La comunidad de Infierno y los ese’eja del Tambopata: hablan los protagonistas

Wili Reaño, enviado especial

Mi opinión

Una misma historia puede ser contada desde diferentes ángulos. O narrada utilizando también las voces, todas, que se tengan a la mano como en una melodía polifónica, como en los relatos de Svetlana Alexiévich, la periodista biolerrusa que obtuvo el premio Nobel de Literatura en el 2015 después de desnudar con trazos firmes la tragedia que supuso para millones de personas, anónimas, dolientes, la Segunda Guerra Mundial y la hecatombe nuclear de Chernobyl. O escuchando los recuerdos en primera persona de los que nunca son tomados en cuenta, como en las historias del colombiano Alfredo Molano, un escritor desconocido por nosotros que ha diseccionado como nadie la vida de los pueblos de la Amazonía de su país.

Esta historia que les traigo, permítanme la ligereza, la cuentan sus protagonistas, la mayoría de a ellos abuelos, hombres sabios que a punta de guardar canas –y mucha experiencia- construyeron un mundo nuevo en la extraordinaria llanura amazónica que crea el río Baawaja a su paso por la tierra de los Ese ejas, defensores de los bosques de una buena porción del departamento de Madre de Dios.

“Me preguntas por Eduardo Nycander, el fundador de Rainforest, a ese muchacho lo conozco desde que era pobre, desde que era así de flaquito, ja ja, se quedaba días enteros con nosotros hablando y hablando, puro palabreo era, nos quería convencer de hacer empresa juntos. Testarudo era, al final de tanto insistir le hicimos caso y empezamos a trabajar con él, primero en el albergue [se refiere al Tambopata Research Center, el centro de investigación y ecolodge fundado en 1989 en las proximidades de la collpa Colorado] después aquí al frente, en Posada. En esa época si había que cargar palos, todos cargaban; si había que cargar comida, todos lo hacían”.

Miguel Pesha Tayori debe andar por los 76 años y hace tiempo que dejó de ser dirigente de la comunidad de Infierno, de la cual fue presidente hasta en tres oportunidades. Ahora se dedica a la docencia: es profesor de lengua Ese eja en la escuela primaria. “Mi papá, Mariano Pesha, no era Ese eja neto, él era toyoeri [una división tribal de los harakbut, otro de los pueblos originarios de Madre de Dios]. Mi abuelo se llamaba Sarinquia, eso recuerdo. Los Ese eja en esos tiempos no teníamos residencia fija, nos movíamos por nuestro territorio ancestral mitayando [cazando] por aquí y por allá. Me integré a la sociedad occidental recién a la edad de doce años. Mi padre me trajo a la escuela de Chonta, acá cerca, allí estudié mi primaria”.

Miguel Pesha, líder histórico del pueblo Ese eja, varias veces presidente de su comunidad. Foto SPV.

“Los Ese eja llamamos Baawaja al río que ustedes llaman Tambopata. Para nosotros el río La Torre es el Kuisho Kuey; el río  Heath es el Sonene de nuestros abuelos  y el río Malinowski, el Ibabi Anaji”, termina de contarme.

“Un Ese eja cuando va a su territorio ancestral, a su río, a sus montes, a su selva, se alivia, se tranquiliza, el bosque le recuerda al pasado y eso le fortalece espiritualmente. , continua ahora el relato polifónico que les dejo Víctor Pesha Baca,  54 años, hijo de don Víctor, nieto de don Mariano, bisnieto de Sarinquia y responsable cuando visité por última vez Infierno de la fabulosa  Casa Cultural Ese eja,  Renueva tu espíritu ver los cerros, los árboles. Los Ese eja no somos ambiciosos, no queremos tener carros, edificios, solo queremos un poco de dinero para el sustento. Por eso digo, es difícil entender el mundo Ese eja…”.

La comunidad nativa de Infierno se asienta sobre las dos márgenes del río Tambopata, entre el caserío de Chonta y el lago Tres Chimbadas, a 19 kilómetros de Puerto Maldonado, aproximadamente tres vueltas abajo de la desembocadura de la quebrada La Torre. El nombre de la localidad está relacionado con el peligroso vado del río que había que sortear para continuar la navegación: un verdadero infierno para los pilotos indígenas y foráneos.

“Todo esto [la zona donde se erige el centro poblado de Infierno] era un tremendo castañal. De Pando, Bolivia, de Porvenir, ahí es mi país que nací yo, allá he sido muchacho. De Bolivia me vine al Perú el año 1946 a los dieciséis años (…) A Infierno he llegado en el año 1960. Desde allí no me muevo de acá. Ya tenía a la madre de mis hijos conmigo (…) De este terreno era dueño un tal Martín Takahashi. Yo trabajaba con él, buena gente el japonés, ha muerto en Lima, tenía sus hijos también. Hartos japoneses vivían acá, todos se han muerto ya (…) No sé por qué se ha malogrado el castañal. Trescientas barricas daba este sector, pero ahora no da ni cien creo. Como maldición todos los castaños se secaron, les tumbaron”. Lo anterior lo comentó Ignacio Duri, chamán y curandero en actividad de Infierno, a Camila Villalobos, co-autora con Robin Van Loon del libro “Don Ignacio Duri Palomeque, relatos de un chamán de la Amazonía peruana”. Don Ignacio cumplió, bailando y gozando, 89 largos años en agosto último.

Ignacio Duri Palomeque, chamán de la comunidad nativa de Infierno, sanador. Foto tomada de Internet.

“Es cierto, continúa Víctor, en Infierno vivimos en la actualidad un poco más de 150 familias. Somos una comunidad intercultural, aquí hay de todo: harakbuts, quichuarunas, andinos, awajún, ashaninkas, mestizos, ribereños…hasta chinchanos. Nos hemos mezclado”.

“Hablo Ese eja, sí, añade, mi mamá se educó en la misión [de los sacerdotes católicos] y fue mi abuela la que se encargó de enseñarme la lengua de mi pueblo. Vivía con mi familia al otro lado del río, donde está Posada Amazonas y el Centro Ñape. Allí vivíamos la mayoría de Ese ejas. Los Inuma, los Flórez, los Durand, los Lleras y los demás ribereños llegaron después, entre todos hemos creado esta comunidad, eso fue en el 76. Te voy a contar la historia del turismo en Infierno. Muchos antes que viniera Eduardo nosotros ya trabajábamos con otras empresas, pero no nos iba tan bien, no entendíamos el negocio y nos sentíamos mortificados. No veíamos las ganancias. Por eso es que cuando Eduardo nos propuso asociarnos no le quisimos creer. Terco era, se quedaba en la comunidad, dormía en una carpa. Durante un año entero  fue casa por casa con Silverio Duri y Juaneco Pesha para convencernos. En el 96 firmamos el convenio para constituir Posada Amazonas y desde entonces hemos caminado juntos. Claro que ha habido problemas, claro, los Ese ejas no somos santitos pero hemos avanzado. El convenio con Rainforest Expeditions es como una bendición para nosotros, nos ha ido bien. El apoyo profesional que nos han brindado y el entendimiento de nuestra forma de pensar han sido muy valiosos. Hemos mejorado, de eso no tengo la menor duda, antes traía a mi hija al colegio en canoa, ahora tenemos caminos, mucho mejor infraestructura. El turismo está empujando el desarrollo de la comunidad”.

Víctor Pesha en la Casa Cultural Ese eja. A su lado un grabado de Ñape, el último gran chamán de su pueblo. Foto SPV.

Agustín Mishaja es uno de los Ese jas más famosos y no solo por su participación en la recordada película Candamo, la última selva sin hombres, sino también por su inconfundible buen humor y su dedicación al turismo. El fotógrafo y editor Walter Wust ha comentado que fue Agustín, mientras faenaba con sus vecinos en un borde del río Tambopata, quien “vio bajar por el río unos árboles cortados por el hombre” hecho que motivó a su padre y a él a caminar por más de veinte días por la selva hasta llegar a Sandia donde habían sido talados los árboles que llamaron su atención. Desde allí y luego de establecer contacto con los escasos pobladores locales, emprendieron el retorno llevando consigo a dos soldados y un sanitario, guiándolos hasta las cercanías de Puerto Maldonado.

Agustín vive todavía en Infierno y recuerda con claridad los primeros años de trabajo con los promotores de Rainforest: “Claro que conozco a Eduardo Nycander, me dice, era flaquito y se quedaba a dormir en nuestras casas como cualquier hijo de vecino. Yo he vivido en el TRC con mi mujer y mis hijos,  chiquitos eran, practicamente he vivido con Eduardo como si fuéramos familiares. Eran varios los muchachos que trabajaban con él, con todos hemos jugado fútbol en la comunidad, a todos los he conocido, buena gente eran”.

Agustín Mishaja retratado por Walter Wust, un viejo conocido de la comunidad Ese eja de Infierno. Foto Walter  Wust.

“Mi padre se llama Agustín Mishaja, yo soy hijo de él, toma la posta Milton Mishaja Mariachi, 36 años, ex presidente de la comunidad nativa de Infierno, hubo un tiempo que la comunidad se estaba dividiendo, la lengua materna se iba perdiendo y nos estábamos convirtiendo en una comunidad mestiza, felizmente nos dimos cuenta y empezamos a recuperar nuestra lengua, por eso es que don Miguel Pesha y don José Mishaja, mi tío, son profesores de Ese eja en la escuela de primaria. ¿El turismo? Aquí trabajamos como una reserva privada porque ya la vamos protegiendo más de 25 años. Hemos iniciado un nuevo proyecto que hemos llamado Bawaaja, como nuestro río, [Baawaja Expeditions-Ñape Lodge es el nombre de la empresa que la comunidad creó para promover el turismo, la investigación científica y la conservación en su territorio], la plata para iniciarlo la conseguimos a través de un préstamo. Hemos delegado a la empresa para que se encargue del trabajo administrativo y nuestra gente también está trabajando porque ya aprendimos con los años de relación que tenemos con Rainforest “.

“El costo aproximado en nuestro albergue, prosigue, es de 200 dólares por noche para visitantes, sin embargo, estos precios varían. Estos ingresos permiten que la comunidad se dedique a otras actividades.No solo invertimos en turismo, un pequeño porcentaje de lo que ganamos se ha destinado para mejorar la comunidad. De la primera venta que hicimos, pagamos a los financistas y con la segunda pagamos el préstamo que nos dio el Banco Mundial. La comunidad verá utilidades en 4 o 5 años. Para lograr el préstamo nos avaló Rainforest Expeditions y la garantía ha sido el albergue que tenemos. Con el tiempo estamos pensando instalar una posta médica, un restaurante, también un paseo en bote.  Nos está yendo bien…”.

“Yo también soy Mishaja por línea materna, le toca el turno a Ruhiler Aguirre Mishaja, 34 años, presidente de la comunidad de Infierno, y como muchos de las jóvenes de mi comunidad soy mestizo. El 20 por ciento de la población actual es netamente Ese eja y un 60 por ciento  es joven. He trabajado en Baawaja Expeditions en el área administrativa. Podría decir que soy hijo de la comunidad que nació luego del éxito que hemos tenido en la actividad turística. Mi comunidad pagó mis estudios, invirtió en mi formación para que yo me hiciera cargo del trabajo  profesional que necesitamos para continuar. Con Rainforest hemos acordado eso: cuando estemos totalmente preparados asumiremos solitos las riendas de Posada Amazonas y continuaremos gestionando los emprendimientos comunales que ya tenemos. Esa es nuestra visión: una comunidad moderna que gestiona sus recursos sin destruirlos”.

“El nivel de vida en Infierno ha mejorado con el turismo, nadie lo puede negar. Sin embargo, nuestra población ha crecido y los recursos del bosque y de la tierra cada vez son más escasos”, continúa el joven dirigente comunal.

“ Pienso que el éxito de todo lo que hemos logrado, continúa Federico Durand, hijo de unos de los fundadores de la comunidad de Infierno y en la actualidad gerente general de Baawaja Expeditions, se debe al esfuerzo de todos los comuneros y al empeño que le pusimos en aprender. Todo lo que nos propuso Rainforest Expeditions era nuevo para nosotros”.

Las ganancias que deja a la comunidad la asociación para gestionar Posada Amazonas se invierten preferentemente en programas de educación, salud, asistencia social –en especial para los ancianos- y en obras de desarrollo. Tal vez por eso las diferencias en el nivel de vida entre la comunidad de Infierno y las demás comunidades de Madre de Dios saltan a la vista. “El turismo ha vencido a la minería ilegal, comenta con orgullo Durand, el turismo ha solidificado a la comunidad, antes éramos una comunidad convencional, llena de problemas, atrasada, sin proyectos de desarrollo, ahora somos una comunidad sostenible, que cuida sus bosques y maneja apropiadamente sus recursos”.

En Infierno se siente el cambio. Las microempresas de servicios crecen y los econegocios se consolidan. Los nuevos dirigentes, muchos de ellos menores que Durand, han asumido la conducción de la comunidad. Los más viejos, los abuelos como los llaman, siguen asistiendo a las asambleas comunitarias y a los demás espacios de decisión compartida. Y de hecho su voz, sus consejos, son escuchados por el resto de la población.

Hace muy poco tiempo,  lo he contado en otro momento, cuando la prórroga al primer contrato llegó a su fin y algunos miembros de la comunidad propusieron dar por finalizada la sociedad con Rainforest Expeditions fueron ellos, los miembros de la primera generación de empresarios turísticos, los que levantaron la voz para exigir que se continuara un tiempo más con el experimento asociativo que tanto bien había producido en esta parte del Tambopata. Y de común acuerdo, entre todos, decidieron alargar la sociedad un tiempo más. Eso sí, cambiando un poco, para bien de Infierno, los términos del nuevo contrato: esta vez el 75 por ciento de las ganancias que Posada Amazonas genera van directamente a las arcas de la comunidad.

Todos felices. Y el bosque recuperado. Y la tradición cultural de la nación Ese eja firme como los shihuahuacos y lupunas que han sabido cuidar gracias al turismo y al empeño de los que hicieron posible esta gesta.

Don Miguel Pesha y Eduardo Nycander, dibujo en infografía de la Casa Cultural Ese eja de Ia Comunidad Nativa de Infierno. Foto SPV.

*Los datos y testimonios para la elaboración de este artículo fueron proporcionados, en la mayoría de los casos, por los propios protagonistas en entrevistas realizadas en los años 2018 y 2019. La información que complementa la nota fue tomada fundamentalmente de dos libros publicados en los últimos años: “Tejido territorial Ese eja. Más allá de las fronteras y las áreas naturales protegidas”  y  “Don Ignacio Duri Palomeque. Relatos de un chamán de la Amazonía peruana”

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