Entrevista
Por Rosendo Maqui

Elvis Peralta. San Fernando, seis años de lucha por su sobrevivencia, primera parte

elvisperalta

Se vienen ultimando detalles para la aprobación del estatus final de conservación que tendrá la Zona Reservada San Fernando, en Marcona, una de las áreas naturales protegidas más espectaculares, en belleza escénica y biodiversidad, de la costa peruana. Viajeros, como es de público conocimiento, ha venido sosteniendo una terca lucha por la preservación del área en su conjunto y saluda el esfuerzo de los actores locales y las instituciones comprometidas por darle a San Fernando el adecuado abrigo legal. En la presente entrevista Elvis Peralta, biólogo iqueño de reconocida participación en la historia última de la ensenada más famosa del litoral, nos cuenta detalles de una lucha que esperamos termine muy pronto.

En el año 2004 la revista Viajeros realizó una expedición muy comentada a la ensenada de San Fernando, sabemos que Ud. por entonces formaba parte del equipo científico que asesoraba a la Vicaría de Medio Ambiente de Marcona, ¿qué recuerdos nos puede contar de esa etapa tan importante en la “vida” del área natural?

En aquellos días coincidieron algunos eventos importantes como la expedición de Viajeros recogiendo información in situ y comunicando las maravillas y los potencialidades de la Bahía San Fernando que al decir verdad la mayoría de los pobladores de Marcona no conocíamos. Por otro lado, ocurrió lo de la venta de casi 500 has de la ensenada ocasionando el levantamiento de la sociedad civil de Marcona.

…y la Ordenanza Regional del GORE Ica que intentaba proteger San Fernando.
Sí, el GORE Ica promulgó una ordenanza que intentaba proteger la bahía pero sin muchas justificaciones técnicas. Esto motivo la creación de la Vicaría del Medio Ambiente con el Padre Julio Saldaña a la cabeza, quien organizó la realización de las primeras evaluaciones científicas en las Lomas de San Fernando y la Bahía del mismo nombre, aglutinando investigadores e instituciones como el Instituto del Mar del Perú (IMARPE), Museo de Historia Natural de la UNMSM  y la Unidad de Biología de la Conservación de la Universidad Cayetano Heredia.
Debió ser un trabajo agotador pero sumamente beneficioso para la región…
Sí. Recuerdo que mi colega Lucy Conde y yo, recién egresados de la universidad, fuimos los únicos profesionales en biología de la región frente a los demás que conformamos parte  del equipo científico. Todos los demás investigadores eran de Lima.

¿Cómo recibió la gente de Marcona el trabajo de la Vicaría del Medio Ambiente?
Considero que muy bien. Realizar una expedición científica requiere de un finianciamiento y  fue así que la iglesia católica corrió con la mayor parte de los gastos, algunos operadores turísticos que sí valoran San Fernando colocaron su granito de arena, y parte de la comunidad de Marcona se organizó y realizaron actividades para recaudar fondos, todos se unieron para revalorar éste lugar.

¿Se logró el objetivo de sensibilizar a las poblaciones locales sobre el valor del área natural?
Desde luego, otra de las acciones que trabajamos con el Padre Saldaña, fue realizar fórums informativos para la comunidad, reuniones con la sociedad civil organizada especialmente con las distintas organizaciones de pescadores artesanales para analizar la coyuntura y al aspecto legal de la venta de terreno antes mencionada, para ello se contrató al Dr Alberto Barandiarán, y de esta manera se fueron definiendo posiciones y se tomaron acciones en conjunto.

Nos queda claro que estos primeros trabajos científicos sobre San Fernando fueron determinantes para un grupo de científicos locales y estudiosos del área…
Aprendí mucho desde la orientación, métodos de muestreo, de captura, hasta reconocimiento de algunas especies. Ya en los trabajos de campo encontrar cada individuo representativo de alguna especie, recolectarlos y con esto enriquecer la lista, era emocionante en cada hora de caminata por los días y semanas enteras que pasamos en las lomas y en la cuenca baja de Río Grande.

¿Nos imaginamos que recorrieron todos los rincones del área natural?
Se recorrió gran parte del área propuesta para su protección y cada hallazgo era impresionante, no solo en la riqueza natural, pues también existe importantes vestigios de nuestras culturas pre incas.

¿Verdad que la comunidad científica internacional empezó a fijarse en San Fernando?
En algún momento de mi estadía en Marcona nos visitó  Antonio Telesca, por entonces director de Conservación Internacional (CI), que llegó a San Fernando con Guillermo Reaño. Nos reunimos en casa del padre Julio para conversar sobre los distintos aspectos sobre conservación y estatus legal del área. Ellos también habían venido de recorrer la bahía confirmando la presencia de un número significativo de cóndores hecho que maravilló a Telesca…

¿Qué pasó luego?
Aprovechando que normalmente radicó en Ica, impulsamos la conformación del Comité Regional de Defensa por San Fernando, logrando organizar algunas exposiciones para el conocimiento y  sensibilización del público iqueño acerca de la biodiversidad del desierto costero de San Fernando, emitiendo pronunciamientos de respaldo a la protección legal del área.

¿Eso fue antes del retiro del padre Saldaña de Marcona?
Sí, al poco tiempo crecieron ciertos apetitos en algunos miembros del equipo  científico inicial que evaluó las lomas, por lo que el Padre Saldaña de manera acertada cortó relaciones con ellos por la evidente  falta de ética. Esto originó que el Frente de Defensa de Marcona los declarase personas non gratas para el pueblo de Marcona ya que además habían presentado el estudio final realizado en la zona a título personal, desconociendo en toda forma el liderazgo y coordinaciones del padre Saldaña, la institucionalidad de la Vicaría, el financiamiento de la Iglesia y su pueblo.

¿Digamos que se interrumpió el trabajo que el padre Saldaña y la Vicaría del Medio Ambiente venían haciendo?
Nadie es imprescindible y teníamos que continuar el proceso ahora con profesionales de distintas instituciones de nuestra región a quienes convoqué gracias al apoyo decidido de Román Bendezú, por entonces gerente de Recursos Naturales de la Región. Es así que creamos el equipo técnico regional para concluir con las evaluaciones y empezar a elaborar el expediente técnico justificatorio para crear un área protegida. Nos sirvió el hecho de haber constituido el Comité Regional de Defensa por San Fernando, pues fueron los primeros en ser incluidos con el asesoramiento del siempre entusiasta maestro Carlos Obando, con toda su experiencia de haber sido catorce años jefe de la Reserva Nacional de Paracas y profesor de ecología en la universidad…

El trabajo científico continuó…
Sí. Una novísima decana del Colegio de Biólogos Marianella Salinas respaldó todo el proceso. Destaco también la participación muy especial de Zoila Malpartida, del SENAMHI, con quien se realizó las primeras evaluaciones de clima en la zona, de David Miranda y Magaly Cuba, biólogos iqueños que participaron en la evaluación de flora; el aporte de Jorge Zeballos, jefe de IMARPE-Pisco y por supuesto los  representantes de la Dirección Regional de Producción como el Ing. Ocampo, el proyecto de la Zona Reservada Punta San Juan, entre otros.

¿Fue complicado determinar la extensión real del área que se tenía que proteger?
Una de las primeras acciones que tuve a bien proponer fue la ampliación del área en su límite norte hasta el río Ica para lograr proteger los bosques ribereños de dos cuencas hidrográficas y salvaguardar los restos arqueológicos. Se definieron los objetos de conservación, se recopiló información que era muy escasa y dispersa, para ello se complementó con salidas al campo. Para esta etapa el padre Saldaña había sido enviado al norte del país y no hubo mayor apoyo por lo menos para los gastos básicos de las evaluaciones.

Fue un trabajo silencioso…
Silencioso y muy sacrificado- De todo esto debo resaltar la contribución profesional de quienes participaron porque ninguno recibió nada a cambio, todo fue totalmente ad honoren hasta que entregamos el expediente técnico al 100% al actual gobierno regional vía Comisión Ambiental Regional luego de más de cuatro años de trabajo.