Jorge Basadre, Meditaciones sobre el Destino Histórico del Perú, 1947

“Los empiristas se han desgañitado hablando de la necesidad de que el indio sea “redimido”. Les preocupa que el campesino Pedro Mamani, por ejemplo, no tenga piojos, que aprenda a leer y a escribir y que sea garantizado en la posesión de sus ovejitas y su terrenito. Pero al mismo tiempo que la higiene, la salud, el trabajo y la cultura de Pedro Mamani, importa que el territorio en el cual él vive no disminuya, sino acreciente su rendimiento dentro del cuadro completo de la producción nacional. Si eso no ocurre, aun cuando goce del pleno dominio de su chacra y de sus ovejitas y aunque lea toda la colección del “Fondo de Cultura Económica”, Pedro Mamani no tendrá resueltos sus problemas básicos.

 En nuestro país no sólo debemos preocuparnos de la distribución; sino también de la mayor producción y del mayor consumo. Nuestro problema no es sólo de reparto; es también de aumento. Que el peruano viva mejor; pero que al mismo tiempo el Perú dé más de sí. Y para elevar y superar el nivel general de vida aquí no hay que actuar exclusivamente sobre el indio descalzo, pues hay quienes no se hayan en esa condición y se mueven dentro de horizontes económicos asaz reducidos. Ninguna de nuestras soluciones nos vendrá, pues, cocida y masticada de otros países, aunque sean hermanos primos o prójimos. Y sobre todo, nada se podrá hacer a fondo si al país no le conmueve la conciencia de sí, sino afirma en esta hora feroz, su querer existencial nacional. Por eso, la promesa de la vida peruana atañe a la juventud para que la reviva, a los hombres de estudio en sus distintos campos para que la conviertan en plan, a la opinión pública para que la convierta en propósito”.