Cuaderno de campo

Amon Oz

Viernes 15 de mayo, 2015

San Bartolo. Hay libros que los cierras y no te dejan en paz, que te hablan en la noche perturbando tu aquiescencia, tu insípida paz. Como éste de Amon Oz, el narrador nacido en Jerusalén poco antes de la creación del estado de Israel, que acabo de guardar en el librero de mi casa en San Bartolo. Pese a lo que alguien apuntó en la tapa del libro, Una pantera en el sótano, no es solamente el testimonio de la amistad que surge entre un niño judío y un policía británico a cargo de poner orden en el territorio ocupado. No. La novela es la descripción, conmovedora y profunda, de las mil formas que tiene el sistema (la casa, el barrio, la escuela) para educarnos de cara al opresor, al enemigo, al otro, cualquiera que éste sea: chiquito, grande, maléfico, histórico. Una reflexión sobre la resistencia, sobre nosotros y los demás, sobre la forma de “ganar la guerra”.

Las reminiscencias del escritor hebreo me han conmovido, han sido como un zarpazo en el alma. Curioso, mientras leía a Oz, sempiterno candidato al Nobel de Literatura, hacía lo propio con el librito de José Carlos Agüero sobre Los Rendidos, el arreglo de cuentas que hace un hijo de senderistas muertos en la guerra sobre lo que sus padres generaron con su levantamiento en armas. Ellos, los hijos de Sendero, también fueron educados en el odio al enemigo de clase, como panteras en el fondo del sótano. Digamos como son educados, con mayor o menor enajenación, debo decirlo, los hijos de la cultura del enfrentamiento, de la guerra, del odio al que no piensa como nosotros.

Oz se rebela ante esta situación y desde el campo mismo de batalla, desde las calles de su ciudad sitiada por la enemistad de los vecinos, le ha dicho a sus compatriotas que es necesario abrazar al Otro. El más célebre de los escritores israelíes vivos, el hijo de dos judíos polacos expulsados de Europa antes de Hitler y soldado él mismo en las batallas que libraron a su país de la invasión árabe, se ha declarado un testigo escéptico de su época y un observador caritativo de la comedia humana. Acto seguido ha propuesto, con el dolor de su corazón patriota, seccionar el territorio obtenido por Israel en 1947 para entregarle una porción a los palestinos.

Ha decidido abandonar el sótano y arrancarse de un tiro una piel que ya no sirve. Como les dije hay libros que no te dejan en paz.

(15/05/2015)

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