La dama del desierto. Restauración ambiental en Tambopata

Guillermo Reaño para Viajeros 35: Fotos. Pablo Merino

Sabina

La crónica que les propongo apareció en la edición 35 de la revista Viajeros. Se las paso porque he vuelto a Puerto Maldonado para revisar los avances del proyecto de remediación en áreas degradadas que impulsa el Consorcio Madre de Dios, un grupo de trabajo compuesto por instituciones locales e internacionales que intenta poner freno a tanto desmadre en esta región del planeta tan rica en biodiversidad y culturas originarias.

Mañana, temprano, tengo una cita con el Dr. Francisco Román, recientemente galardonado con el Premio Nacional del Ambiente Antonio Brack Egg 2015, para seguir tomando nota de los aportes y avances de su investigación en el sector de La Pampa que recorrí el año pasado. Seguramente volveré a Manuani en los próximos días para saludar a Sabina Valdez y a los demás miembros de su comité. Eso espero.

Hay que sembrar de buenas noticias el territorio que la minería ilegal se empeñó en destruir. La historia de la Asociación de Mineros y Agricultores del río Manuani es una de las tantas historias que queremos que conozcan. No todo está perdido. Ojalá les guste.

El chofer de la camioneta que nos transporta ha detenido su vehículo en el infierno. Kilómetro 109 de la carretera Interoceánica Sur, zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata, una de las áreas protegidas más biodiversas del Perú y seguramente del planeta.

En lugar de bosques, de vida natural, lo que se deja observar es una sucesión de construcciones de todo tipo que se amontonan al pie del asfalto convirtiendo la moderna autopista en una callejuela cualquiera, en un mercado persa definido por el ruido que brota de los altoparlantes y el trajín de cientos de hombres y mujeres que han ido llegando de todas partes atraídos por el boom del oro, de la riqueza pronta y los excesos de todo tipo.

Babel en medio de la Amazonía peruana; Babilonia sin jardines y palacios que puedan resaltar sus bríos.

Hemos llegado a La Pampa, distrito de Inambari, provincia de Tambopata, Madre de Dios, escenario desde el año 2007 de una ocupación salvaje. Ese año y el siguiente, miles de campesinos pobres de la sierra sur y buscadores de fortuna provenientes de los más recónditos parajes del Perú iniciaron una diáspora que todavía no acaba y que en poco tiempo transformó un bosque en una pampa, en un vulgar archipiélago de dunas y charcos de aguas pútridas y altamente contaminadas. Desde entonces, a pesar de las interdicciones y otros operativos a cargo de las fuerzas policiales, la ley de la selva sigue predominando en esta zona donde alguna vez, no hace mucho, era posible toparse con sachavacas, ronsocos, pumas y apreciar en lo alto de sus árboles centenarios los nidos de guacamayos.

la pampa 006

En moto por un desierto aterrador

La onza de oro antes de la crisis mundial del 2007 se cotizaba en los mercados internacionales en 250 dólares. Hace poco superó los 1300 dólares y no hay quien se anime a vaticinar que cifra va a marcar su punto de retorno. La subida del precio del oro convirtió en rentable cualquier modalidad de extracción, incluso la que significa sacarlo a como dé lugar del subsuelo de las selvas más remotas.

Madre de Dios, paradójicamente una de las zonas con mayor riqueza biológica de la Tierra, ha perdido en los últimos seis años por acción de una minería salvaje 400 kilómetros cuadrados de sus mejores bosques.

– Nosotros vivíamos en paz, extrayendo mineral de manera artesanal y con las debidas autorizaciones del Estado…pero un día llegaron los informales y todo cambió.

Hemos detenido nuestro vehículo en una suerte de chabola en un paraje próximo al kilómetro 116 de la carretera Interoceánica. Quien nos va contando lo dramático de su historia es Sabina Valdez, una mujer de rasgos andinos que vive en el caserío de Manuani, a cincuenta minutos en motocicleta de donde estamos y preside la Asociación de Mineros y Agricultores del río Manuani, un comité compuesto por 24 mineros artesanales que desde hace veinte años venían extrayendo el mineral de manera controlada, utilizando para ello métodos manuales o equipos básicos: lampas, carretillas, quimbaletes y bombas eléctricas de hasta 25 hp.

Ellos fueron los primeros en dar alerta de la invasión que les cayó encima. De nada les sirvió las denuncias hechas ni las gestiones que realizaron ante los funcionarios del gobierno regional y los ministerios comprometidos con una posible solución; como hormiguitas, en pequeños grupos o en masa, los mineros informales fueron tomando posesión de las mejores tierras y cauces de agua para imponer un tipo de ocupación basado en la fuerza de sus potentes motosierras y la maquinaria que fue apareciendo como por arte de magia.

De pronto fueron mil, diez mil, muchos más. Las chozas forradas con plástico azul y calaminas se multiplicaron; los pueblos, los negocios, los bares y prostíbulos también. Una economía paralela, boyante y muy dinámica, se instaló al lado del caserío de Manuani. La ley y el orden empezaron a correr por cuenta de los propios mineros.

En este punto del relato interrumpimos a Sabina para subirnos a las motocicletas que nos esperan y acercarnos al corazón de La Pampa. Cuarenta minutos nos tomó recorrer parte de una geografía inaudita, inconcebible, indescriptible. Las dunas y la grama salada, los charcales y el páramo, la desesperanza y el olvido componen un paisaje salido del Armagedón.

Hay que tener la piel muy dura para soportar el cuadro que ha quedado del vergel de vida que hace menos de diez años caracterizaba a este sector en el interior de la llamada zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata.

-Ya ve usted, no nos dejaron nada.

Sabina mira en lontananza para que tomemos un poco de aire.

la pampa 023

Un nuevo bosque para Manuani

Los impactos de la minería informal en Madre de Dios son inmensos y vienen siendo estudiados por el Estado y la sociedad civil. Una de sus grandes amenazas es sin duda el uso indiscriminado de mercurio, sustancia que termina invariablemente en los ríos. Un estudio del Proyecto Carnegie Mercurio Amazónico reveló que el 78% de los 226 adultos analizados en Puerto Maldonado presentaba en el cabello niveles de mercurio superiores a los límites permisibles (1 ppm). El nivel promedio hallado fue de 2,7 ppm, casi el triple del valor referencial, y llegó incluso hasta los 27,4 ppm.

En Madre de Dios se producen 15 toneladas de oro cada año, de lo que se puede deducir que al menos treinta toneladas de mercurio se vierten en sus ríos. “El tema del mercurio es un asunto que afecta directamente la salud de la gente cuando la minería no trabaja adecuadamente. Es un problema impostergable”, lo ha dicho sin medias tintas Mariano Castro, un alto funcionario del ministerio del Ambiente peruano. En La Pampa, viendo los estragos que ha dejado la minería informal, se hace evidente que la salud de los ecosistemas también ha sido severamente afectada.

– No sabíamos que hacer. Muchos decidieron irse, pero al final fuimos las mujeres las que decidimos cambiar, generar una nueva forma de vida.

A finales del 2012 la directiva de la Asociación de Mineros y Agricultores del río Manuani se contacta por primera vez con los técnicos del Consorcio Madre de Dios, una coalición de organizaciones públicas y privadas que en el marco de la Iniciativa para la Conservación en la Amazonía Andina (ICAA) venía implementando esfuerzos regionales de conservación, con el objetivo de buscar soluciones integrales a los problemas de la región.

– Queríamos recuperar las áreas que habían destruido los invasores, pero no sabíamos cómo, recuerda Sabina.

Gracias al apoyo del Consorcio Madre de Dios, la asociación implementó a inicios del 2013 un vivero forestal con plantones de especies nativas de rápido crecimiento: “topa” (Ochroma pyramidale), “lupuna” (Ceiba pentandra), “amasisa” (Erythrina ulei) y “peine de mono” (Apeiba membranácea) con el objetivo de reforestar un área de 262 hectáreas de tierras severamente degradadas por la minería informal. Fue un trabajo de titanes, de mucho esfuerzo y diálogo entre todos…

Sabina2

En este punto del recorrido mientras observamos con entusiasmo los plantones que resisten el aplastante calor de las doce del día de La Pampa, nos damos tiempo para escuchar a Francisco Román, limeño, científico de la Universidad de Florida, una de las organizaciones que conforman el Consorcio Madre de Dios y decidido impulsor del sueño de los vecinos de Manuani. “Reforestar con especies nativas en terrenos tan degradados nos permite contar con información previa sobre el desempeño de las especies en los diferentes sitios en los que vamos a trabajar. Parece mentira, no existían experiencias de reforestación en áreas amazónicas degradadas por la minería aurífera informal”.

Sabina y los miembros de su asociación son conscientes de la importancia que tiene su emprendimiento para afrontar con éxito la regeneración de miles de hectáreas degradadas de Madre de Dios. Los mineros y mineras artesanales de Manuani tienen absoluta confianza en el éxito de su trabajo. Como lo menciona una de las socias “las mujeres de nuestra asociación sabemos lo que hacemos, cuando decimos hay que hacer esto, lo hacemos”.

El bosque de la esperanza

Un nueva ilusión se ha instalado en este páramo al lado de lo que fue una selva exuberante y rica en recursos. Los integrantes de la asociación, la mayoría de ellos migrantes andinos, han empezado a hacer lo que parecía imposible. Sanar el ecosistema degradado, empezar a sembrar de vida lo que devastaron los que llegaron de lejos y se llevaron todo. “Si nos hubieran dado el apoyo que pedíamos, rememora Sabina, deteníamos la invasión. Por eso creemos que si el Estado de verdad valora nuestro trabajo y nos da una mano estas tierras recuperadas jamás volverán a ser degradadas”.

En el caserío de Manuani, veinte casitas rodeando un campo de fútbol, nos reunimos con un grupo numeroso de socios de la asociación y los técnicos del Consorcio Madre de Dios. Queremos recoger el testimonio de los implicados en esta revolución verde y sus expectativas. La más entusiasta es Sabina, una mujer de armas tomar que conoce el teje y maneje de la burocracia regional. “Yo no me chupo, he hablado con el ministro varias veces y le he pedido lo mismo. Que nos reconozcan como guardianes de estos bosques y nos apoyen. Nosotros no vamos a parar hasta convertir el desierto en bosque y queremos vivir de sus beneficios”.

Luis Masías, uno de los técnicos del Consorcio Madre de Dios los mira y sonríe, conoce muy bien la fuerza del colectivo con el que viene trabajando desde el 2013. “Lo que acaban de ver es un campo de investigación de primerísimo orden. Como Consorcio estamos tratando de aglutinar a todas las organizaciones de Madre de Dios para gestionar ambientalmente la región. Sin la participación de las poblaciones no vamos cambiar a nada”.

– Al principio no entendíamos a los ingenieros, toma la palabra Elizabeth Carhuaya, la tesorera de la asociación, no entendíamos porque nos decían que sembremos en tantas zonas.

Claro, no se trataba de sembrar por sembrar, nos lo había comentado el doctor Román durante nuestra visita al área reforestada, “lo que estamos haciendo en La Pampa con nuestros socios de Manuani es investigación científica”. Y de la más útil. La actividad minera convirtió las tierras directamente afectadas y el bosque aledaño en tierra ácida, sin un ápice de materia orgánica. “Hoy sabemos gracias a la información que va generando nuestra investigación las medidas que se deben tomar para tener éxito”.

– Día a día hemos regado las plantas, acota un hombre joven, otro de los miembros de la asociación.

– Sí, fueron varias faenas. Llevamos en moto los plantones y con nuestras propias manos los fuimos sembrando en la pampa, acota una mujer de sonrisa amplia.

– Y al toque fueron llegando las hormiguitas.

– Y los bichos.

La reunión se convierte en un torbellino. Todos quieren contar sus experiencias en la reforestación, las anécdotas más resaltantes.

– La minería ya no nos va a dar de comer, tenemos que buscar otras alternativas, el turismo por qué no, todavía nos quedan bosques en pie y en estos que vamos a sembrar va a volver la vida, cierra el círculo Sabina.

Tiene razón. Los bosques de Madre de Dios tienen que encontrar una vocación distinta al de la minería que todo lo convierte en oro. En oro que se esfuma dejando contaminación e infinitos problemas sociales. En La Pampa, en el infierno de la capital de la biodiversidad del Perú, una mujer está demostrándolo. Una mujer y un comité de generosos defensores del bosque.

Tres de la tarde. Hemos hecho el recorrido contrario, la desolación es la misma. En el bohío del kilómetro 116 nos volvemos a subir a la camioneta que nos habrá de llevar a Puerto Maldonado. Cierro mis notas apuntando lo siguiente: “Es posible cambiar el mundo si es que las voluntades se juntan. En el infierno de La Pampa pobladores locales e instituciones de la sociedad y el Estado lo están demostrando. Gracias al trabajo colaborativo, gracias al esfuerzo del Consocio Madre de Dios – USAID, una alianza que reúne a la Universidad de Florida, la ONG Futuro Sostenible, la Universidad Amazónica de Madre de Dios (UNAMAD) y al Gobierno Regional de Madre de Dios, ganamos todos”.

Pienso en Sabina Valdez, presidenta de la Asociación de Mineros y Agricultores del río Manuani, me ha quedado grabada una última imagen suya. Sabina y tres de sus asociados, riéndose a mandíbula suelta: “Miren, miren, esas huellas que ven sobre la arena muerta son de una sachavaca, la muy viva está regresando en busca de su bosque”. A los lejos escucho el graznar de los guacamayos. La naturaleza se resiste a morir. Sabina y su comité lo saben, por eso han empezado a construir el futuro.

29/2/2016