Javier Molano, colombiano, Selva Adentro, 1987

“La colonización es siempre un apasionante episodio que se alimenta del futuro. El colono es un hombre que busca desesperadamente dejar atrás su pasado, y hay en él una silenciosa consciencia de que sus privaciones serán recompensadas. Vive de esa esperanza. Asume su adversidad cotidiana con la entereza de quien se sabe un pionero. Todo paso que da es siempre una primera piedra. En sus soledades, la creencia de estar escribiendo un libro abierto lo sostiene y lo acompaña. Todo colono registra escrupulosamente los sucesos, grandes y pequeños, que hilvanan su mundo; sabe quién fue el primero que llegó, el primero que sembró un níspero. Vive al acecho de un viajero para hacerle un recuento de sus andanzas y sus desventuras, porque un viajero es siempre el reconocimiento que por fin llega. Es un fundador y por ello el historiador rústico de una experiencia que no tiene historia. Solo algunos curiosos que llegan de tarde en tarde osan echar una mirada sobre el mundo que comienza, pero nunca lo hacen –no lo pueden hacer- como expertos. No hay herramientas para ello. Lo miran y lo cuentan como curiosos, como aventureros; la crónica no es en estos casos sólo un recurso adicional, sino el único recurso posible. El cronista es un historiador de su contemporaneidad que se aventura –y utilizó aquí el término una vez más- a escribir sobre algo que vive directamente, sin cuidarse del método, ni de las premisas, ni de las teorías”.