Entrevista
Por Mariella Balbi para El Comercio

Rolando Arellano: “Estamos juntos, pero no nos hemos mezclado”

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Capo Arellano, sabe. Lo suyo indudablemente es auscultar las conductas de los nuevos peruanos, esos que se amontonan en los malls de la Lima emergente, también en Huacho, Chincha, Ica, Pucallpa, Cusco, Piura, Huancayo y tantas otras ciudades que voy recorriendo. Esos que compran a montones en Macro o en la Curacao y que están definiendo el rostro de este país cambiante y a veces incomprensible.

Suscribo cada una de sus respuestas. El Perú que hoy está de aniversario no es el mismo que dejó Fujimori. Es otro, ha evolucionado, lleva dos lustros de crecimiento económico y esperanzas (de miles, de millones de sus habitantes) cumplidas. O en camino de cumplirse.

Seguimos siendo, eso sí, el país escindido socialmente, el país de los guetos de todo tipo. Hay que ponernos las pilas, vivimos una coyuntura única, impensable hace quince años.

Disfruten la lectura de esta significativa entrevista al experto en marketing Rolando Arellano, sus juicios sobre el Perú de nuestros días sí que son serios…

¿Cómo llega el Perú al 28 de julio del 2015?
Si ves el año transcurrido, probablemente hay un poco de angustia y de pesimismo para algunos, porque las expectativas de crecimiento económico eran mayores. Pero si observas el mediano plazo –20 años atrás– vemos un Perú tremendamente cambiado. En ese lapso, el desarrollo económico duplicó el ingreso de los peruanos y disminuyó las desigualdades. El índice de Gini pasó de 0,55 a 0,45. Es un montón. Incluso desaparecieron elementos característicos de la división social anterior.

¿Por ejemplo?
La educación. Hace 20 años, ser profesional o no era una característica de la clase social. La educación universitaria era para las clases altas. Hoy vemos una gran democratización de las profesiones. Tener auto era una característica de clase, también se ha democratizado. Casa propia en los 60 era un sueño. Hoy el 70% de los peruanos son dueños de sus casas. Acceso a refrigeradoras, bienes, eran muy caros antes. Hasta la moda es compartida por todos.

¿El de hoy es un Perú unido?
No. Crecimos económicamente, pero no en unidad social. La economía ha hecho que nos parezcamos más, aunque no hemos construido un país en el que vivamos juntos. Estamos juntos, pero no nos hemos mezclado.

¿No hay una identidad nacional?
El Perú es un país en formación, pero lo está haciendo más despacio que nuestras posibilidades. El mayor cambio social es la migración. Al llegar a la ciudad pierdes la identidad con tu tierra porque Lima es inmensa. Formas parte de un grupo muy grande, hay cajamarquinos, iqueños, puneños. De todo. No se gana una identidad.

Es como un purgatorio…
Así es. Se está formando. Sin embargo, quien nace en Lima hoy tiene 20 años, y es hijo de ayacuchana con piurano, no es un limeño. Es un peruano por mestizaje. Las ciudades son agresivas. La ciudad tradicional no los deja entrar, primero los rechaza. Crecen solos y no se identifican.

¿Los conos de Lima son como un círculo de tiza respecto a los distritos tradicionales?
Son dos culturas que crecen distintas, no se conocen.

¿Qué nos une a los peruanos?
Creo que el único punto que nos une es la gastronomía. Ha cruzado la frontera entre los dos grupos. Ciertamente, es el resultado de esta migración. Hace 20 años existía la comida arequipeña, chiclayana, etc. La comida peruana surge cuando se mezcla el tacacho con el arroz y el pescado. Es una novedad y ha sido asumida como algo que nos representa. No hay mucho más. Tal vez la música te une un poco. Reaccionamos por ejemplo frente a Chile por el pisco, nuestra quinua. Pero es por lo negativo, porque nos quieren quitar algo. No es que lo reconozcamos siempre como nuestro.

El deporte solo ofrece frustraciones.
El fútbol podría ser algo que nos una, pero no da buenos resultados. Las periferias han crecido económicamente por el individualismo, que es lo natural. La única forma de crecer es a codazos, sin ayuda del Estado. Pero llega un momento en que ese individualismo ya no es interesante, se necesita colaborar, ya son muchos. Esa colaboración no se da, nadie la estimula.

¿Cómo se plasma la colaboración?
Los únicos que pueden aglutinar son los políticos, las autoridades. Todos ofrecen obras, pero nadie plantea mejorar las condiciones personales. Ejemplo: el tráfico. Los alcaldes dicen que se arregla haciendo más anillos, más pistas. Ninguno menciona que también se soluciona respetando las reglas. No tocan todo el tema de software. Se abocan a lo económico, y en eso hemos crecido, falta el otro lado, lo social.

¿Falta institucionalidad?
Así es. Hemos aprendido la letra pero nos falta la música, no podemos bailar. La economía avanza, la parte social no, se están generando dos mundos.

Es el mundo de la informalidad.
Gran parte de ese crecimiento no se debe a los gobiernos. El Perú es 70% informal. Pero creció gracias a esta anarquía. Aunque ya no es suficiente, con ello no se puede construir más, sirvió para sobrevivir.

¿Es posible formalizar a ese 70%?
No solo se puede, se debe. La informalidad tiene que ver mucho con las instituciones. No pago impuestos al municipio y los servicios son escasos. Por eso cualquier servicio que me den es ganancia. Si el alcalde roba, no importa, estoy ganando algo. Esto permite entender el sentimiento: roba pero hace obra. Para quien no paga impuestos –la mayoría– no le afecta que se robe la mitad de una pista, es pura rentabilidad.

¿Somos negativos los peruanos?
No especialmente más que el resto de América Latina, tampoco más chismosos. Aquello de que el Perú es un mendigo en un banco de oro lo dicen exactamente igual en México. Ocurre que levantamos lo negativo. Hay cosas positivas, la solidaridad de los grupos. Los comedores populares sacaron, en buena cuenta, de la crisis al Perú. Los pueblos nuevos se deben al trabajo. Los peruanos trabajamos muchísimo. Pero se levanta que somos flojos. Por eso creo que el siguiente paso no es económico, sino institucional, social, cultural. Cómo unimos esos dos mundos que están creciendo.

¿Qué políticos representan a esa nueva clase media?
Ninguno. Tampoco hacen que a ese sector le interese la política. Ninguno de los grandes les habla a ellos. Acuña lo hace más o menos con ese mensaje: empecé de niño, llegué a rector, etc. Eso les ha pasado a 15 millones de personas. Por eso la mayoría de alcaldes son caudillos. El concepto de izquierda no funciona en este grupo, el reparto de la propiedad no funciona. Hay más propiedad en este sector que en los ricos.

¿La seguridad sí es importante?
Claro, pero en términos de mi seguridad. No me interesa la de Miraflores, sí la de Villa María del Triunfo. El votante no tiene relación con el ingreso económico. Cada uno es un voto. Además, ahora quieren seguridad porque tienen algo que defender. Hace ocho años preocupaba el trabajo. Seguridad es el gran reclamo y el siguiente es: dame ciudadanía.

¿Cómo se traduce?
Trátame igual que todos, dame servicios, inclúyeme, me lo merezco. Ningún alcalde educa a la gente sobre el tráfico. Ningún presidente les dice, paga tus impuestos para tener esto. Nadie educa, todos ven la economía. Al 70% de la población no les interesa la presidencia del Congreso. A ellos pregúntales qué hace Milett Figueroa, los convoca más que las acciones del ministro de Economía.

¿Se banaliza la sociedad?
Claro que se banaliza. No le estás dando el tratamiento de la información que ellos necesitan. Los medios tienen solo la pequeña política o la farándula.

La farándula es como una adicción, si no la ofreces no hay ráting.
Es probable. Pero los grandes innovadores han roto esa tendencia. México, Chile tienen cosas mejores y ahí funcionan.

México tiene a Laura Bozzo y es popular…
Pero tiene otras ofertas al lado. Somos un país donde hay dos sociedades. Una parte recibe de los medios cosas banales. Si sacan algo distinto una semana y el ráting no funciona, regresan. Pero una adicción no se cura en un día. Los medios tienen una mala interpretación de lo que es márketing. No es darle lo que la gente quiere, sino lo que necesita.

¿Para esos jóvenes ‘adictos’ el cuerpo es una mercancía, sirve para llegar a la TV, la competencia feroz es lo único que existe?
Sí, reciben la banalidad de la vida. No obstante, en el mundo, los jóvenes quieren ser Michael Jackson, etc. El problema radica en que es lo único que se entrega. Pero los medios pierden, porque con el tiempo los jóvenes entrarán a Internet, la penetración es cada vez mayor, al cable, otras opciones y perderán ese mercado. Muchos de los problemas que tenemos no son de demanda, sino de oferta. No es que los peruanos seamos especialmente faranduleros ni antipolíticos, sucede que no recibimos más.

¿Los jóvenes decidirán la próxima elección, qué aspira la mayoría?
El joven mayoritario es tercera generación de migrantes. Su abuelo llegó a la ciudad, vino con sus huainos, fue la punta de lanza. El hijo fue ‘chicha’. Ese joven ha recibido influencia serrana y costeña. Lo serrano es una especie de tradición, quedó atrás. Serrano ya no es peyorativo. Si alguien quiere insultar así, es un viejito. Ese joven está mucho más empoderado, estudia, probablemente está en el negocio de los padres y tiene aspiraciones de comodidad.

¿Pero lo económico es fundamental?
Sí, pero lo era más para su padre. Su abuelo sobrevivió, su padre surgió económicamente, ellos quieren comodidad, fundamentalmente reconocimiento social. Dicen: tengo el mismo nivel económico que la gente de mi universidad, quiero respeto, buen trato. Igualmente, no hay ningún candidato que hable a los jóvenes, no abordan sus aspiraciones. El único que recordamos es Alan García cuando en el 2001 hacía conciertos, etc., pero tenía 15 años menos. No sé si en ocho meses se podrán adaptar a esto.

28/07/2015