Entrevista
Por Andrea Cabel para La Mula

Héctor Sueyo Yumbuyo y el orgullo arakbut

img_3853

Conocí a Sontone hace unos días en su ranchito solitario junto al río Madre de Dios, en Boca Inambari, pudimos conversar un poco a pesar de las dificultades propias de la cita –él sin saber un ápice de mis intenciones periodísticas; yo, pensando que lo iba a encontrar rodeado de los suyos y en compañía de Héctor, su hijo y autor del libro sobre su juventud lejos de occidente. Aun así, el diálogo fluyó, nos entendimos como se pueden comprender dos extraños al borde de una orilla de un río mágico e inabarcable.

Luego, en Puerto Maldonado, pude reunirme con Héctor Sueyo Yumbuyo, el hiperactivo responsable de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Madre de Dios, para conversar de este magnífico trabajo al alimón con Sontone y también de su pueblo, el pueblo harakbut. Conversamos sin prisas, como dos viejos camaradas, repasando con atención los puntos más importantes del trascendental estudio antropológico que ambos han pergeñado y que acaba de presentar en Lima el Instituto de Estudios Peruanos (IEP,2018).

Consíganlo pronto, su lectura es imprescindible para comprender un poco más la vida de los pueblos amazónicos que empezamos a conocer.
Les dejo esta entrevista de Andrea Cabel que he recogido de La Mula, me gustó mucho.

Hace unas semanas atrás conversé largo y tendido con Héctor Sueyo, hijo de Sontone, y compilador y traductor de las memorias de su padre, recientemente publicadas en un valioso libro publicado por el Ministerio de Cultura y el Instituto de Estudios Peruanos.

He conversado mucho con Héctor a raíz del proceso como se realizó este libro,  y sobre las implicancias académicas, culturales y políticas, que, esperemos, tenga esta publicación. Esta es una entrevista larga, en la que no solo hablamos del “backstage” del libro y de su conmovedor proceso de gestación, sino que también conocemos más del trabajo y de las preocupaciones de Héctor, quien claramente nos dice que los indígenas amazónicos no tienen nada de “pobrecitos”, sino que por el contrario, son sujetos dignos, con historia, agencia, y con orgullo.

Héctor y su padre, Sontone. Fuente: archivos personales de Héctor.

Estamos de acuerdo, y consideramos que esta entrevista es un documento para conocer más la historia detrás de la historia del libro, de los arakbut, y de la vida misma de este libro. Encontramos también respuestas para las dudas que planteamos en nuestro artículo, antes publicado en Noticias SER.

Finalmente, como Héctor señala, posiblemente la mayor relevancia de este libro no solo sea que, “no hay precedente de un libro escrito de padre e hijo  como testimonio de una vida en estado de aislamiento”, sino que este libro también busca “confirmar la hipótesis de que los indígenas sí vivían o algunos todavía viven en armonía directa y permanente con la madre naturaleza” y toda la potente sabiduría que esto encierra.

Dejo las palabras de Héctor, sorprendentes e iluminadoras.

Héctor Sueyo, su historia

Soy Héctor Sueyo Yumbuyo, del pueblo indígena Harakbut de Madre de Dios, del sub grupo Arakbut o Amarakaeri, hijo de padres que vivieron como no contactados hasta los años 1940 y 1950 al interior de la actual Área Natural Protegida Reserva Comunal Amarakaeri. Nací en la misión San Miguel Arcángel de Shintuya de la congregación católica Dominicos, hoy reconocida por el Estado como comunidad nativa de Shintuya, ubicada en la cuenca del río Alto Madre de Dios, en donde inicié mis estudios primarios.

De un momento a otro mi padre me trasladó aguas abajo del río Madre de Dios hacia la comunidad nativa Boca del Inambari ubicado a dos horas de Puerto Maldonado, en donde concluí mis estudios de nivel primaria y donde actualmente vivo con mi padre, entre otros compañeros Harakbut fui seleccionado para una beca de estudios secundarios en la ciudad de Puerto Maldonado con apoyo de AIDESEP y FENAMAD con fondos del Gobierno de Noruega, siendo mi alma máter el Colegio Nacional Guillermo Billinghurts, promoción Javier Heraud.

Luego realicé estudios preuniversitarios en la ciudad de Lima en Universidad Católica y Trenner. Ingresé a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos a la carrera de Antropología y a la Universidad Inca Garcilaso de la Vega a la carrera de Sociología, gracias a mi organización FENAMAD siendo su presidente el líder Ese Eja/Toyeri señor Miguel Pesha Toyeri y gracias al antropólogo británico Andrew Gray(+) realicé mis primeros viajes a Europa, Oxford en Londres, Copenhague, Dinamarca y Oslo, Noruega y en la sede de la ONU en Ginebra Suiza en donde expusimos la problemática principal de territorio y los mineros ilegales en territorios indígenas en Madre de Dios.

1997, En Madrid, España, junto con Antonio Iviche, ex presidente de FENAMAD y el actual Rey de España, entregando las flechas confeccionadas por mi padre Antonio Sueyo durante la ceremonia de recepción del Premio Bartolomé de las Casas. Fuente: Archivo de Héctor.

 Sontone y sus memorias

Gracias a Dios mi padre aún vive en la comunidad nativa Boca del Inambari con sus parientes del clan y de la casa principal ancestral Apodn nerit tapoeri. Él narra sus memorias desde este lugar, en el que vive gracias a un implante de marcapaso bicameral, gestionado a través de FENAMAD, AIDESEP y del ex congresista Awajún Eduardo Nayap Kinin. 


En el hospital Loayza. Fuente: El Comercio

 

Respecto del libro, mi padre se siente contento con el contenido y con la publicación, porque es la descripción de su vida antes del contacto con la sociedad nacional. Todo lo que se dice en el libro es verdad, y esto siempre lo recalca mi padre. Él recalca siempre lo feliz que vivía en la casa principal ancestral y también dice que hay mucho más por contar sobre su cultura viva ancestral, para que las nuevas generaciones sepan realmente cómo era nuestro pueblo Harakbut, sub grupo Arakbut o Amarakaeri. 

Mi padre manifiesta que mientras esté con vida quiere seguir brindando su testimonio, para que los foráneos no sigan diciendo que vivíamos “pobrecitos, dando pena” y otras descripciones despectivas que suelen calificarnos a la fecha.

Sontone. Fuente: Servindi

La elección de un nombre

Eulogio Nishiyama de origen japonés, fue el único fotógrafo de Apagntone en los años 1940 y 1950, en una de ellas tomaron una foto de mi mamá con mi abuela y otras mujeres que aún viven en comunidad, en un inicio queríamos escoger la foto de mi madre para la portada del libro, pero mi padre y yo escogimos la foto que está actualmente en la carátula del libro, porque es la cara de un Arakbut o Amarakaeri joven y fuerte, ya que mi padre no quería mostrar su cara de vejez.

LUGAR: RÍO IRISIWE
FUENTE: EULOGIO NISHIYAMA
AÑO: 1950
MI ABUELA, AYWEBUYO
MI MAMÁ, YUMBUYO 
MI TÍA, BURAYSA
MI TÍA, MÜYÖ 
MI TÍA, BACHIWAY
HOMBRES PELO LARGO, MUJERES CORTO

 

“¿Solo los no-indígenas pueden escribir?”

Yo siempre soñé con escribir un libro sobre las memorias de mi padre y sobre la cultura a la cual pertenezco, pero también sabía que no era fácil escribir con una lengua materna Harakbut y teniendo al castellano como lengua secundaria. No obstante, en un momento tomé la decisión de empezar a escribir la historia ancestral de mi pueblo. Hice esto siguiendo mi formación profesional como sociólogo. 

No obstante, ya se imaginarán que no es tan fácil ponerse a escribir un libro, de hecho, es todo un sueño hecho realidad. Por ello, conversé primero con mi esposa Betty Gutiérrez y con mis allegados.  Yo me preguntaba: “¿Sólo los no indígenas pueden escribir? y ¿qué de los indígenas?”, luego dialogué con muchos antropólogos generalmente extranjeros, para contrastar preguntas y respuestas.

Luego comencé a recopilar mis saberes ancestrales a través de mi padre, quien me dio su consentimiento para este trabajo. Quiero comentar además, que él siempre me dice que prefiere vivir como antes en su casa principal ancestral. Esta añoranza de mi padre es de cada día, ya que actualmente en una comunidad la autoridad es legal “vales más” en relación al nexo con lo externo y no necesariamente la autoridad es la tradicional. De esta forma vivir en comunidad le aburre, porque actualmente todo se adquiere con dinero y todo está en función de “tanto tienes tanto vales”. Si así es en una comunidad, es muchísimo peor en la ciudad, donde se diferencian los estratos sociales a través de los apellidos, de la capacidad de bienes que uno posee y de, incluso, el uso de determinada marca de un zapato. 

El nacimiento y el crecimiento completo de “Soy Sontone”

Para escribir este libro nos facilitó que ambos hablamos bien la lengua materna Arakbut o Amarakaeri, aunque mi padre hablaba la ancestral y yo la moderna.

El nacimiento de este libro, al menos como idea, comienza cuando era aún estudiante y viajé a Ginebra, Suiza. Ahí conversé con mi amigo Andrew Gray y me dijo que algún día un indígena iba a escribir un libro sobre los harakbut y que su libro iba ser tirado en medio río de Madre de Dios.  

Decía que los harakbut tenían mucha riqueza cultural que faltaba visibilizar, en ese instante me dijo:  “podrías ser tú”, yo me quedé callado, no tenía ni idea cómo se empezaba a a escribir un libro. Así pasaron los años, cuando terminé mis estudios y tuve mi pareja, en varias conversaciones, mi esposa Betty Gutiérrez, que me ayudó mucho en este proceso, me dio la fuerza moral para escribir y así se fue formando este libro.

Entonces, en el 2002 en Puerto Bermúdez en Pasco, cuando estaba trabajando en el área natural protegida Reserva Comunal El Sira, un área bajo la coadministración entre el Estado (SERNANP) y las comunidades nativas de los pueblos indígenas Ashaninkas del Pichis, Ashéninkas del Gran Pajonal, Yáneshas de Yuyapichis, Puerto Inca y Honoria y Shipobo-conibos de Alto, Medio y Bajo Ucayali, vi la fortaleza de identidad cultural de otros hermanos indígenas. En especial su lengua, trajes y su riqueza cultural. 

Todo esto me dio más fuerza como indígena Harakbut. Compré un cuaderno de 50 hojas, empecé a escribir en ese cuadernito de 50 hojas. Luego a medida que iba escribiendo me faltó más hojas. Continué escribiendo en Satipo. A veces era mi esposa la que digitaba cuando yo le dictaba en castellano y mi padre seguía contándome en nuestra lengua. Los fines de semana usaba la laptop de mi trabajo, y tipeaba por las noches. 

Así sucesivamente en varios años y en diferentes lugares iba escribiendo. En mis ratos libres cuando trabajaba como servidor público (ahora tengo 15 años de experiencia profesional) me entretenía con la historia de mi pueblo narrado por mi padre. Siempre, al momento de transcribir sentía que yo estaba imaginariamente en la casa principal ancestral con mi padre y a veces lo notaba  triste cuando narraba su vida de su niñez, adolescencia y la juventud.

Las partes más complicadas para escribir eran aquella en las que debía diferenciar a las personas con el mismo nombre de diferentes clanes y casas principales. También cuando debía traducir las palabras del harakbut ancestral moderno, y de ahí al español. Habían ciertas limitaciones. Lo mismo con los sinónimos de las cosas o animales, peces y aves. Así como con definir nombres y apellidos a las personas desde sus ancestros, es decir la construcción del árbol genealógico de las personas de las casas principales y clanes. 

Yo pienso que el ingreso de la religión a la Amazonía tiene su lado bueno y su lado malo.  Nos brindaron atención de salud y educación. Por eso a la fecha  hablamos  castellano para relacionarnos con lo externo. Además, yo estudié en la misión de San Miguel Arcángel de Shintuya, me bautizaron, contraje matrimonio con mi esposa en la catedral de Puerto Maldonado. 

Cuando llegó el Papa hemos realizado con otros jóvenes de la comunidad nativa de Puerto Luz un ritual Harakbut, como una forma de rescate cultural a través de nuestra pintura corporal. Además quiero mencionar que esta pintura corporal está rumbo a la declaratoria como Patrimonio Cultural de la Nación, así como también junto con mi padre hemos entregado nuestro libro y finalmente por grata invitación del Obispo de Madre de Dios tuve la oportunidad de almorzar con el líder mundial católico PAPA FRANCISCO de quien estamos muy bien bendecidos por él y por Dios en este encuentro histórico. 

FUENTE: SERVINDI

 

De otro lado, prefiero que haya llegado la religión a los caucheros. Prefiero que nos hayan contactado los propios indígenas sabios Wachiperis y Toyoeris, entre otros que acompañaron al Padre “Apagntone” José Álvarez , está bien que hayan sido los misioneros católicos, con el machete bajo la manga para fomentar este acercamiento. Mi padre no salió en busca a los misionero sino salió persiguiendo al objeto metálico llamado machete, ese es el verdadero culpable del contacto con la mayoría de los indígenas que han vivido en aislamiento con la sociedad nacional. Ese es el contexto en el que se instaló la primera escuela y posta en Shintuya donde fueron atendidos la mayoría de mis paisanos y también fue atendido mi padre cuando le picó una serpiente en la mano cuando sacaba pijuayo.

Respeto por el aislamiento voluntario

Madre de Dios es un lugar privilegiado para muchos extranjeros por ser la “Capital de la Biodiversidad”. Todavía tenemos pueblos indígenas en situación de aislamiento o “no contactados” y se necesita garantizar para mis hermanos un espacio físico dentro de su territorio ancestral. 

De otro lado, yo creo que ya no se les debe llamar nómades, porque el concepto de nómade, a mi entender se refiere a las manadas de huanaganas que no tienen destino fijo al caminar. Esto es distinto con mi pueblo y con otros, en los que habría tres fases para sus recorridos estacionales y la fase 4 es el lugar del contacto con la sociedad nacional. Explico más de todo esto en el libro. 

Ahora hay todavía mucha gente incrédula sobre la existencia de mis hermanos indígenas no contactados. Creo que deberían sensibilizarse a través de los medios de comunicación masiva, porque ya estamos en la era cibernética y existen protocolos legales nacionales e internacionales que deberían ser respetados. Se deben respetar las formas de vida ancestral evitando el contacto físico en todo momento,y debe frenarse la actividad de los extractores madereros, castañeros entre otros. 

Planes

Sinceramente me gustaría continuar trabajando en el Ministerio de Cultura para desde ahí seguir declarando el patrimonio cultural inmaterial indígena como Patrimonio Cultural de la Nación. Tal como la Cestería Ese Eja ahora ya es Patrimonio Cultural de la Nación en Madre de Dios y el día 20 de abril del presente año, fue la propia Dra. Patricia Balbuena Ministra de Cultura a entregar dicha declaratoria a manos de las Tejedoras Ese Eja. 

Ahora el Ministerio de Cultura está en proceso de reestructuración, parece que se está retomando y ratificando con personal profesionales especializados en los temas de patrimonio cultural, industrias culturales e interculturalidad.

16/5/2018

SONTONE ENTRE DOS MUNDOS