempo gozando de los platillos de uno de los huariques carreteros más fabulosos que conozco.

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Voluptuosidad y los mejores frutos del mar arequipeño. Del océano a la mesa, como debería ser siempre.

Comer como camionero

Qué suerte la de los traileros que desde hace tanto aparcan sus unidades sobre la desolada pampa que interrumpe su navegación a la altura del kilómetro 591 de la Panamericana sur con el afán de saciar su apetito monumental.

Sobre este local de pocas mesas y carta breve pero eficientísima les copio mis apuntes.

Las lapas eran tantas que amenazaban con salirse del plato que doña Flor Salgado había traído atendiendo nuestras súplicas a poco de empezar el crepúsculo. Las fui contando, una, dos, tres, diez, quince, muchas más, todas en completo y último reposo sobre un lecho formado por un arroz blanquísimo y unas papas trozadas y fritas con su bastante de descuido y una provisión apropiada de sal de mesa.

Al lado, la zarza criolla y un filete de corvina que se esforzaba en mostrar bajo su piel liviana la blancura inmaculada de su carne recién salida del mar encrespado que acabábamos de dejar atrás, componían el cuadro fabuloso de una mesa que podía competir con la mejor de las que se sirven en la Costa Azul o en el paraíso.

O en Bahía, la Bahía de Jorge Amado.

No estaba solo, lo recuerdo, me acompañaba una dulce muchacha de ojos vivaces, siempre llenos de osadías.

Antigua y fabulosa estampa de una mesa popular y muy bien servida. Foto Viajeros.
Antigua y fabulosa estampa de una mesa popular y muy bien servida. Foto Viajeros.

Yo nunca me he creído Vadinho, repito, pero si me dieran a elegir entre ocupar el papel del fantasmal consorte que vuelve cada noche del más allá para alborotar el descanso de su viuda, la inocente Doña Flor, o el de su aburrido segundo esposo, juro que elegiría ser el difunto. En serio…

Mi amigo Jaime Rubio, compañero de cuitas ochenteras y vecino ilustre de Jihuay, la playa más bella de una costa definida por la profusión absoluta de “acantilados churriguerescos”, según la lírica descripción de Ricardo Espinosa, El caminante, y la sucesión de ensenadas rocosas abundantes en cabrillas, chitas y pintadillas,  comenta que el Doña Flor “es el más fiel representante de los restaurantes carreteros de la costa arequipeña”  los “que tienen entre sus principales clientes a camioneros y viajantes que paran a la vera del camino atraídos por sus generosas porciones”.

Tiene razón.

Jaime agrega que los platos de Doña Flor, la de Atiquipa, vuelvo a aclarar, no la de Bahía, destacan por los bien servidos “erizos y lapas, así como los lenguados, corvinas y chitas” que los diligentes pescadores de las peñas aledañas llevan al negocio de la dama que  detiene con sus dotes de cocinera experta a los traileros más notables de estas curvas carreteras.

Hace alusión Rubio al disfrute que convocan “ceviches de pescado, lapas y erizos … o a la combinación de estos” y también “a las lapas arrebozadas o filetes de pescado frito con espinazo, acompañados de arroz, papas fritas y ensalada, sin mucho firulete pero con buena sazón y en porciones a la medida de sus 40 Traileros”.

Notable. Dense una vueltita por esta costa de extremos, en playa Jihuay,  Laines, así conocemos desde antaño al buen Jaime Rubio, ha construido un refugio de vida sana donde se puede conseguir posada y vivir días de absoluta tranquilidad y disfrute al lado de uno los bordes costeros más extraordinarios de este país de más de tres mil kilómetros de litoral.

Ah, claro, y visitar a Doña Flor. La de Agua Salada, en Atiquipa.

Remozado local en la meseta carretera del sector Agua Salada, Atiquipa
Remozado local en la meseta carretera del sector Agua Salada, Atiquipa

Buen viaje…buena mesa.

Doña Flor y su 40 traileros, km 591 de la Panamericana Sur
Caserío Agua Salada
Mz. K Lote 6
Distrito de Atiquipa
Caravelí
Arequipa

Data viajera
Alojamientos:

Fundo Jihuay
Jaime Rubio 997 571 952
Un sitio ideal para tener como base para la visita de las lomas de Atiquipa, la casa familiar del fundo Jihuay, un pequeño bosquecillo de olivos que Carlos Guillén y Jaime Rubio tienen al pie de la playa Jihuay.

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Sabrosuras de Atiquipa, costa brava de Arequipa.
Chita descomunal recubierta con lapas arrebozadas y harto arroz, como para llenar el buche de un camionero hambriento. Vino tinto de compañía y todas las estrellas de la noche alumbrando la velada. El que prueba una vez sus platillos vuelve y vuelve y vuelve.
De rompe y raja, los platillos de Doña Flor, todos, son King Size, se los juro... Foto tomada del muro del viajero y fotógrafo Luis Yupanqui. Sabe.
De rompe y raja, los platillos de Doña Flor, todos, son King Size, se los juro… Foto tomada del muro del viajero y fotógrafo Luis Yupanqui. Sabe.
Moteros de plácemes. Otros que saben.
Moteros de plácemes. Otros comensales que saben lo que es bueno.
Con Jaime Rbio, el Indio Guillén y Chino Rubio en el Fundo Guillén. La felicidad el rostro de los buenos amigos y los sueños compartidos.
Con Jaime Rubio, el Indio Guillén y Chino Rubio en el Fundo Jihuay. La felicidad tiene el rostro de los buenos amigos y los sueños compartidos.