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LAS ESTACIONES BIOLÓGICAS DE ACCA EN KOSÑIPATA

Fotos: Conservación Amazónica - ACCA

¿Recuerdan los textos escolares de Javier Pulgar Vidal, el ilustre geógrafo que acabó con la anticuada división del Perú en tres regiones naturales: costa, sierra y selva? ¿Lo recuerdan?, gracias a él los peruanos entendimos por fin que nuestro país era un mosaico de pisos altitudinales en los que el relieve, la altura, el clima y la vida natural presentaban características diferenciadas y a veces únicas.

Eso se siente en los bosques nublados de Kosñipata, en la provincia del Cusco, en la ruta entre Acjanaco y Pilcopata, uno de los recorridos más alucinantes –por intensos y bellos- que conectan las cumbres de los Andes peruanos con el llano amazónico. Una gradiente altitudinal, como dicen los entendidos, que en solo tres o cuatro horas de viaje en autobús permite descender desde los 3800 msnm, en Tres Cruces, Parque Nacional del Manu, hasta Pilcopata, sobre los 800 msnm, allí donde nace y se hace fuerte el río Madre de Dios.

Acabo de estar allí, gozando como un niño del espectáculo de las aves multicolores, los leks o apostaderos de Gallitos de las rocas (Rupicola peruaviana), las cataratas que caen desde lo alto y el bosque –fantasmal y único- sumergido entre las nubes que van llegando desde el Atlántico para transformar los pajonales, las queuñas y el ichu en una fiesta –literal- de la naturaleza.

 

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