Invitado de la semana
Por Sandra Belaunde para El Comercio

Madre de Dios, el desmadre / Sandra Belaunde

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A riesgo de que esta tribuna se convierta en una revista monotemática les paso está lúcida reflexión de Sandra Belaunde, editora de la sección país de El Comercio sobre lo que ella -muchos más- hace tiempo que llamamos el “desmadre de Madre de Dios”. Dentro de unas semanas voy a volver a Puerto Maldonado para seguir informándoles sobre este fin del mundo que debemos salvar de la degradación y la muerte.

Ojos que no ven, corazón que no siente. A veces parece que para quienes vivimos en la capital o en las ciudades más desarrolladas lo que ocurre en el interior del Perú es más lejano que lo que sucede en otros países.

Cuatro personas desaparecieron, un cuerpo no identificado fue hallado flotando en el río en La Pampa en Madre de Dios, pero a ninguna persona le sorprende porque –ya se sabe– es tierra de nadie.

Y es que la lucrativa industria de la minería ilegal ha hecho de Madre de Dios un desmadre. Es una de las regiones con mayor gasto per cápita; sin embargo, el 75% de su empleo es informal. Se mueve mucho dinero, pero no hay ni sombra de desarrollo económico.

Los mineros ilegales dependen del oro que extraen mientras que destruyen los bosques, pero no están solos, el resto de la población también lo hace, su economía gira en torno al oro. A mayor extracción, más comercio y, sobre todo, más servicios, como bares y burdeles.

De este delito se desprenden la trata de personas y el proxenetismo. En lo que va del año, la policía rescató a 11 menores de edad de La Pampa. Las mujeres mayores de 18 muestran su documento de identidad para demostrar que están ahí porque quieren, pero luego aceptan que es porque no saben vivir de otra manera.

La violencia es el pan de cada día y la vida del otro no vale nada. En el país, en promedio hay 6,7 homicidios por cada 100.000 habitantes al año; en Madre de Dios, 20,1.

Las millonarias interdicciones que realiza el Estado queman miles de dólares en campamentos, vehículos y maquinaria. Los mineros huyen, se esconden y desaparecen, pero luego resurgen. A pesar de que las interdicciones no atacan la raíz del problema, si estas paran, los campamentos crecen exponencialmente. Por eso en Madre de Dios no pierde el que se pica, pierde el que se cansa.

Y por esa razón suenan las alertas cuando el alto comisionado contra la minería ilegal se entera de que ha sido despedido como el resto del país, por una publicación en “El Peruano”; cuando el gobernador regional se opone al control y fiscalización de insumos químicos; cuando se tiene en agenda discutir un proyecto de ley que plantea derogar el marco legal que fiscaliza la minería ilegal y cuando uno de los candidatos que lideran las preferencias de voto en las encuestas promete empezar de cero el proceso de formalización de mineros.

Se prenden las alertas porque si el Gobierno titubea o se cansa, la minería ilegal avanza.

2/4/2016