Juliana González-Rivera

“El turismo, en cambio, es una actividad de grupo, ligada a la modernidad, al capitalismo, al consumo. Para el turista importa el dónde; para el viajero, el cómo. El turista no viaja, se desplaza, cambia de lugar, mientras que el otro vive en el camino. Es la antítesis del viajero: consume el viaje y experiencias placenteras. Concibe el mundo como un parque temático, camina provisto de mapas que guían su mirada y sabe que regresará a casa y compartirá fotos con sus amigos. Lo dijo Paul Bowles en El cielo protector: «Mientras que el turista se apresura a volver, el viajero se desplaza durante años de un punto a otro de la tierra; el primero acepta su cultura sin cuestionarla, mientras el otro la compara, asimila o rechaza». También Martín Caparrós: «Los turistas conforman una especie casi inmóvil por lo previsible de sus movimientos. Su viaje es circular, trayecto de ida y vuelta sin más llegada que el punto de partida». E insiste Reverte: «Al turista le gusta el grupo, una forma de arroparse y protegerse contra los fantasmas del peligro. Demanda un alto grado de confortabilidad. Le molesta sentir el riesgo de la aventura y se protege tomando cuantas precauciones sean posibles. Tan sólo a su regreso a casa gusta de recordar lo que surgió de improviso, el peligro inesperado, la situación insólita. Es un aventurero a la vuelta».