El guardián del charango

Óscar García para El Comercio

Mi opinión

Don Jaime Guardia es una figura viviente del arte popular, de la música andina del Perú. Como Máximo Damián, este ayacuchano de Pauza también fue amigo de Arguedas y al igual que el violinista recientemente desaparecido objeto de una de sus dedicatorias más sentidas y premonitorias: ” A Jaime Guardia, de la villa de Pauza, en quien la música del Perú está encarnada cual fuego y llanto sin límites”.

Don Jaime está enfermo, ha perdido bríos, la pasa mal. Sus amigos están muy preocupados y temen que su salud se resquebraje aún más. Tremendo sino el de nuestros artistas más singulares, las estrecheces económicas y los achaques propios de la edad los golpean inmisericordemente. Por eso es que urge la solidaridad de los que amamos el arte y henos gozado con las cuerdas de este músico eximio y cultor de una tradición que está apagando, lamentablemente.

El 28 de marzo, en el Gran Teatro Nacional, tenemos una cita con Jaime Guardia, amigo del maestro Arguedas y uno de los últimos representantes de lo mejor que ha parido la música andina del Perú.

Resulta difícil sintetizar la importancia del charanguista Jaime Guardia (Ayacucho, 1933) para la música peruana. Quien mejor lo resume es su amigo el escritor José María Arguedas, que le dedicara al ayacuchano su novela más ambiciosa, Todas las sangres. Allí, en las primeras páginas, se lee: ” A Jaime Guardia, de la villa de Pauza, en quien la música del Perú está encarnada cual fuego y llanto sin límites”. Y eso lo escribió hace más de 50 años, cuando el maestro apenas sobrepasaba la base tres.

Hoy con 82 años a cuestas, don Jaime anda con la salud delicada. El 2014 llegó a estar en cuidados intensivos debido a un mal cardiaco y otras dolencias. El veterano artista libra actualmente una batalla consigo mismo: ensaya todos los días, pues su anhelo es tocar en el tributo que se le prepara en el Gran Teatro Nacional, que tiene como fin reconocer una de las trayectorias más sólidas dentro del panorama musical nacional. También busca juntar dinero para contribuir con sus gastos de salud.

“Con Arguedas fuimos muy amigos”, dice de pronto, sentado en un pequeño banquito, iluminado por la luz filtrada de la mañana.  “Nos conocimos en la Escuela de Folklore. A él le gustaba mucho la música andina, el quechua. Hablamos puro quechua con él, todo el día”, recuerda.

Don Jaime es reservado, quizá orgulloso. De su salud no habla mucho. Cuando se le pregunta por ella responde con un escueto “más o menos”, “ahí” o “regular”. Pero cuando se le habla del charango se anima, “Mi familia no quería que fuera músico. Me decían que me iba a volver bohemio o un borracho”. Cuanta que a él no le escondían el charango para que no lo tocara, como a otros. El mismo lo escondía en una chacra y lo tocaba a escondidas.

“El charango era visto como un juguete. Lo hacían todo rústico, de madera de sauce, que era la más liviana, y con los trastes de madera. Era un juguete al que no le daban importancia”, dice. Guardia, que comenzó tocando la guitarra, creyó encontrar en el pequeño instrumento andino un nuevo timbre, un color distinto y contribuyó a su modernización estudiándolo, mejorando los materiales, colocándole dobles cuerdas para que tenga un sonido con más cuerpo, más brillante y armónico.

Don Jaime llegó a Lima en 1940, buscándose un mejor porvenir como músico. En la década del cincuenta formó la agrupación “La Lira paucina”, con la que grabó seis discos. De sus reconocidas dotes como profesor e investigador dio muestra cuando trabajó para la Escuela Nacional de Folklore. “Ahí armé un archivo de más de cinco mil grabaciones y letras de música de todo el Perú. Espero que aún estén ahí”, señala.

En honor a su carrera, que sobrepasa las siete décadas, y como una forma de lograr una ayuda económica para sus cuentas de salud, este 28 de marzo se celebrará en el Gran Teatro de Lima un concierto homenaje, con la agrupación Encantos Andinos, que integran Pepita García Miró, el maestro violinista Andrés “Chimango” Lares y otros. “Lo que don Jaime ha hecho por la música del Perú es invalorable. Él no solo es un gran músico, sino un gran comunicador que transmite lo que sabe”, recalca García Miró, que ha sido  discípula del maestro (le enseñó a cantar en quechua). Pide que no nos olvidemos del charangusita y que vayamos a celebrar con él al teatro: por su trayectoria encomiable y por su mejor salud.

Para la agenda
Cuándo: 28 de marzo
Dónde: Gran Teatro Nacional (Javier Prado 2z225, San Borja)
Entradas: Teleticket (desde 55 soles)
Apoyo: para ayudar económicamente al maestro se ha habilitado la cuenta BCP ahorros soles
194 177 411 380 40

(23/03/2015)