Entrevista
Por Gianmarco Castillo para La Mula. Fotos: Adriana Mon

Maya Watanabe: “Vivir del arte es una idealización”

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Me muero por Maya Watanabe, la excelente artista visual que la rompe al otro lado del charco, la hija de Gredna Landolt y el poeta José Watababe. mi alumna en Los Reyes Rojos hace tanto tiempo, La nota que les paso es del gran Gianmarco Castillo y viene con los videos de lo mejor del trabajo de esta muchacha talentosa que sigue terca cumpliendo sus sueños. Orgullo de maestro, que le dicen.

Hoy, extrañamente, es un día de invierno. A pesar que la resistencia de este verano limeño se ha prolongado, hoy es un día para abrigarse. Una frondosa selva de nubes se ha posado sobre la ciudad, logrando que el tiempo y la luz se coagulen. El día pinta para contemplar la ciudad en su flujo más natural y duro: los autos andan en línea recta, las aves vuelan en círculos, las personas caminan mirando sus problemas. Todo siempre desde una mirada con cierta distancia que se disfruta. Esa misma distancia, ese mismo efecto de eterna contemplación al que hoy la ciudad nos amarra, es de alguna manera la actual línea que viene desarrollando la artista Maya Watanabe (Lima, 1983), con quien pactamos reunirnos hoy. 

Maya es una de las más importantes videoartistas que ha tenido nuestro país, en esta oportunidad vuelve a Lima para exponer y dejar en evidencia, mediante esta última exposición, que no ha dejado de pensar en su lugar de origen. Una instalación de dos canales que aún carece de nombre, y que ha puesto en la mesa una vez más, de manera sutil, el tema que ya antes había tocado, el conflicto armado interno. Sin embargo, la artista prefiere mantener una distancia prudencial sobre el tema, una distancia que le provoque una comodidad desde la cual pueda plantear su puesta en escena. 

Maya ha logrado un sinnúmero de distinciones y residencias, siendo la última el premio de Residencia Res Artis por la obra Escenarios II (2014). Residencia que será realizada en Kyoto Art Center em Kyoto, Japón. 

Nos reunimos con la artista en el pórtico de 80m2 Livia Benavides, galería que antes alojó Escenarios y que hoy expone su última obra.

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En los últimos años visitaste Lima para exponer nuevas obras, esta vez vienes con una que aún no posee título, pero sí exposición…

La ausencia de nombre se debe a que surgió la oportunidad de mostrarlo aquí y aceleró el proceso de encontrar el título. Este trabajo es una maqueta de 20 metros cuadrados, los edificios y los accidentes geográficos están compuestos, de distinta manera, en dos pantallas. Es la conjunción de las dos en paralelo, articulando una sola memoria de dos maneras distintas. Lo pienso siempre como un trabajo de arqueólogo, una especie de excavación a estos estratos de la memoria, o impresiones visuales, de ciertas situaciones. Todos son recuerdos que abordan de manera muy oblicua y poética. La idea era que todo estuviera en equilibrio con el paisaje, para así dejar al descubierto el artificio de una puesta en escena, la maqueta como una escenografía.

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FOTO: ADRIANA MON / LAMULA.PE

A pesar de vivir mucho tiempo fuera del país, últimamente los temas que afectan a nuestro país están siendo parte de tu propuesta y se siente una distancia en la ejecución del video…

Hay un montón de distancia cuando hablo de esto. Primero porque es bien complicado para mí encontrar un lugar donde pudiese hablar, porque yo no lo viví de cerca como alguien de Ayacucho, por ejemplo. Entonces, mi forma fue a través de algo más poético, centrado en Lima y con mucha distancia. Sí que he tenido mi trabajo centrado en otros intereses, y luego ha habido una especie de punto y aparte para tratar otros. En esos otros hay una intención de acercarme más a un contexto peruano, pero suma otra serie de cosas también.Hay un trabajo con la palabra que ya no estoy haciendo, más bien es un trabajo con el silencio, con la memoria, con el paisaje, con lo escénico. Antes se daba de otra manera, quizás sí tenía lo escénico, pero a través de la actuación más que de la escena en sí.

Podríamos decir que entre obra y obra hay hilos que los atan sutilmente, se siente como si quedaran temas pendientes y los intentas abordar luego…

Sí, totalmente. Igual entre el Péndulo (2013) y Escenarios (2014) hay un corte que mantiene los temas subterráneos, de alguna manera es el mismo tema enfocado desde otro lugar, y un desarrollo formal que mantiene ciertas cosas pero que distan muchísimo del anterior.

¿En qué momento te comenzó a interesar el conflicto armado interno como un tema planteable en tu obra? 


FOTO: ADRIANA MON / LAMULA.PE

No sé en qué momento aparece en el trabajo, como interés siempre estuvo, pero hubo un momento en el que me puse a leer muchísimo, y recién se ha visto reflejado en el trabajo después de años. Pensé seguir esta línea de trabajo con textos, estuve investigando y leyendo la CVR, pero finalmente no encontré este lugar de comodidad del que te hablaba. Yo no puedo usar las palabras de otra persona, no me veía capaz de hacerlo.

También es una posición que me cuesta asumir, porque yo nunca he hecho un trabajo con una línea politizada. Esto de pronto, sí son temas que son políticos pero desde un punto de vista poético. Tampoco me siento cómoda diciendo estoy haciendo arte político, o si me dices que estoy hablando del conflicto armado interno no te puedo decir que sí, porque no me siento honesta con lo que estoy haciendo. Estoy hablando de eso, por supuesto, pero es desde un punto de vista que mantiene tanta distancia, que se acerca más hacia lo poético.

Al haber vivido, como dices, indirectamente el conflicto armado, pudo haber marcado tu mirada como artista, sin embargo, no es ahí cuando decides dedicarte a las artes, eras muy pequeña aún. ¿Cuándo nace ese interés por el arte en general?

Desde chiquita quise pintar, siempre tuve claro que quería estudiar bellas artes, hasta que entré a estudiar y me di cuenta que no era lo que quería. Lo que no me gustaba eran las artes plásticas. En el primer año de la universidad empecé a interesarme por la teoría del arte y la tecnología, empecé a abrir campo por ahí, a partir de la teoría me comencé a interesar también por el arte en Internet, y a través de este pasé al video. Ha sido un camino inverso, si hablamos cronológicamente de la concepción de estas disciplinas. La primera vez que hice algo de video fue en el 2004 y a partir de eso no cambié.

Estudiaste en Perú y luego en España, sitios muy distantes en cuanto a sus formas académicas, ¿Sientes que llegaste a un balance entre lo clásico y lo contemporáneo?

En la Católica tuve una carencia enorme, sin embargo, hacía grupo de estudio con tres amigas. Nos reuníamos todos lo viernes para discutir textos, en esa época no había acceso a otra cosa, todo era muy clásico. No te hablo de no tener una clase de fotografía, sino de leer textos en clase y formular un pensamiento crítico de la actualidad. Pero cuando fui a España, me encontré con lo opuesto. Estuve en Madrid, en la Universidad Europea, y claro, era una universidad muy enfocada en el arte contemporáneo. Todos los profesores eran jóvenes artistas activos, y eso estaba buenísimo. Como dices tú, tenía los dos extremos y eso fue muy bueno para mí porque pude hacer el puente entre las dos cosas.

Además, sé que también eres algo autodidacta, eso también construye ese puente…

Sí, ya cuando llegué a Madrid estaba sedienta, empecé a investigar más, a ver cosas, a visitar galerías. El aprender video ha sido autodidacta, en la universidad solo he llevado un curso. Todo lo he aprendido en la práctica, al comienzo no tenía la menor idea de nada, y no te digo de coger una cámara porque la cámara no la cojo hasta ahora, te hablo de organizar cosas, orquestar un equipo. Todo eso ha sido algo que he tenido que aprender sobre la marcha porque no tenía ni idea.

Ese autoaprendizaje se puede ver en sus primeros pasos con Autorres (2005), con una edición nerviosa y una seria interpretación. ¿Cómo nace tu primera obra?

A mí me gusta mucho ese trabajo, porque está como en bruto todo. Es un ejercicio de la universidad, me piden hacer un autorretrato, y es de lo primero que hago. Luego de un par de años vuelvo con Changeover (2007), pero en ese primero hay como un montón de fuerza, como en bruto que no está pulido y que es como hasta inocente.

Sin embargo, descansas un segundo del cine para que la literatura asome en Caso Nominativo (2010), desmembrando un poema de Eielson…

Ese trabajo escapa un pocos a la línea que hacía en ese momento. Era una idea que tuve muchísimo tiempo y que al final lo hice en dos semanas, luego de un año de inactividad. Lo filmé en Francia, andaba buscando un coro de personas y me encontré con un grupo de cantantes de ópera vestidos de blanco, cantando la canción de Superman en la calle. Estos iban perfecto, les comenté el proyecto y aceptaron. También está el trabajo de deconstrucción del texto, tenía ganas de hacer este proyecto y busqué un montón de poemas. Caso nominativo era el que hablaba justamente de nombrar, de darle vueltas al sentido del texto, darle vueltas al significado, lo mismo de lo que va el video.

Desdoblar la personalidad en base a los diálogos de distintos tiempos, ritmos y voces es algo fascinante en tu obra, en Aphanousia (2008) llega más claro y directo, pero luego de Abrasis (2009) paras con esa metodología..

Sí, supongo que me agoté de trabajar de la misma manera. Usar audios de películas es un recurso que me encanta pero que fue perdiendo el sentido para lo que quería hacer después, sin embargo, se ha ido transformando en otra cosa. En Apahanousia, está esta idea de fragmentación de una identidad, cómo una sola persona puede corporizar varias voces, y todo eso está en semilla en Autorres. Luego en Abrasis fue como darle una vuelta de tuerca más, pero todas estas ideas de una identidad que pueden partirse en dos es algo que continúa en El Contorno (2011), pero ya ahora sin audio de películas. Autorress si es la semilla de todo, aunque a priori no es rápidamente referenciable.

Luego presentas El Contorno, pieza de tres canales donde hay un cambio que además de los audios, los planos y movimientos de cámara son más sofisticados, fragmentan a los individuos, fragmentando su identidad narrada… 

Supongo que llegó un momento en el que se había agotado el uso del sonido, pero mantuve el lenguaje visual fílmico.Tomo herramientas cinematográficas como los planos secuencias, pero no los adopto. Hay un acercamiento más a lo escénico y no siento que estoy adoptando el lenguaje cinematográfico, sino que uso sus herramientas, finalmente es una pantalla partida.

La identidad también se ve unificada inconscientemente en las religiones, que es en parte lo que abordas en Péndulo, con tres religiones, en tres pantallas…

Surge también como producto de El Contorno, ahí también esta la idea de la pérdida de los límites, son tres pantallas, no hay adentro o afuera. Esta falta de disolución de esos límites es un poco el énfasis en El Contorno. Es la misma idea que persigo en un principio en Péndulo, también la disolución de esos contornos. Como una identidad-entidad puede perderse en el sentido unitario, es un trabajo recontra complejo también. Tiene varias capas y flancos que me interesaron, por un lado, pero por el otro, como dices tú, un acercamiento con mucha distancia. Casi contemplativo como dices. Yo no he tenido una formación religiosa de ningún lado, y mi acercamiento es más bien antropológico, si quieres, un interés histórico o cultural.

Efectivamente, es una mirada contemplativa con distancia y bastante respeto, sin dejar de plantear las preguntas, que siento que no tiene mucho que ver con la religiosidad sino con las semejanzas entre ellas…

No es un trabajo que hable de pura religión, por supuesto. También habla de perder una referencialidad en el espacio cuando ves el video, cómo una cultura se construye a partir de un texto, o como se puede agotar el texto y llevarlo al extremo. Justamente, el movimiento de cámara es el agotamiento, una repetición que gira y gira. También hay un estudio de la semejanzas, a veces me preocupa que solo se lea desde un lugar religioso. Todo el tiempo debo estar insistiendo que tiene que ver con cosas mas allá del sentido religioso.

Al revisar toda tu obra, siempre es inevitable el diálogo al visualizarla…

Sí, por supuesto. Afecto el espacio arquitectónico a través del video y la percepción de ese espacio. Estoy pensando todo el tiempo en el espectador, sobre todo en esto de la instalación, no solo con lo que sucede en los videos, sino de eso en relación a las pantallas como elementos arquitectónicos. Hay un momento donde el video te envuelve y pierdes las referencias espaciales. Digamos que disloca el espacio a través del video, primero por las formas de la cámara pero también por la forma de la instalación.


FOTO: ADRIANA MON / LAMULA.PE

Podríamos decir que tu trabajo se divide en dos, donde prevalece la palabra y lo actoral, y donde todo eso se esfuma para convertirse en algo netamente contemplativo…

Me cansé muchísimo. Para hacer el Péndulo estuve un año y medio leyendo, ocho horas a la biblioteca. Como no tenía esa formación religiosa, tuve que formarme. Hablé con profesores de teología y religión para formar mi propia currícula. Tuve que leer los tres textos y transcribirlos, terminé muy agotada. No es que de un momento a otro cortas con todo lo anterior, pero si he tenido estos momentos de quiebre, por una necesidad de reinventarte o preguntarte cosas de otro lado, preguntas que necesitan plantearse de otra forma. Lo de escenarios sí que deja de lado muchas cosas, pero también es incorporar otras.

Péndulo marca el fin de tu obra con textos, para luego dar paso a escenarios, un cambio radical, planos secuencia de 360 grados netamente contemplativos, sin actores, ni texto..

Yo sí que entendí escenarios como textos, como frases, como situaciones donde hay dos cosas pasando y son dos cosas que puedes nombrar con una sola palabra. Un carro que se quema, por ejemplo. Yo lo sentía como palabra no como oraciones. Cada pieza tiene un subtexto comprometido, pero es disitinto, es verdad. Siento que de tratar un tema de la identidad, como algo flexible o fragmentado, paso a hablar de la memoria, como flexible o fragmentado, es lo mismo, el entendimiento no viene tanto por la forma si no por la base. Lo mismo con este ultimo trabajo, que también son dos situaciones articuladas de manera distinta. Si yo te hablo de Abrasis puedo usar la misma oración para definirte este último, donde no hay personas. El concepto es el mismo aplicado a la memoria, y a la memoria como identidad. En mi caso sucede como identidad asociada a una referencia geográfica. La identidad como concepto, la segunda como identidad asociada a una referencia geográfica.

Y para evidenciar ese subtexto en la imagen tuviste que emplear, una herramienta narrativa casi inhallable en tus obras, el silencio…

Lo busqué un montón, pero no lo encontré para nada. En los vídeos con actores, por ejemplo, siempre intenté dar aires, pero era incapaz de hacerlo. Quería meterlo, pero no lo lograba, no sé cómo explicarlo. Hay mucha cosa que pasa por el agotamiento de una herramienta, de un elemento, y creo que la palabra me superó. Casi todos los proyectos eran con texto, pero justamente sobre la renuncia a este, aunque estuviese usándolo todos eran el rechazo, el renegar al lenguaje, hasta que finalmente reniego del todo.

Fuiste jurado del último Festival de Cine Independiente de Lima. Estando en esa posición, ¿no te nació el interés por hacer cine experimental?

Si hiciera algo, estaría cercano a eso. Nunca me lo he planteado, de repente me gustaría en algún momento hacer algo, pero ahora mismo no tengo ningún interés. Me gusta muchísimo, pero no tengo un interés real, en algún momento lo tuve pero como para aprender más de las herramientas del cine. Nunca digas nunca, pero de momento no tengo un proyecto.


FOTO: ADRIANA MON / LAMULA.PE

Para terminar, me gustaría hacer una pregunta que seguramente te la deben hacer a menudo. ¿Es realmente posible vivir del arte?

Se puede sobrevivir del arte. Es complicado, es una apuesta enorme y miles de veces mi familia me ha dicho: “¿por qué no trabajas?”, cuando me han visto sin dinero. Ha sido una apuesta que uno toma y durante algunos años aposté por una cosa, pero en el camino vas perdiendo otras. Si apuestas por algo y finalmente tienes la suerte, es producto de una conjunción de miles de factores que hacen que alguien pueda dedicarse a eso. Todo conlleva un esfuerzo y una renuncia, hasta que finalmente lo logres, y si es que lo logras. Puedes renunciar durante toda tu vida a muchas cosas por algo que al final no conseguirás. Por otro lado, creo que hay una idealización de vivir del arte. Yo no sé qué tan real sea eso. Tengo esa impresión, que se ha idealizado mucho el hecho de vivir íntegramente del arte, a poder vivir de tu producción artística. Es como si esa fuera la meta de alguna manera, o que si has logrado eso es porque te está yendo bien, y no es así. Puedes haber logrado eso y ser un artista comercial sin ningún sustento. Digamos que puedes ser un artista comercial, que te vaya bien a nivel comercial, y eso no te hace un buen artista a otros niveles. No solo porque puedas vivir de esto, te convierte en un buen artista, en absoluto. Vivir del arte es una idealización.