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La muerte entiende de clases / Ignacio Medina

chef-bogota

Comparto la rabia de Ignacio Medina, un crítico de cocina serio y bienpensante que sigo desde hace mucho. Comparto su malestar frente a otra manifestación de lo que somos. Desde aquí nuestro abrazo fraterno a las familias enlutadas por el accidente en la embarcación de la empresa Aqua Expeditions. Como decía con sabiduría otro español, mi amigo Jordi Ficapal, el turismo es como el fuego, algunas veces sirve para abrigar la casa nuestra, otras para convertirla en cenizas y hacernos tanto daño.

Una explosión hunde un barco turístico en Iquitos y causa una tragedia. El barco se llama Aqua y es uno de los pioneros en el turismo fluvial de lujo por el Amazonas. Muchos hemos hecho algún trayecto en él, pero sobre todo conocemos a Pedro Miguel Schiaffino, asesor culinario del crucero y responsable del trabajo de los equipos encargados de la cocina y el servicio de comedor y bar. El lunes por la mañana se confirma que cuatro de los seis desparecidos son miembros de ese grupo: dos cocineros, un bartender y un camarero. Se llaman, según cuentan sus compañeros, David Luna, Antonio Vasconselos, Aquiles Ramírez y Omar de la Silva.

Llegada la mañana del martes ningún cocinero ilustre se ha hecho eco. No hay panegíricos compungidos, ni cantos emocionados, ni odas a la grandeza de los profesionales fallecidos, ni llanto por los héroes de la cocina peruana, ni nada de lo acostumbrado cuando el que se va es uno de los miembros más o menos activos de la jet-set de la cocina peruana o alguien cercano a él. Ni una sola palabra. Silencio total.

David Luna, Antonio Vasconselos, Aquiles Ramírez y Omar de la Silva fueron, son, tan protagonistas del milagro de la cocina peruana como el que más, o incluso más que los habitualmente nombrados, pero nadie parece recordarlos. A diferencia de las testas coronadas de la cocina, ellos solo lo hacían por vocación; hace tiempo que dejaron de soñar con hacerse ricos cocinando y sus nombres nunca fueron conocidos. Tampoco estaban en esto para pasar al estrellato. Sólo querían ganarse la vida con lo que les gustaba y, como todos los otros, contribuir a engrandecer la cocina peruana.

Nadie, salvo Pedro Miguel Schiaffino, se fijó en ellos en vida y nadie, salvo el propio Pedro Miguel y los suyos, les ha recordado en la muerte. La unidad sacrosanta de la cocina peruana parece ser cuestión de clases. Sólo hay reconocimiento para la casta dirigente. La pobre María Huamaní Flores tuvo la desgracia de morir en un accidente de tráfico y la fortuna de hacerlo junto a tres conocidos chefs limeños. Sin eso, nadie la habría recordado.

La muerte, que todo parece igualarlo en este país, convirtiendo a los villanos en héroes y a los insignificantes en notables, también les ha fallado a estos cuatro profesionales humildes. En el mundo de la cocina, la muerte entiende de clases.

Descansen en paz.

19/7/2016