Invitado de la semana
Por

Perú Negro / Marco Avilés para revista Sudor

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Tremenda nota de Marco Avilés escrita por encargo mundialista para la innovadora revista digital Sudor que dirige Kike La Hoz, cronista futbolero que leo con pausa y cada vez mayor entusiasmo. Los muchachos de Gareca se sacaron el ancho tratando de derrotar a la durísima selección francesa en la segunda fecha de grupos de Rusia 2018.

Al final del lance en Ekaterimburgo el triunfo les fue esquivo pero el derroche visto y la vergüenza deportiva mostrada por cada uno de los que estuvieron en el verde colmaron las expectativas de la afición que estaba en Rusia y de todos los que nos quedamos por aquí esperando el milagro.

Marco, cronista también, pero de la cholitud y otras desigualdades, pasa revista en el texto que les propongo a los méritos de un combinado mayoritariamente negro que nos ha mostrado sin dobleces caminos que desconocíamos hacia el éxito y el triunfo del trabajo colectivo.

Larga vida a la sana costumbre de competir de igual a igual con cualquiera, larga vida a la revista Sudor (https://www.revistasudor.com). Buen fin de semana para todos.

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El profesor dijo que aquella estudiante gritaba como una negra tamalera. La típica broma. Algunos alumnos se rieron. Victoria no. Miró al profesor a los ojos y le pidió permiso para ir al baño. El profesor salió tras ella. Victoria, lo siento. No te resientas. Yo hago esas bromas, pero no soy racista. Victoria le agradeció el gesto, pero no era suficiente. El profesor la había ofendido delante de toda la clase. Ella le exigió que la disculpa también fuera pública.

Victoria estudia Comunicaciones en un instituto de Lima, y me contó esta historia una tarde de principios de Junio, antes del Mundial, mientras conversábamos sobre racismo. Escuché con la ansiedad de quien sigue un partido de fútbol. ¿Y qué hizo el profesor?, le pregunté esperando lo peor, acaso una confrontación, pero lo peor no ocurrió. El profe se disculpó. Y Victoria, una de las tres estudiantes afrodescendientes en esa clase, anotó un golazo.

Que una estudiante negra logre que su profesor se disculpe en público por una broma racista es un gol fruto de estos tiempos. La selección de fútbol del Perú que hoy se paró delante de Francia es mayoritariamente afroperuana, en la misma medida que los jugadores de Francia son mayoritariamente negros. Negros sudamericanos contra negros europeos. Eso vimos. La mayor exposición de personalidades negras en Occidente ocurre en eventos deportivos. El Mundial acabará y las cosas volverán a ser más o menos como siempre. O quizá no tanto.

¿Qué le parece nuestra selección peruana a Victoria? Para comenzar, ella estaba triste por el resultado del partido. No lo había visto completo. Estaba en clases. Pero le alegraba una idea: «Mucha gente de otros países han visto a esta selección y dirán “oh, en el Perú hay muchos afrodescendientes”». Pensemos un momento en otros juegos de conjunto. En los gabinetes de ministros. En las comitivas de escritores que representan al Perú en las ferias de libros. En las publicidades de los supermercados. En los presentadores de los noticieros. ¿Dónde están los afroperuanos allí? ¿Dónde estaban antes de que la imagen de Advíncula, Guerrero, Farfán dominaran las avenidas y opacaran al menos por unas semanas a los dioses escandinavos que nos tutelan desde los paneles publicitarios?

«Con esta selección negra», me dijo Victoria, «yo me siento representada». Sentirse representada. ¿Qué es eso? Para saberlo, acudí al chat de Facebook.

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Sofía Carrillo debe de ser una de las periodistas de televisión más tenaces y preparadas cubriendo el Mundial. No está en Rusia. Está en Arequipa.

–¿Crees que esta selección ayudará a hacer más visibles a los afrodescendientes más allá del fútbol?
–Ayudará en la medida que ellos, los jugadores afrodescendientes, se afirmen así.

Es decir, que los afrodescendientes se reconozcan como afrodescendientes.

Varios ya lo han hecho. El mejor jugador de este equipo ante Francia, pese la derrota por 0-1, el lateral velocista Luis Advíncula, lo hizo en una entrevista de televisión. «Yo soy negro, mi hermano», le dijo a un periodista que lo había felicitado por reconocerse negro. «¿Qué quieres que te diga? ¿Que soy rubio? Estoy contento de ser negro».

El apellido Advíncula es una señal que conecta con el mundo colonial del que venimos, allí donde Francia no era aún una potencia del fútbol llena de Mbappés o Pogbas sino un imperio que los esclavizaba. ¿Sabes de dónde viene Advíncula, me dijo el otro día el historiador Christopher Heaney? Por supuesto, no lo sabía. Viene del latín ad-vinculum y significa en-cadenado. El lateral derecho del Perú viene corriendo desde ese pasado, y esto hace aún más admirable su velocidad.

Pero el Perú de Advíncula también es el de Phillip Butters, ese capataz medieval reencarnado en locutor de radio, que compara a los negros con cocodrilos. Autoafirmarse como negro en este país demanda tener superpoderes. El defensa Christian Ramos lo entendió al celebrar su gol ante Nueva Zelanda, en las eliminatorias, como resaltó el novelista Jeremías Gamboa. Ramos se puso una máscara imaginaria del hombre araña, el héroe favorito de su hijo, y corrió hacia él tocándose la piel con gesto de orgullo. Era un padre afroperuano autoafirmándose ante millones de testigos.

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Esta mañana perdió el Perú ante Francia a pesar de todas las cábalas. No comí pan francés. El sol brilló en el cielo. Creí ver un ovni. Las ciencias ocultas no podían contradecir las verdades más lógicas expresadas en el juego. Los siete meses sin fútbol le pasaron factura a Guerrero. Los chiquillos de Francia superaron al viejo Rodríguez. Y no hicimos gol.

Podemos lamentarnos de las evidencias, pero la celebración también es un deber sanador. Advíncula, Carrillo, Ramos. Esos titanes tienen futuro. Los estamos viendo. Los chicos afroperuanos los están viendo. Y se sienten representados.
¿Para qué vamos a un Mundial?, se preguntaba esta tarde el periodista Daniel Titinger en una crónica escrita desde el más dolido optimismo. Hay muchas respuestas y a la vez ninguna. Quizá solo fuimos para conocernos un poquito más como país. Para ver a una selección hermosamente afroperuana. Para vernos a nosotros mismos y recordar que somos así. Una suma de diferencias que necesitan espacios para mostrarse y coexistir. El fútbol no es la única cancha para expresar la diversidad de este país mundialista.

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22/6/2018

Marco Avilés: “Un cholo que conoce la riqueza de su origen es un cholo vanguardista”