Habla Micaela / Alfonsina Barrionuevo

“A Alfonsina Barrionuevo la pasión por el Perú le viene desde pequeña”, afirmé esto en el 2003 a propósito de un especial en la revista Viajeros sobre periodistas, valga la redundancia, viajeros. Dije más aquella oportunidad: “Cusqueña de nacimiento, su infancia transcurrió entre la legendaria ciudad de los Incas y las provincias altas de Chumbivilcas y Canas, sobre los tres mil quinientos metros sobre el nivel del mar, allí donde los cóndores dominan los vientos y se hace fuerte la cultura andina. Mente precoz, Alfonsina abrigó desde temprano una pasión indesmayable por las tradiciones y creencias de su pueblo y desde entonces ha venido hurgando en el imaginario popular con tanta precisión que fruto de esa introspección son más de tres mil quinientos artículos periodísticos, 27 libros, 420 documentales para televisión y un centenar de cuentos para niños producidos”.

Émula de Pedro Peralta y Barnuevo, escribidor impenitente y Doctor Océano al decir de Luis Alberto Sánchez, otro polígrafo insistente, Alfonsina ha sabido ampliar año a año su copiosa y muy valiosa producción peruanista. “Habla Micaela” (Colección Bicentenario, 2015), el libro que la escritora cusqueña le dedicó a la colla Micaela Bastidas Puyucahua, lugarteniente de José Gabriel Túpaq Amaru durante la revolución de 1780 y mártir de la independencia americana, cuya primera edición fue publicada en 1976, da cuenta de sus afanes.

Escrito a manera de un diario o bitácora de guerra muy personal, Alfonsina toma la voz de la heroína para narrar los acontecimientos de la rebelión anticolonial desde el ajusticiamiento del corregidor Arriaga hasta su bárbara muerte acaecida en mayo de 1781. Como lo menciona el crítico Ricardo González Vigil en el prólogo del libro, la curtida periodista “retrata a Micaela, tan andina en su relación armoniosa con la naturaleza, con la Pachamama, y tan andina en sus valores comunitarios (ajena al individualismo de los “occidentales”.

Micaela tenía 35 años cuando se levantó en armas para perderlo todo en aras de la libertad de su pueblo. Su esposo, el cacique de Surinama y Tungasuca, apenas cuarenta.  Sus hijos eran pequeños, unos críos; los líderes que los secundaron en la revuelta que causó más de cien mil muertos eran muy jóvenes también. Por Alfonsina me entero que Micaela llamaba Chepe al rebelde y este cariñosamente le decía Mica. Por la correspondencia de Micaela, utilizada con rigor por la autora del libro que comento, el lector puede conocer las tensiones vividas en el campamento insurgente como consecuencia de las vacilaciones del curaca con respecto a la toma del Cusco. “Me parece que José Gabriel no van tan rápido como yo quisiera. Le repetí mucho que debíamos aprovechar la sorpresa. Enemigo avisado es doblemente peligroso”, reclama la mujer-coraje cuya muerte tan violenta sigue espantando a quienes nos apasiona la epopeya del último descendiente de los incas del Cusco.

Micaela, caneña –o kaneña al decir de Alfonsina Barrionuevo, raza de “guerreadores, cuya tradición de bizarría es mantenida hasta hoy”-  sigue siendo un símbolo de nuestra nación, una llama eternamente encendida que no debemos dejar que se apague jamás. La lectura del libro de la amauta Barrionuevo apunta en esa dirección, lo recomiendo por ello. Llevarlo al Cusco y recorrer la ruta de la rebelión de Túpac Amaru leyendo sus páginas debería ser una obligación.

Habla Micaela
Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco, 2015
141 páginas