Hermann Keyserling, en Raykull, Estonia, 1918. “Diario de viaje de un filósofo”.

“El camino más corto para encontrarse uno a sí mismo da la vuelta al mundo. Me dispongo, pues, a dar la vuelta al mundo. Europa ya no me produce efecto. Harto familiar me es este mundo para obligar a mi alma a nuevas configuraciones. Además, es un mundo demasiado limitado. Toda Europa tiene en los esencial un solo espíritu. Quiero anchura, dilataciones donde mi vida tenga que transformarse por completo para subsistir, donde la intelección requiera una radical renovación de los recursos intelectuales, donde tenga que olvidar mucho –cuánto más, mejor- de lo que supe y fui. Quiero que el clima de los trópicos y otros muchos aspectos imprevisibles envuelvan mi ser y actúen sobre mi alma, para ver lo que será entonces de mí. Ya están cortadas las relaciones con lo que me sujeta. Siento en mi la beatitud de la libertad conquistada. De seguro que no hay nadie ahora más independiente que yo. No tengo profesión externa, no tengo familia que me preocupe; no tengo obligaciones que llenen mi tiempo, puedo hacer u omitir lo que me plazca”.