De garzas huaco y otros emplumados

Fin de semana de paradojas y descubrimientos al sur de Lima. El sábado último aproveché los vientos primaverales que empiezan a soplar fuerte en estos días para visitar Cerro Azul con el simple propósito de llenarme de delfines. Es sabido que sobre las olas del viejo puerto cañetano las dos variedades de cetáceos menores que habitan nuestro mar se reúnen para hacer de las suyas- y en lugar del festival marino que esperaba me gané con otro: el de la fiesta de unas garzas de muy pocos registros en nuestro departamento.

¿Se han encontrado alguna vez con una especie de otras latitudes, impropia para el paisaje que uno está recorriendo? Me ha pasado algunas veces y lo he celebrado con entusiasmo: recuerdo una solitaria espátula (Ajaja ajaja) en pantanos de Villa; un cardenal crestado (Paroaria coronata), hace unos meses, en un jardín miraflorino; un huerequeque (Burhinus superciliaris), ahora muy frecuentes, en San Bartolo. Es raro pero previsible en estos tiempos de intensas ocupaciones humanas y desplazamientos de especies animales de todo linaje. María Koepcke, la ornitóloga alemana que escribió  la formidable “Las Aves del Departamento de Lima” (1964), lo había observado hace más de cincuenta años al comentar la presencia en Sudamérica de las garzas bueyeras, una especie oriunda de África que yendo tras los pasos de los animales de labor agrícola que persigue, vacas y bueyes principalmente, logró colonizar casi todo el continente.

En Cerro Azul, sin habérmelo propuesto, me topé con una comunidad muy numerosa de garzas huaco de corona amarilla (Nyctanassa violácea), según la guía de aves de Schulenberg, Stotz, Lane, O’Neill y Parker un habitante conspicuo de los manglares tumbesinos que suele ser también un “divagante muy raro hacia el sur de Lima”. Maravilloso: sobre el techo de la última casa al sur del balneario, cuatro docenas de huacos de corona amarilla esperaban sin mayores apuros el crepúsculo para empezar la cacería de peces y crustáceos que les iba a deparar la noche.

Las garzas huaco de corona amarilla a simple vista parecen garzas huaco o martinetes (Nycticorax nycticorax), una especie común en casi todos los humedales de la costa peruana y grandes jirones de la sierra y la Amazonía peruana. En mi reporte de aves tengo innumerables registros suyos para Piura, Lambayeque, Lima, Ica, Arequipa, Cusco. Se trata de un oportunista de hábitos nocturnos muy activo en cuerpos de agua salobres y marismas donde se alimenta de peces, sanguijuelas, gusanos, invertebrados, anfibios, pequeños roedores y residuos orgánicos.

En Chile, lo sé por mis lecturas de los trabajos de Oreste Platt, folclorista y tremendo narrador, lo conocen como huairavo y en el imaginario popular el ave de este recuento está vinculado al arte de los brujos: para los nigromantes del país del sur es simplemente la Voladora, la  mensajera de los iniciados que se transforma en garza para cumplir sus complicadas funciones.

Las garzas huaco de corona amarilla, cito ahora la “Guía de las Aves de Panamá” (Ridgely y Gwynne), tienen el pico más robusto y las patas más largas, siendo los adultos grises con cabeza negra y mancha postocular blanca. El amarillo que lo distingue de su pariente se limita a una superficie muy pequeña en la corona anterior.

Aunque su distribución ha estado limitada históricamente al departamento de Tumbes, desde el año 2002 se advierte presencia de la especie en el Refugio de Vida Silvestre Pantanos de Villa. De hecho, en el 2006 el ornitólogo Alejandro Tabini reportó el hallazgo de nidos entre la totora en el humedal chorrillano y dos años después se registraron 15 individuos entre adultos y juveniles en el mismo lugar, lo que estaría arrojando luces sobre una población estable capaz de colonizar sitios próximos.  He encontrado reportes últimos de garzas huaco de corona amarilla para Arequipa y Arica. Fantástico, la presencia de tamaño contingente de garzas de corona amarilla en Cerro Azul, lo he comentado en una cuenta de pajareros en Facebook, es lo novedoso de mi reporte. Ojalá en estos días aficionados y expertos en avifauna puedan comentar y dar más datos sobre este hallazgo. Lo dije hace un poco más de veinte años en una nota que escribí para el fenecido diario El Sol, en su suplemento dominical escribí varios artículos sobre las aves de nuestra ciudad y alrededores, en relación a una inusual presencia de garzas bueyeras (Bubulcus ibis) en el distrito sureño de San Juan de Miraflores:

“El asunto San Juan repotencia una idea suelta en toda discusión ecológica: la necesidad de ir creando niveles de conciencia mayores entre los habitantes de Lima que hagan posible el entendimiento definitivo de que la belleza es también un alimento espiritual valioso en el desarrollo de una vida plena. Y que este asunto eminentemente estético debe estar también al alcance del pueblo y no ser patrimonio exclusivo de las élites. Los vecinos del distrito que representa el alcalde –en su origen fundacional, mayoritariamente migrantes- pueden convertirse en protagonistas de la creación de un reducto ecológico de primer orden que cada año reciba alborozado la llegada a sus parques y jardines de garzas y otras aves. Se habría ganado un territorio democrático en una ciudad cada vez más dedicada a la construcción de guetos urbanos y cercas divisorias. Por eso es que la discusión última [me refería a la pertinencia de espantar o alojar a las aves que se instalaron en los parques públicos de SJM] es provechosa. Impulsa el debate y decanta posiciones que a la postre irán creando una verdadera conciencia proteccionista en el medio en que vivimos” (El Sol, 21/2/1999).

Lo mismo es válido para Cerro Azul, me animo a firmarlo. Hay que potenciar los escenarios donde se agolpa la belleza natural que nos queda.

PD: El etólogo Konrad Lorenz estudió el comportamiento de Nycticorax nycticorax a principios de la década del treinta, lamentablemente sus investigaciones no alcanzaron nunca la jerarquía de libro. Dice uno de sus biógrafos: “La totalidad de sus observaciones sobre las garzas, escritas durante tres o cuatro años, a principios de la década de los treinta, se perdieron por culpa de la caótica situación en que se encontraban, los transportes ferroviarios en Alemania en 1941 (…) Lorenz tuvo dos colonias de garzas. La colonia más importante fue la de martinetes, que permaneció en el jardín de Altenberg hasta que Lorenz se marchó durante la guerra y nadie se cuidó de alimentarlos”.

Fotos: Sergio Cavassa