Con Mackenly en el albergue Posada Amazonas

Wili Reaño, especial desde el Tambopata

Mackenly tiene siete años y ha viajado con su mamá desde Nevada hasta el Tambopata, en un país lejano llamado Perú, para ver monos y guacamayos. Le fascinan. En la escuela a la que asiste, su maestra, que por cierto aprecia y estimula sus deseos de conocer más sobre la fauna al otro lado del continente, le ha hablado y hablado de los animales que habitan la selva amazónica. “En la Amazonía, le ha contado, hay criaturas maravillosas, tienes que ir…”

Mackenly le pidió a su madre como regalo de cumpleaños que la incluyera en los planes de viaje que estaba haciendo a Posada Amazonas, el albergue que Rainforest Expeditions gestiona con los comuneros de la Comunidad Nativa de  Infierno en un codo del río Tambopata, en Madre de Dios. La visita a Disney podía esperar, le rogó, también la torta inmensa que los abuelos le prometieron.

Mackenly no podía más de ganas de conocer el Perú.

Y sus deseos se cumplieron.

En el bosque de los sueños

Me topé por primera vez con la niña en la torre de 37 metros que se levanta sobre el dosel del bosque tambopatino. Yo subía tomando todas las precauciones del caso con Juan José Huallpa, el guía de naturaleza del staff de Rainforest que me acompañó durante los tres días que duró mi estadía en la Amazonía y ella bajaba a toda prisa dando gritos de felicidad. Acababa de ver, como si fuera en una película de Nat Geo, a un grupo de monos aulladores moviéndose con absoluta libertad por la copa de un gigantesco árbol. “Is amazing, is amazing”, iba diciendo.

Una torre, dos en realidad, permiten observar la vida en el dosel del bosque amazónico. La segunda torre de metal acaba de ser puesta en operación. Mide 42 m de altura.

Me sorprendió, mientras medía mis pasos y respiraba hondo tratando de ascender a lo más alto de la torre de metal, Mackenly descendía dando brincos y festejaba su dicha a grito partido. Era, no me queda ninguna duda, la dueña del mundo.

Llegar a lo más alto de la torre de observación es todo un desafío. Hay que subir despacito, midiendo cada paso, poco a poco. El premio por tamaña osadía es absolutamente extraordinario. Desde el atalaya construido con el material que se trajo para estudiar el comportamiento de las águilas arpía, el fabuloso rey de las alturas del Tambopata, se puede apreciar en toda su dimensión la vida sobre el denso follaje de esta selva tan bien conservada. Para los birdwatchers y aficionados a la vida natural, este avistadero es una delicia, una invitación a volver tantas veces como se pueda.

Ese es uno de las ventajas de recorrer la selva peruana desde los tres albergues de Rainforest Expeditions: el Posada Amazonas, el Refugio Amazonas y el Tambopata Research Center.

De regreso al lodge, mientras el sol iba perdiendo impulsos, el graznar de los guacamayos escarlata que regresaban a sus dormideros, por lo general las palmeras más altas del bosque, y el bullicio de las pavas de monte, dieron inicio al festival de voces de la frenética noche tambopatina.

Un breve descanso y a seguir disfrutando…

Ahm me olvidaba de mencionarlo. Mientras cenábamos, los chicos del servicio y los guías irrumpieron en el comedor con una torta especialmente preparada para Mackenly. La niña, ya lo dije, estaba de aniversario. Y los muchachos del hotel cantaron para ella el happy birthday de reglamento. Nosotros también. Todos a una sola voz. Mackenly era Mowgly en versión femenina. La selva entera seguía siendo su reino.

En el lago Tres Chimbadas

La niña de Nevada pasó de mesa en mesa invitándonos un pedazo del pastel que le habían preparado. Estaba feliz, sintiéndose como en casa.

A la mañana siguiente nos volvimos a encontrar. Habíamos elegido, suerte la mía, idéntica aventura. Ir de paseo a la cocha Tres Chimbadas, una laguna meándrica poblada de criaturas de inestimable belleza: lobos de río, caimanes, pirañas, guacamayos, garzas de todos los tamaños. Y monos. Y cormoranes. Y shanshos, Y mucho más. Juanjo y los demás guías del grupo nos van contando que el nombre de la cocha guarda estricta relación con las tres piedras que se tenía que evitar, chimbando de lo lindo, al pasar por este recodo del río Tambopata.

Mackenly, botas de jebe, poncho para la lluvia, mochila de expedicionaria, fue la primera en poner pies en tierra y empezar la caminata de treinta minutos que nos fue introduciendo una selva poblada de grandes árboles y finalmente a la espléndida laguna. Allí nos esperaba un catamarán para navegar por el espejo de agua. Fantasía pura.

Los primeros minutos sobre nuestra embarcación fueron de reconocimiento. Y de observación aviar: primero un pato moscovita, luego una garza blanca grande, después un martín pescador. Mackenly se sorprendió al ver un caimán de buen tamaño nadando en dirección nuestra. En el follaje, cerca a la orilla opuesta, los monos capuchinos devoraban los frutos y las hojas que tenían a la mano. Una fiesta.

Un caimán y mucho más que ver…

En eso andábamos cuando apareció una formidable águila crestada  huyendo del asedio de dos halcones caza murciélagos . Nuevamente Nat Geo. Mackenly escuchaba con atención las explicaciones que iba dando el biólogo Juan Diego Shoobridge, resposanble in situ del programa Wired Amazon que ejecuta Rainforest Expeditions desde Posada Amazonas, sobre el espectáculo que acabábamos de ver. Los guías y científicos de la empresa de ecoturismo saben y saben mucho. Ya he hablado en otro momento de la sapiencia  de Juan Diego, un joven ecólogo tropical formado en las canteras de  Rainforest que suele acompañar a los grupos de visitantes que llegan al albergue.

Hecha las explicaciones del caso lanzamos los cordeles al agua: Juanjo nos da los tips necesarios y a esperar que caigan las pirañas. Sí, el lago Tres Chimbadas es hogar de cardúmenes hambrientos, exagero, de estas criaturas de tan mala fama. La niña de Nevada intenta pescar lo que sea pero conseguirlo no es tarea fácil. La excitación, primero y luego la previsible frustración le van ganado la partida.

De reojo observo que uno de los guías ha pescado algo y con sospechosa rapidez le alcanza la caña a Mackenly. La dueña de la fiesta toma el aparejo y salta de emoción: ha logrado su cometido, un dorado pesecillo, una piraña de fauces tremebundas, salta y se agita sobre el catamarán. Los pasajeros en pleno aplaudimos el momento. Mackenly, el día de su cumpleaños, vuelve a ser la estrella de la jornada. Su inmensa sonrisa perenniza la mañana. Inolvidable.

Mackenly, la felicidad.

Con los abuelos del bosque

En nuestro último día en Posada Amazonas ya se imaginarán: volvimos a coincidir con la familia de esta historia. Mackenly llevaba una gorra roja y un bastón para caminar acomodado a sus ciento diez centímetros de estatura. Apenas nos vio nos saludó como si fuéramos viejos amigos. De algún modo lo éramoas Tocaba recorrer con Juan Diego y Juan José Huillca un sector de la propiedad de Rainforest Expeditions dominado por los llamados bosques de altura o tierra firme, hábitat de los famosos castaños del Tambopata y de otros gigantes, los shihuahucos de ochocientos años edad por ejemplo.

Ingresamos por un sendero muy bien señalizado a un jardín botánico al natural de polendas. El momento fue épico. Mackenly no dejaba de mirar con asombro los gigantescos árboles que nos salían al paso. La luz de la mañana se colaba entre el follaje y el cielo tambopatino explotaba de azules. La niña tomaba fotos y brincaba y brincaba. “Is amazing, decía, my teacher will not believe it”.

Y pudiera ser cierto. Los ajoquiros, los renacos, las quinillas, las lupunas, las capironas, los ficus y, sobre todo, la ceiba de casi mil años tan semejante a un avatar amazónico, lucían esplendorosos, como salidos de la pluma de Doré o de los inmortales dibujos de Tola.

Mackenly dejó de saltar. Esta vez su rostro esa una mueca de asombro. La niña de Nevada había terminado de entender lo que significan estos bosques. Ahora los que reíamos, de felicidad, éramos nosotros.

Solo quedaba despedirnos.

Virunga en el Tambopata: monos aulladores en lo más alto del bosque.
Un albergue para todas las edades, una selva para todos.
Biólogo Juan Diego Shoobridge del programa Wired Amazon, tremendo intérprete de naturaleza.
Juanjo Huallpa y un abuelo del bosque de Posada Amazonas.
El comedor de Posada Amazonas: lugar de encuentro y disfrute para viajeros de todos los países.
En la cocha Tres Chimbadas habita una colonia muy saludable de lobos de río. Mackenly los vio.
Majestuoso. Bosques del Tambopata.