Fredy Chuquichampi: el alpaquero que lidera los esfuerzos de conservación en el nevado Ausangate

Me encantó esta nota de la periodista Yvette Sierra de Mongabay Latam por dos motivos. Los menciono rapidito para que la puedan leer.

Primero, porque es importante que lo medios de prensa sigan acompañando el proceso de creación del Área de Conservación Regional Ausangate, en el Cusco, una zona de indudable importancia estratégica para el departamento y el sur andino-amazónico de nuestro país.

Sobre ese punto resulta fundamental que la atención de los formadores de opinión no esté puesta solamente en resaltar la importancia escénica de la llamada Montaña de Colores, el ícono del turismo mundial que todos conocen.

Como lo dice en la nota Yvette, la zona de la que hablamos es muy importante para la provisión de los servicios ambientales que la ciudad del Cusco y un archipiélago inmenso de localidades de la región necesitan para funcionar como tales. El establecimiento del ACR Ausangate permitiría ilusionarnos con la posibilidad de una buena gestión del área para el beneficio directo de miles de personas, sobre todo comuneros de dos provincias cusqueñas muy deprimidas económicamente, Canchis y Quispicanchi.

Segundo, por el intento de Mongabay, que ojalá se repita en futuros trabajos, de visibilizar el esfuerzo que vienen haciendo cientos –acaso miles- de pobladores locales para desarrollar actividades económicas sostenibles, como la ganadería de alpacas o la instalación de paneles solares, en sus comunidades.

La única manera de fortalecer el tejido de las tan vapuleadas comunidades nativas y campesinas del Perú, como es el caso de Sallani, la comunidad de Fredy Chuquichampi, el personaje del artículo que les dejo, es promoviendo actividades económicas amigables con el entorno cuya capacidad para generar trabajo y mejores condiciones de vida esté garantizado.

No hay otra, acabo constatar lo que digo en la comunidad nativa de Boca Pariamanu, en Madre de Dios, allí el trabajo de los comuneros para manejar la castaña, un recurso del bosque muy valorado en el mercado internacional, está haciendo lo que décadas de discurso político no habían podido lograr: que los comuneros se sientan parte de una sociedad de auxilios mutuos capaz de dar trabajo y bienestar para todos a medida que se protege y gestiona lo que es común.

Esa es la ruta, no hay otra.