Francisco entre los pobres: el encuentro del Papa y los Pueblos Indígenas del Perú, una crónica desde Puerto Maldonado

Guillermo Reaño para Solo para Viajeros

Mi opinión

El Papa Francisco visitó el pasado 9 de enero Puerto Maldonado, la capital del maltratado departamento de Madre de Dios. Dejó un manifiesto por la vida y el cuidado de la naturaleza que llama la atención de los involucrados por lo poco que se está haciendo para restañar las heridas que ha venido sufriendo desde hace tanto la Amazonía y sus habitantes originarios. Estuvimos para contárselo…

Los fuegos cruzados entre la población minera y los impulsores de la esperada visita del Papa Francisco a Puerto Maldonado, la capital del departamento de Madre de Dios, en el sureste de Perú, se hicieron más intensos durante los días previos a fin de año.

Es que en una región donde la minería aurífera participa con un 40,9 por ciento en la conformación del Valor Agregado Bruto  (VAB), la posibilidad de que el pontífice argentino condenara la forma tan desprolija como se ha venido realizando la actividad no estaba en la agenda de una comunidad  mayormente católica que vive orgullosa del nombre con que bautizaron al departamento creado oficialmente en 1912.

Campamento minero en La Pampa, Madre de Dios. Foto: Agencia Andina.
Campamento minero en La Pampa, Madre de Dios. Foto: Agencia Andina.

En la radio local y en las calles de la ciudad el malestar de los habitantes que directa o indirectamente dependen de la actividad minera motivó la oportuna reacción de monseñor Daniel Martinez, Obispo del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, el territorio eclesiástico que visitó el día viernes 19 Jorge Bergoglio, un espacio geográfico que abarca todo el departamento de Madre de Dios y algunas provincias de Ucayali y Cusco.

“Me ha llegado la preocupación de algunas personas, sobretodo de los hermanos que están viviendo en la zona del corredor minero en La Pampa, de que el Papa viene a arrasar con la minería”, comentó Monseñor Martínez días atrás al ser abordado por la prensa. “El Papa no viene a eso, no viene a organizar las actividades productivas del país”, agregó para disipar todas las dudas que existían hasta ese momento.

Gobernador Luis Otsuka y Monseñor David Martínez Guinea, Obispo del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, protagonistas de la noticia. Foto: Agencia Andina.
Gobernador Luis Otsuka y Monseñor David Martínez Guinea, Obispo del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, protagonistas de la noticia. Foto: Agencia Andina.

Los hermanos que viven en La Pampa, habría que precisar, son acusados por tirios y troyanos de ser los principales protagonistas de un desastre ambiental sin precedentes en una región donde se ubican áreas naturales protegidas icónicas y muy visitadas como el Parque Nacional Manu y la Reserva Nacional Tambopata.

Según cifras proporcionadas por la ONG WWF Perú solo en la zona minera ilegal de La Pampa, un gigantesco campamento extractivo al lado de la carretera que conecta Cusco con la frontera con Brasil, se deforestaron 560 hectáreas en el 2017, lo que supone un acumulado para el área de 4,560 hectáreas desde el 2013.

En el Perú se destruyen aproximadamente 150,000 hectáreas cada año como consecuencia de la  minería, la agricultura principalmente de monocultivos y la construcción de carreteras. Solo en Madre de Dios se deforestaron el año pasado 20,000 hectáreas, el doble de las que perdió el departamento el 2008.

El Papa en la Capital de la Biodiversidad del Perú

El avión de Francisco aterrizó a las 10 y 23 de la mañana en el Aeropuerto Internacional Padre José Aldámiz, a diez minutos del centro de la ciudad. Aldámiz fue un misionero dominico pionero de la aviación en Madre de Dios que falleció precisamente en un accidente aéreo.

Desde su arribo al aeropuerto de Puerto Maldonado el afecto del pueblo de Madre de Dios fue la constante.
Desde su arribo al aeropuerto de Puerto Maldonado el afecto del pueblo de Madre de Dios fue la constante.

La fama del cura-aviador entre los madrediosenses, ese es el gentilicio con el que se conoce a los habitantes del departamento, es bastante menor a la que tiene otro dominico presente en el recuerdo a lo largo de todo el día: Fray José Álvarez, Apaktone, en harakbut, una de las 47 lenguas que perduran en la Amazonía peruana, papá bueno o anciano sabio.

El padre Apaktone recorrió durante los 53 años que duró su magisterio todos los confines del departamento para llevar la voz de la iglesia a los indígenas harakbut, ese ejas, shipibos, yines, amahuacas, kechwa runas, machiguengas que lograron sobrevivir al holocausto que produjo la época del caucho.

En las comunidades harakbut de San José y de Puerto Azul, en la Reserva Comunal Amarakaeri, provincia del Manu,  así como en otros caseríos del departamento el recuerdo de Apaktone, muerto en 1970, permanece incólume.

Los pueblos indígenas del departamento recuerdan con inusitado cariño al padre José Álvarez, Apaktone.
Los pueblos indígenas del departamento recuerdan con inusitado cariño al padre José Álvarez, Apaktone.

El Papa descendió del avión que lo trajo desde Lima, saludó con deferencia a monseñor Martínez para recibir de inmediato las atenciones protocolares del gobernador de Madre de Dios Luis Otsuka, un antiguo dirigente minero y principal promotor de la derogatoria de las  normas promovidas por el gobierno central para regular las actividades extractivas en todo el país.

Días previos a la visita papal el gobernador Otsuka había hecho público un manifiesto acusando a las ONGs ambientalistas y al Ministerio del Ambiente peruano de ser los causantes de la pobreza histórica de la provincia del Manu, una de las tres que conforman el departamento, al limitar el desarrollo de las actividades productivas e impedir la construcción de vías de comunicaciones en las áreas protegidas de Madre de Dios.

En dicho documento Luis Otsuka renovaba el pedido del gobierno regional que preside de revisar las normas que ponen trabas al desarrollo de la minería, la agricultura y la forestería, las tres actividades económicas que su administración viene impulsando para volver a manifestar su compromiso de trabajar por “un Madre de Dios, con justicia social y bienestar para todos”.

El improvisado diálogo con el gobernador Otsuka fue breve. El Papa sonrió con amabilidad y pareció tomar en cuenta las reclamaciones oficiales.

En la fiesta de los pueblos indígenas

Julio Cusurichi, presidente de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (FENAMAD), indígena shipibo de la comunidad de El Pilar y Premio Goldman 2007, fue otro de los líderes departamentales que esperaba el arribo del Papa a Puerto Maldonado para hacerle llegar un memorial con las reivindicaciones de sus asociados.

En una carta que circuló en el transcurso de la última semana, firmada también por los representantes de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), la federación que agrupa a los pueblos indígenas amazónicos del Perú y la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), los indígenas del departamento exigían al pontífice argentino “fortalecer la economía indígena de vida plena con el bosque en pie para tener alternativas frente a las tentaciones del infierno verde”.

La Fenamad hizo saber su molestia por no haber sido incluidos sus dirigentes en el rol de oradores del encuentro con el Papa. Foto: Viajeros
La Fenamad hizo saber su molestia por no haber sido incluidos sus dirigentes en el rol de oradores del encuentro con el Papa. Foto: Viajeros

Otra vez el tema minero en el tapete.

Consultado por Mongabay Latam el dirigente nativo agregó  que la minería avanza en Madre de Dios, entre otras causas,  porque el territorio indígena no está siendo titulado integralmente. “Vamos a explicarle al Papa Francisco, nos dijo, que las leyes que rigen en el Perú solo le presta a las comunidades nativas el vuelo forestal de sus tierras, es decir el uso parcial de sus bosques, mientras que  le entrega al Estado todos los derechos sobre el subsuelo. De esa manera es imposible para nosotros desarrollar los conceptos de economía indígena en el marco de lo que llamamos Vida Plena”.

La fiesta de los pueblos indígenas empezó poco antes de las once de la mañana. Tres mil indígenas llegados de todo el Perú y de los territorios de los vicariatos vecinos de Bolivia y Brasil aguardaban la llegada del obispo de Roma en medio de una creciente expectativa y la molestia de las federaciones nativas por no haber sido incluidos sus dirigentes en el rol de oradores.

Para Ruth Buendía, conocida dirigente del pueblo asháninka y doblemente galardonada con los premios Goldman y Bartolomé de las Casas por su acerada defensa de los recursos naturales y los derechos humanos de la población amazónica, la omisión representaba una afrenta a la organización natural de los pueblos originarios.

La Amazonia peruana está habitada por 51 pueblos indígenas que hablan 47 lenguas vernáculas. Según el II Censo de Comunidades Indígenas de la Amazonía Peruana, realizado en el año 2007, la población indígena amazónica de Perú está compuesta por 332.975 hombres y mujeres.

En nombre de esa multitud silenciosa, poco visible, tomaron la palabra los indígenas harakbut Yesica Patiachi y Luis Miguel Pariori   y la comunera María Luzmila Bermeo, del pueblo awajún de Condorcanqui, una etnia que sufrió en carne propia los avatares de los trágicos sucesos de Bagua.

Su testimonio marcó la pauta del diálogo con el Papa Francisco. Los aplausos subieron en intensidad cuando Yesica Patiachi, maestra bilingüe, mencionó al padre Apaktone y le pidió al pontífice su apoyo: “Le pedimos que nos defienda, dijo, los foráneos nos ven débiles e insisten en quitarnos nuestros territorios y nosotros nos negamos a perderlos. Queremos que nuestros hijos estudien, pero no queremos que la escuela borre nuestras tradiciones, nuestras lenguas, no queremos olvidarnos de nuestra sabiduría ancestral”.

Enseguida representantes de las etnias nahua, bora y huitoto leyeron citas de la Encíclica Laudato Si en sus propias lenguas. En este punto del encuentro Francisco escuchaba con atención los testimonios indígenas mientras que los líderes de las federaciones que habían cuestionado la rigidez del programa preparado por los organizadores mostraban su satisfacción con el desenlace del evento tantos meses esperado.

“Alabado seas mi Señor”, el Laudato Si de Francisco

Finalmente Jorge Bergoglio, el Papa Francisco, hizo uso de la palabra para saludar a los pueblos harakbut, ese ejas, matsiguenkas, yines, shipibos, asháninkas, yaneshas, kakintes, nahuas, yaminahuas, juni kuin, madijá, manchineris, kukamas, candozis, quichuas, huitotos, shawis, achuar, boras, awajún, wampís, presentes en el encuentro a los que agradeció “por ayudarnos a ver más de cerca, en vuestros rostros, el reflejo de esta tierra.

El discurso de Francisco duró poco más de 25 minutos y en todo momento éste aludió a las amenazas que vienen sufriendo los pueblos originarios: “La Amazonia, dijo el papa nacido en Buenos Aires, es una tierra disputada desde varios frentes: por una parte, el neo-extractivismo y la fuerte presión de los grandes intereses económicos que apuntan su avidez sobre el petróleo, el gas, la madera, el oro, los monocultivos agroindustriales”.

Una multitud esperaba al papa Francisco en el Coliseo Regional de Madre de Dios. Foto: ANDINA.
Una multitud esperaba al papa Francisco en el Coliseo Regional de Madre de Dios. Foto: ANDINA.

En la explanada del Instituto Jorge Basadre, el lugar elegido para que los vecinos de Puerto Maldonado y  los miles de peregrinos llegados de todo el país y también del extranjero, reciban al Papa Francisco,  una pantalla reproducía en tiempo real sus palabras. Durante los días previos la lluvia había sido intensa y todo hacía presagiar precipitaciones similares a lo largo de la jornada.

Una mujer de rasgos mestizos llegada desde Iberia, en la frontera con Brasil, nos refirió que había salido de su localidad a la una de la mañana para poder ingresar a tiempo al recinto: “Valió la pena haber caminado tanto, para nosotros esta tierra es santa, necesitamos que el Santo Padre lo diga para llenarnos de esperanza”.

“Hoy día no va a llover”, nos lo dijo con una seguridad que nos convenció a pesar de las nubes tan cargadas que se alzaban sobre el cielo gris de Puerto Maldonado.

Y efectivamente, no llovió.

El Papa denunció con firmeza la perversión de las políticas que promueven un tipo de conservación de la naturaleza que no toma en cuenta a los habitantes amazónicos, en especial a los indígenas de las comunidades nativas. “Sabemos de movimientos que, en nombre de la conservación de la selva, acaparan grandes extensiones de bosques y negocian con ellas generando situaciones de opresión a los pueblos originarios para quienes, de este modo, el territorio y los recursos naturales que hay en ellos se vuelven inaccesibles”, dijo.

El avión del papa Francisco aterrizó a las 10 y 23 de la mañana a Puerto Maldonado, en Madre de Dios. Foto: ANDINA.
El avión del papa Francisco aterrizó a las 10 y 23 de la mañana a Puerto Maldonado, en Madre de Dios. Foto: ANDINA.

La casa común

Enrique Nonato, de la comunidad juni kuin de Conta, en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Purús, nos había referido un día antes del evento que reseñamos que las ONGs que trabajaban en el área se habían retirado de sus territorios debido a la hostilidad de ciertas autoridades políticas y eclesiásticas de la ciudad de Puerto Esperanza.

“Pese a todo, hemos venido en bote, en avión y en ómnibus por la vía multimodal que el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP) está promoviendo por Brasil: salimos a las cinco de la mañana de Puerto Esperanza y hemos llegado a las nueve y media de la noche a Puerto Maldonado”.

“Tenemos productos que nos interesa comercializar, agregó Nonato, en Purús se está trabajando fuerte en la producción de taricayas (un quelonios amazónicos), semillas de caoba y algo de artesanía”.

 “Es justo reconocer que existen iniciativas esperanzadoras que surgen de vuestras bases y de vuestras organizaciones, y propician que sean los propios pueblos originarios y comunidades los guardianes de los bosques, y que los recursos que genera la conservación de los mismos reviertan en beneficio de sus familias, en la mejora de sus condiciones de vida, en la salud y educación de sus comunidades”, corroboró en su discurso del Coliseo Madre de Dios el pontífice nacido hace 81 años.

“Ustedes con sus vidas son un grito a la conciencia de un estilo de vida que no logra dimensionar los costes del mismo”, enfatizó. Los aplausos resonaron en el paraninfo. Dijo más Francisco sobre el particular: “Confío en la capacidad de resiliencia de los pueblos y su capacidad de reacción ante los difíciles momentos que les toca vivir”

La capital de Madre de Dios, durante toda la semana, se convirtió en un inmenso, colorido y bullicioso campamento, una verdadera Babel en medio de la Capital de la Biodiversidad del Perú.

Los representantes de las comunidades del Parque Nacional Purús y la Reserva Comunal Purús, en la provincia ucayalina del mismo nombre, que conocimos durante la realización de otro reportaje para Mongabay Latam, fueron alojados en el colegio estatal Santa Rosa.

Tres mil indígenas llegados de todo el Perú y de los territorios de los vicariatos vecinos de Bolivia y Brasil aguardaban la llegada del sumo pontífice. Foto: ANDINA.
Tres mil indígenas llegados de todo el Perú y de los territorios de los vicariatos vecinos de Bolivia y Brasil aguardaban la llegada del sumo pontífice. Foto: ANDINA.

Allí también encontramos a un grupo muy risueño de pobladores de la comunidad nativa de Monte Salvado, en la provincia de Tambopata, una localidad cuyos moradores vienen siendo obstaculizados por un nutrido grupo de indígenas no contactados del pueblo mashco-piro que armados con arcos y flechas les exigen constantemente la entrega de alimentos y herramientas.

Sobre estas poblaciones indígenas en aislamiento voluntario Francisco mencionó lo siguiente: “Sabemos que son los más vulnerables de entre los vulnerables. El rezago de épocas pasadas les obligó a aislarse hasta de sus propias etnias, emprendieron una historia de cautiverio en los lugares más inaccesibles del bosque para poder vivir en libertad”.

La presencia de estos seres humanos nos recuerda “que no podemos disponer de los bienes comunes al ritmo de la avidez y del consumo. Es necesario que existan límites que nos ayuden a preservarnos de todo intento de destrucción masiva del hábitat que nos constituye”.

Luego de sus emotivas palabras, un grupo de indígenas en representación de la cultura, el arte, la música y la literatura amazónica se acercaron al pontífice para entregarles presentes alusivos a su visita y magisterio. Destacó la presencia entre ellos de Santiago Manuin, líder awajún herido gravemente durante los sucesos de Bagua en el 2009 y la de Héctor Sueyo, harakbut y su padre Antonio, conocido en su pueblo como Sontone, un indígena el aislamiento que fue contactado por los padres dominicos.

Santiago Manuin, líder awajún herido gravemente durante los sucesos de Bagua en el 2009. Foto: ANDINA.
Santiago Manuin, líder awajún herido gravemente durante los sucesos de Bagua en el 2009. Foto: ANDINA.

También la presencia de Julio Cusurichi, el dirigente máximo de la FENAMAD quien aprovechó el momento para alcanzarle el petitorio de los ocho pueblos indígenas asociados a su gremio que justamente ayer cumplió 36 años de fundado.

El Papa en la calles de una ciudad en ebullición

De los más de 140 mil habitantes del departamento de Madre de Dios, menos de cien mil viven en Puerto Maldonado, una ciudad fundada en 1902 en la confluencia de los ríos Madre de Dios y Tambopata. El Papa recorrió la distancia entre el Coliseo Madre de Dios y el Instituto Jorge Basadre en el papamóvil traído desde Lima para la ocasión. En todo momento lo acompañó el cariño espontáneo de la población que se volcó a las calles desde muy temprano.

“¡Esta no es una tierra huérfana, no es una tierra de nadie!”, advirtió el pontífice al iniciar su discurso entre los aplausos y los vítores de una multitud que había empezado a colmar el recinto desde las tres de la madrugada.

Hacía alusión Francisco a los índices de violencia que han convertido a Puerto Maldonado y la zona aurífera de La Pampa en sinónimo de violencia. Mongabay Latam conversó con el ambientalista Víctor Zambrano, en la actualidad  presidente del Comité de Gestión de la Reserva Nacional Tambopata, quien nos refirió que los informes que recibe de los miembros de su comité indican que diariamente se producen diez asesinatos en La Pampa.

“Se trata de un territorio del país que se ha convertido en una zona liberada,  refirió Zambrano, donde ni la policía ni los fiscales pueden ingresar. Por eso es que estamos pidiendo al gobierno que actúe con firmeza y declare el estado de emergencia en una zona muy concreta de la carretera Interoceánica”.

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El Papa comentó que le produce inmenso dolor constatar cómo se quiere convertir al departamento en un lugar “fácil de comercializar y explotar”. Criticó duramente la cultura del descarte, “una cultura sin madre que lo único que quiere es consumir, una cultura que mira la tierra desde esa lógica”.

“Los bosques, ríos y quebradas son usados, utilizados hasta el último recurso y luego dejados baldíos e inservibles. Las personas son también tratadas con esta lógica: son usadas hasta el cansancio y después dejadas como ‘inservibles’”, lamentó el pontífice.

Se refirió también a la trata de personas que calificó como una forma de esclavitud: “esclavitud para el trabajo, esclavitud sexual, esclavitud para el lucro”.

Según un portal independiente de las 2.241 denuncias por el delito de trata de personas reportadas del 2009 al 2014 en todo el Perú, Madre de Dios ocupa el tercer lugar con 227 casos, lo que representa el 10.1% de los casos a nivel nacional.

Francisco acabó su alocución con un llamado al cuidado de un departamento habitado mayoritariamente por una población que migró a lo largo del siglo pasado de la sierra sur: “Amen esta tierra, siéntanla suya, enamórense de ella, no la usen como un objeto descartable”.

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El Papa retorna a Lima

La visita del Papa Francisco será recordada en este apartado rincón de la Amazonía peruana por la fuerza de su alegato por el cuidado de la casa común y la valorización que hizo del papel que le toca jugar a los pueblos indígenas en la cruzada por salvar al planeta de la destrucción.

Mientras el papamóvil de Francisco enrrumbaba al aeropuerto de Puerto Maldonado, después de haber visitado el albergue El Principito, una casa de acogida para niños huérfanos dirigida por el sacerdote suizo Xavier Arbex, muy querido en estas tierras por su trabajo desinteresado en beneficio de los niños y adolescentes de Madre de Dios, repasamos unas declaraciones dadas por Monseñor Martínez a propósito de las tensiones que la visita del Papa estaba produciendo:

“El  Papa está viniendo, lo señaló con claridad,  a abrirnos los ojos y los oídos para que estemos atentos al grito de la tierra y al grito de los pobres, que es un mismo grito. En ese sentido, el Papa va hacer que reflexionemos y nos animemos a nosotros mismos, que busquemos cuál es el mejor modo de responder a este grito que está dando la Madre Tierra y el de tantos hermanos y hermanas que se sienten excluidos y que están buscando un medio para sobrevivir”.

Y ese ha sido el tenor del mensaje papal. Un manifiesto por la vida y el cuidado de la naturaleza que llama la atención de los involucrados por lo poco que se está haciendo para restañar las heridas que ha venido sufriendo desde hace tanto la Amazonía y sus habitantes originarios.

Dicho de otra manera, citando a Francisco que a su vez cita las palabras del Señor a Moisés en el Éxodo,  la suya fue una reflexión que nos exige a todos estrenar una nueva mirada de  los problemas amazónicos y  que se resume en esta bella metáfora bíblica: «Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa» (Ex 3,5).

24/1/2018

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