La coca amenaza Sierra del Divisor

Oscar Miranda para La República

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OTROS DESTINOS:

¿Qué espera el Ejecutivo para establecer de una vez el Parque Nacional Sierra del Divisor? La creación definitiva del área que venimos exigiendo no solo daría satisfacción a las poblaciones locales que vienen reclamando tal categorización, si no también permitiría un adecuado control sobre algunos de sus territorios severamente amenazados por el narcotráfico que como advierten las imágenes satelitales tomadas por el Proyecto Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP) sigue haciendo de las suyas.

Seguimos esperando que el presidente Humala y sus ministros nos sorprenden con una decisión que se ce de madura.

Nos encontramos a 400 metros de Sierra del Divisor.

Esa zona reservada, de 1.4 millones de has, es un Edén en la Tierra. Hogar del jaguar  y del mono huapo colorado, hábitat de especies endémicas como el ave Batará de Acre, naciente de 12 ríos que abastecen a 233 mil peruanos y escenario de las únicas cadenas montañosas de toda la Amazonía peruana.

Allá, al otro lado de los árboles, está ese paraíso. Acá –una mancha de color verde claro, una mancha que es como una infección en un tejido sano–, hay un cultivo de hojas de coca.

Humberto Cairuna, dirigente de la comunidad de nativos shipibos conibos de Nueva Saposoa, a tres horas en bote de la ciudad de Pucallpa, la descubrió en mayo de este año, y no se sorprendió.

Los pobladores de Nueva Saposoa han pedido hace años al Estado la ampliación de su comunidad hasta la frontera suroeste de Sierra del Divisor. Precisamente esa tarde, Cairuna y los suyos habían estado marcando el lindero entre la zona reservada y la tierra que reclaman. Volviendo a su campamento, en el caserío San Pablo de Anguiyal, encontraron las matas de coca. No eran las primeras que veían cerca de su territorio. Lamentablemente.

Dos meses después de aquel hallazgo, las matas siguen aquí, altas, brillantes bajo el sol. Cairuna, Jacinto Canayo (agente municipal) y Marta Cairuna (jefa de la comunidad) miran las hojas en silencio. Con ellas, gente extraña prepara pasta básica de cocaína que probablemente llevará por río a Pucallpa y sacará, luego, por la frontera con Brasil.

De hecho, a unos 200 metros de esta chacra  vemos los restos de una poza de maceración. Humberto Cairuna la encontró el año pasado. Se topó con cocaleros que le informaron que el dueño de la tierra estaba en Pucallpa. El dirigente y sus acompañantes los escucharon y se marcharon. Enfrentarse a los narcotraficantes es peligroso, y los shipibos lo saben.

La poza estaba a unos 600 metros de Sierra del Divisor.

La coca está adentro

En un recorrido de dos días por las comunidades nativas Nueva Saposoa y Patria Nueva, en el límite suroeste de Sierra del Divisor, Domingo pudo conocer las amenazas que enfrenta esta zona reservada, una de las áreas naturales protegidas de mayor riqueza biológica del país. Latala ilegal, probablemente la más peligrosa porque es la más extendida, ha sido documentada en varios reportajes. Sin ir más lejos, la semana pasada, un informe de Panorama mostró el daño que viene causando la construcción de una carretera hecha por madereros ilegales en el lindero norte de la zona reservada.

Pero la amenaza del narcotráfico es menos visible. Cocaleros llegados de Aguaytía, de Contamana, de Pucallpa y de otros valles están devastando el bosque para sembrar la hoja.  Los shipibos encuentran estos cultivos cada vez que recorren las inmediaciones del área natural. En la expedición en la que Humberto Cairuna y los suyos demarcaron su frontera, su  sobrino, Teddy Cairuna, que ingresó por el lado de la Quebrada Blanco, vio cerca de cuatro has. de cocales y al menos dos pozas de maceración.

–Había gasolina, petróleo, químicos en bidones –cuenta.

En el caserío San Pablo de Anguiyal, donde nos detuvimos  para almorzar, nos contaron que todos en ese lugar conocen a los dueños de los cocales. Y les temen. Los propios guardaparques que han sido asignados a esta zona evitan meterse con ellos. A fin de cuentas, al menos en lo que respecta a su jurisdicción, los cultivos están fuera de Sierra del Divisor.

Pero hay otras áreas en las que sí han penetrado.

El 21 de junio, el Proyecto Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP), que supervisa la deforestación de la amazonía a través de imágenes satelitales, descubrió cerca de 130 has. de selva deforestada al interior de Sierra del Divisor, en la parte alta del río Callería. Su análisis concluyó que la deforestación tuvo como objetivo abrir campos de cultivo ilícito de coca.

Una semana después, el MAAP mostró nuevas imágenes de deforestación para cultivos de coca dentro de la zona reservada. Lo más preocupante fue que estas zonas deforestadas se ubicaban dentro de la Reserva Territorial Isconahua, donde habita este pueblo seminómade en aislamiento voluntario.

Los narcotraficantes no han respetado nada.

Nativo asesinado

La mañana del 25 de setiembre de 2013, Eliseo Picón, shipibo de la comunidad de Patria Nueva, salió a cazar sajinos y majaces con su escopeta al hombro. Se fue hacia el norte, al territorio que Patria Nueva está pidiendo como ampliación, colindante con Sierra del Divisor.

Tres días después, su yerno lo encontró cerca de la quebrada Sábalo. Muerto, con signos de haber sido estrangulado.

El lugar donde Picón fue asesinado estaba rodeado de chacras de coca. Dos jóvenes que habían trabajado en esos cocales les contaron a las autoridades de Patria Nueva que los narcos lo habían matado. Lo culparon de haberles robado. La comunidad, presa del temor, no denunció el crimen. Y vive con miedo hasta hoy.

–Nosotros ya no podemos ir por allí así nomás –dice Roberto Guerra, jefe de la comunidad.

–Nosotros íbamos a cazar animales pero ya no podemos ir. Nos pueden matar otra vez.

La muerte ronda a estas comunidades. Pueden traerla los cocaleros o, también, los madereros ilegales. En febrero, una misión de Patria Nueva fue a explorar el territorio pedido como ampliación porque les habían avisado de gente extraña que estaba sacando madera. Saliendo de la Quebrada Blanco se encontraron cara a cara con una docena de madereros. Los nativos llevaban machetes; los forasteros, escopetas. A punto estuvo de desatarse una matanza. Los líderes de Patria Nueva lograron apaciguar las cosas. Les dijeron a los madereros que estaba en marcha el trámite para que ese territorio les fuera otorgado. Les pidieron que cogieran su madera y se fueran. Los madereros les hicieron caso. No los volvieron a ver.

Pero siempre existe la posibilidad de que ocurra un encontronazo con otros extractores. Quizás estos sean más violentos y aprieten los gatillos. Mientras no tengan los títulos de propiedad que los acrediten como dueños de los territorios que han solicitado, los shipibos de Patria Nueva y Nueva Saposoa vivirán siempre en riesgo.

Atención, minsitros

Sierra del Divisor fue declarada zona reservada en 2006, una condición temporal que no le otorga herramientas legales para protegerse de amenazas reales como la deforestación y el narcotráfico. El expediente que propone que sea categorizada como parque nacional está desde mayo en el despacho del Consejo de Ministros. Solo falta que el gabinete lo apruebe.

Rocío Almont, especialista del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp), dice que si es declarada parque nacional, Sierra del Divisor podría definir su zona de amortiguamiento y establecer de manera clara las actividades que se realizarán en ella y prohibir las que pongan en riesgo los recursos del área natural.

Pero, además, categorizarla como parque nacional hará que se fijen de manera permanente sus límites, lo que facilitará la titulación de los territorios solicitados como ampliación de comunidades como Nueva Saposoa y Patria Nueva. Los líderes shipibos dicen que con sus títulos en la mano podrán hacerles frente legalmente a taladores ilegales y cocaleros.

Eddy Mejía, experto del Centro para el Desarrollo del Indígena Amazónico (Cedia), cree que con la categorización Sierra del Divisor también tendrá más recursos para incrementar la vigilancia de sus fronteras. Actualmente solo hay 13 guardaparques para cuidar un área de 1.4 millones de has. dividida en 12 sectores. Según Rocío Almont, lo ideal es que haya al menos tres guardaparques en cada sector. La tala ilegal y el cultivo de coca están avanzando y ya han penetrado este paraíso natural. No han respetado ni siquiera el territorio de los nativos en aislamiento. Hay que actuar cuanto antes.

19/07/2015