Frans Lanting, fotógrafo de vida silvestre, en el dosel del bosque de Tambopata

Wili Reaño, especial para Solo para Viajeros

Mi opinión

Frans Lanting llegó al Perú en 1993 para elaborar un reportaje especial para la revista National Geographic sobre los guacamayos de la collpa Colorado y el proyecto científico que los empezaba a cobijar para salvarlos de la depredación y la muerte. Para entonces ya se había fundado el Tambopata Research Center, el centro de investigación y albergue que acaba de cumplir treinta años y el nombre del Tambopata empezaba a sonar con un poco más de insistencia en ciertos cenáculos científicos y en el mundo del turismo de naturaleza.

La historia del trabajo de los Lanting en el Perú –el célebre fotógrafo nos visitó en compañía de su esposa Cristine Eckstron- narrada en la siguiente nota, recoge los testimonios de Eduardo Nycander, Álvaro del Campo y Arturo Bullard, tres de los muchachos que acompañaron a la pareja durante su estancia en los bosques de Madre de Dios.

El reportaje de Frans Lanting en la edición de enero de 1994 en la prestigiosa National Geographic, así como la película que produjeron en el Tambopata Alec Baldwin y Kim Basinger, han sido claves para la promoción y larga vida del TRC, el proyecto Guacamayo y la cuenca del río Tambopata. Les dejo este relato que va cerrando una serie que hemos producido especialmente para Rainforest Expeditions a lo largo de este último año. Buen fin semana para todos.

“Godverdomme, godverdomme”, iba maldiciendo Frans Lanting, el célebre fotógrafo de naturaleza de National Geographic, mientras era, literalmente, encaramado sobre una de las torres de madera de más de treinta metros de altura que unos jóvenes iconoclastas –Kurt Holle, Eduardo Nycander, Augusto Mulanovich, Arturo Bullard, Agustín Mishaja, entre otros- acababan de construir para que pudiera acercarse a los nidos de guacamayos que habían instalado a puro pulso en las selvas indómitas del Tambopata, en Perú.

Corría el año 1993 y Lanting, holandés con largos años de residencia en California y su esposa, la conocida escritora y videasta Cristine Eckstron, se movían con sigilo por el campamento que servía de improvisado centro de investigación y albergue en las proximidades de la collpa Colorado. La pareja había vuelto por segunda vez al Tambopata Research Center (TRC) para registrar la actividad de los psitácidos en los nidos artificiales que los investigadores del Proyecto Guacamayo habían instalado dos años antes en las copas de las palmeras aguaje (Mauritia flexuosa) de los alrededores.

La revista National Geographic, todos lo sabían, le había encargado al fotógrafo seis veces ganador del World Press Photo la elaboración de un reportaje especial sobre el insólito proyecto científico que alentaba el grupo de veinteañeros peruanos que lo acogían en medio del bosque.

“El apareamiento de los guacamayos, la elección de sus nidos y la crianza de los polluelos se producen invariablemente entre octubre y abril, a más tardar mayo”, rememora 27 años después en su oficina de Miraflores Eduardo Nycander, fundador del proyecto Guacamayo: “por eso es que nos preparamos para recibir al célebre fotógrafo; de él dependía la suerte del proyecto que a duras penas podíamos financiar, sus fotos, las imágenes que íbamos a mostrar en la publicación debían  marcar la diferencia”.  

Frans Lanting y Cristine Eckstron con los voluntarios y pobladores locales que apoyaban en 1994 el célebre Proyecto Guacamayo.

Nycander, arquitecto recién egresado de una universidad limeña y fotógrafo aficionado, había fundado, en 1989, un proyecto de investigación para estudiar la ecología de los guacamayos, especialmente el Escarlata (Ara macao), el Amarillo y azul (Ara araraura) y el Rojo y verde (Ara chloropterus), de uno los sectores más prístinos y amenazados de la cuenca de río Tambopata en Madre de Dios.

Gracias al entusiasmo de sus impulsores, una banda numerosa de estudiantes de la Universidad Nacional Agraria de Lima, pobladores locales y voluntarios extranjero, el proyecto Guacamayo empezaba a ganar nombradía en la comunidad científica. “Por eso es que me animé a visitar la sede principal de la revista National Geographic, en Washington, recuerda Nycander, con mucho entusiasmo les mostré a los responsables de la institución las fotos que había tomado y les referí los avances que veníamos reportando: nuestros primeros polluelos de guacamayos nacidos en los nidos de madera que habíamos construido –los famosos Chicos- volaban por el dosel del bosque y el éxito de la intervención era más que evidente. Les gustó la iniciativa y quedaron en respondernos”.

La respuesta tardó en llegar un poco y cuando lo hizo trajo novedades: la revista de viajes más célebre del planeta había convencido a Frans Lanting para que lleve a cabo la comisión periodística.

Fue un golpe de suerte al mismo tiempo que un premio al esfuerzo que venían haciendo Nycander, Kurt Holle y los voluntarios que cada año se internaban en la selva para apoyar los trabajos de conservación. Uno de ellos, Álvaro del Campo, entonces estudiante de la carrera de ciencias forestales en la Agraria y compañero de Holle en la universidad. “Mi primer ingreso al TRC fue en el 91, refiere, como no tenía dinero para sufragar los gastos de una larga estadía en el Tambopata, le ofrecí a Nycander un canje muy particular: 200 kilos de fideos a cambio de todo. Aceptó, ese año comimos tallarines rojos mañana, tarde y noche. Al año siguiente regresé con una propuesta mejorada: trescientos kilos de lo mismo. Durante los dos años que trabajé en el proyecto, mis compañeros y yo nos embutimos media tonelada de tallarines rojos”.

Kurt Holle, actual director ejecutivo de WWF Perú y Álvaro Del Campo, investigador del Museo Field de Chicago, en 1991.

En el 93 Del Campo fue uno de los acompañantes de Lanting durante los cuarenta días de su permanencia en Tambopata. Eduardo lo integró al equipo que debía asistir al fotógrafo y a su esposa. “La experiencia fue increíble, Lanting era un tipo duro, con harta experiencia en expediciones de ese tipo; pero no la pasó tan bien, sufrió un montón, subir hasta lo más alto de las palmeras para tomar las fotos de los guacamayos no fue nada fácil para él”, comenta a la distancia.  Debió ser así, Eduardo Nycander es más elocuente todavía al evocar las tribulaciones del experimentado fotógrafo de naturaleza:

“No lo sabíamos, pero Lanting tenía fobia a las alturas, subirlo a los andamios que habíamos construido especialmente para él fue complicadísimo. Le aterraba la posibilidad de no poder cumplir con las exigencias de la chamba y se quejaba en voz alta. Felizmente su mujer, Cristine, estaba allí para calmarlo y sugerirnos a nosotros lo que podíamos hacer para superar el inconveniente”.

Fue Cristina Eckstron la que convenció al holandés para subir a la torre de noche, casi a trompicones. La idea compartida con los muchachos era simple y dislocada: vendarle los ojos y una vez en lo alto de la torre evitar que viera el río y se llenara de vértigo. “Recuerdo a Frans, prosigue Del Campo, sentadito en su escondrijo, soportando el calor y las picaduras de los mosquitos, con una lata vacía de Nescafé a la mano para poder hacer sus necesidades fisiológicas. Y listo para registrar nuestro trabajo, colgados a treinta metros de altura, cerca, muy cerca a los nidos y el vuelo de los guacamayos. Un astro”.

“Para nosotros la visita de los Lanting era lo mejor que nos podía haber pasado, retoma el relato Nycander, sabíamos de la calidad de su trabajo y de las repercusiones que iba tener el reportaje que preparaba, así que estábamos dispuestos a hacer todo lo que nos pidieran”.

Pero lo principal era que el fotógrafo dejara de lado sus fobias.

Nycander atiende a un polluelo de guacamayos en lo alto de una palmera aguaje. La foto es de Lanting y apareció publicada en la edición que Nat Geo le dedica al trabajo que venían haciendo.

Cuando Lanting llegó al Tambopata Research Center en marzo de 1993, Nycander y sus colaboradores cuidaban día y noche los 25 polluelos de guacamayos que acababan de nacer.

Era un trabajo minucioso y fatigante, no solo había que alimentar a los polluelos, también había que estar en guardia la noche entera para evitar que sus depredadores, que abundaban y eran feroces, los devorasen.  “Nos turnábamos para dormir dentro de una malla de tul de aproximadamente 15 mts2 con el fin de cuidar a los guacamayos juveniles de algún depredador: ocelote, yaguarundí u otro felino interesado en hacerlos parte su dieta”, ha comentado en su blog el fotógrafo Arturo Bullard, otro de los limeños que se sumó al equipo de apoyo convocado por Eduardo Nycander.

“Trabajar y ver trabajar a un fotógrafo de la envergadura de Frans Lanting, prosigue Bullard,  fue una experiencia inolvidable, este primer viaje a la selva de Tambopata fue fundamental para mí, al regresar decidí que me quería dedicar a la fotografía y sobre todo a la fotografía de naturaleza. Puedo afirmar que esta fantástica travesía marcó mi destino y mi manera de ver la vida”.

Al conocido fotógrafo Arturo Bulladr, lo ha comentado muchas veces, el trabajo con Lanting le cambió la vida.

“He seguido manteniendo contacto con los Lanting, termina de contarme Eduardo, somos buenos amigos, de hecho, tenían planeado volver en febrero, pero hace unos días se les ha complicado la agenda. Estoy seguro que pronto volverán, sería magnífico, les debemos mucho”.

El reportaje de Lanting en National Geographic, que incluyó la tapa de la revista, apareció en la edición de enero de 1994 y fue un éxito total. Miles, millones de lectores por todo el mundo conocieron el trabajo de conservación que el proyecto Guacamayo venía haciendo y la importancia de apoyar sus acciones.

“Ese número de NG fue espectacular, todavía lo conservo, hace memoria Alvaro del Campo, en la actualidad investigador de Museo Field de Chicago. Fue un éxito desde todo punto de vista. El material producido, Lanting tomaba más de  500 fotos por escena, sirvió para ilustrar una serie infinita de reportajes. Terre Sauvage, publicó uno buenazo, también Panda, una revista holandesa; Geomundo y Geo en España, entre otras”.

“Era muy consciente, acota Nycander, de la importancia de ese reportaje, sabíamos lo que íbamos a ganar como empresa si todo salía de acuerdo a lo planificado así que lo tratamos como un dios. Al final fueron 21 páginas la que nos dedicó Nat Geo, ¿sabes cuánto nos hubiera costado eso? Millones, imposible de pagarlos, además…”.

Portada de la célebre edición de enero de 1994 de National Geographic. La foto, por supuesto, es de Lanting. El texto fue escrito por Charles Munn.

Frans Lanting, el fotógrafo que antes de serlo fue economista ambiental, volvió a su extenso rancho de Santa Cruz, en California, encantado. A pesar de las vicisitudes que tuvo afrontar la experiencia para el holandés fue magnífica. Con Cristine, su mujer, se han dedicado desde entonces a dar vueltas por el mundo para registrar la belleza que atesoramos y estamos en la obligación de perpetuar. El Tambopata Research Center acaba de cumplir treinta años y los Chicos, la primera camada de guacamayos nacidos en nidos artificiales siguen volando alto casi tres décadas después de haber sido registrados por el lente del extraordinario fotógrafo holandés.

Dos Chicos revoloteando por el comedor del TRC en el Tambopata. Verlos tan integrados al bosque y a los humanos resulta un espectáculo inolvidable.

Alturas del Tambopata. Foto de Franz Lanting.