Cuaderno de campo

MONTEVIDEANAS

Jueves 26 de mayo, 2016

Este domingo voy a llegar por primera vez a Montevideo, en la República Oriental del Uruguay, la ciudad que cobijara a Mario Benedetti y a Eduardo Galeano, dos autores que he leído mucho durante mis primeros años formativos. Un rincón de Europa en América del Sur, una hermosa orilla del río de la Plata donde un vate peruano, Juan Parra del Riego, pergeñara un poema inmortal, futbolero, el tremendo “Polirritmo dinámico a Gradín jugador de footbal”, un retazo de la mejor poesía nuestra de todos los tiempos.

Gradín, Isabelino Gradín, fue un negro quimboso que le dio duro a la pelota vistiendo las sedas del club Atlético Peñarol y murió como los elegidos del pueblo, pobre y abandonado de los aplausos del respetable. Montevideo, una ciudad ecléctica, rumorosa, que albergó a Juan Joya Cordero, jugador de fútbol, también negro, seis veces campeón con el equipo carbonero de la liga uruguaya y campeón como ningún peruano de la Libertadores, la Supercopa y la Intercontinental.

Gradín, Isabelino Gradín, fue un negro quimboso que le dio duro a la pelota vistiendo las sedas del club Atlético Peñarol y murió como los elegidos del pueblo, pobre y abandonado de los aplausos del respetable. Montevideo, Una ciudad ecléctica, rumorosa, que albergó a Juan Joya Cordero, jugador de fútbol, también negro, seis veces campeón de la liga uruguaya con el equipo carbonero y campeón como ningún peruano de la Libertadores, la Supercopa y la Intercontinental.

HOMENAJE A ISABELINO GRADIN

Y corrió como viento que no se ve al pasar y
llegó a la sonrisa de la meta triunfal,
luz de atleta en el tiempo Celeste, Peñarol
brillaste con el rayo de tu ligero gol.
La tribuna corea tu paso de gigante y
valora tu tiempo de atleta sin igual,
prendida en la memoria se exhibe tu elegancia
y hoy el cielo se viste de ébano y nogal.
Isabelino, dicen que gritaron tus goles y
los que te adoraron y te vieron volar,
como centella libre corriendo por las pistas
y en la punta surcaste por la línea de cal.

Voy a ser feliz en Montevideo, estoy esperando pisar suelo charrúa. Les voy a ir contando.

San Bartolo, playa Norte

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