La población mundial de aves marinas ha caído casi un 70% en 60 años

Jeremy Hance

albatros_ceja_negra-01

Los datos del estudio que les presento son desoladores, horribles. Espantan. La mortandad de aves marinas producida en los últimos sesenta años -230 millones de individuos- describe una tragedia de proporciones inimaginables que podríamos parar si es que de verdad nos diéramos cuenta de las pocas posibilidades que tenemos de sobrevivir como especie.

Hace unos años escuché a Stefan Austermülhe, de la ONG Mundo Azul, afirmar que el 95 % de las aves guaneras del Perú habían desaparecido en medio siglo de pesca desmedida y sucesivos fenómenos El Niño. Vamos, pensé entonces que se trataba de un dato aislado, nacional, una excepción susceptible de mejorías. El informe que publica The Guardian confirma que estaba equivocado, que se trata de una tendencia, de un drama de carácter macro…como todos los que venimos soportando.

Debo decir que el estudio que comento presenta soluciones que espero se discutan en la COP 21 de Paris y se plasmen en políticas públicas. Todas factibles de implementar si nos ponemos las pilas y exigimos a nuestros gobiernos. Una de ellas la creación de reservas marinas que den protección a comunidades que son amenazadas por el hombre. Chile nos acaba de dar un esfuerzo.

Reservas marinas, pesquerías responsables, descontaminación de los mares y, sobre todo, disminución de la producción plástica que irremediablemente va a parar a los océanos del planeta, son parte de un problema mayúsculo. Qué el 90 % de las aves marinas del mundo tengan plástico en el estómago habla de la absoluta irracionalidad de nuestro pasar por el mundo.

Cada día, durante 60 millones de años, las aves marinas han logrado proezas increíbles: circunnavegar el planeta sin hacer paradas, zambullirse más de 200 metros en mares traicioneros para agenciarse un bocado, enfrentarse al clima más impredecible del mundo como si no fuera nada del otro jueves y dar con el camino de vuelta a casa en aguas con pocas o ninguna indicación. Pero ahora las aves marinas, como tantas otras especies, han encontrado la horma de su zapato.

Desde hace mucho tiempo, los ecologistas saben que numerosas poblaciones de aves marinas están en declive, pero un estudio publicado recientemente por PLOS ONE plasma una situación peor de lo que se preveía. Según los investigadores, la abundancia de aves marinas se ha reducido en un 69,7% en solo 60 años, lo cual equivale a la muerte de unos 230 millones de animales.

“Me sorprendió mucho el resultado. Era considerablemente más alto de lo que esperaba”, afirma Edd Hammill, coautor del estudio junto con la Universidad Estatal de Utah. “La conclusión que debemos extraer de esto es que hay un problema grave en los océanos”. A Ben Lascelles, director de asuntos marinos en Birdlife International, que no participó en el estudio, los datos le resultan alarmantes porque la reducción parece casi indiscriminada y afecta a “un gran número de especies de varias familias”.

Las aves marinas, que incluyen a cualquier pájaro que dependa en gran medida del entorno marino, ascienden a casi 350 especies en todo el mundo, una asombrosa variedad de animales amantes de lo extremo. Por ejemplo, el infatigablemente errante albatros, que posee la mayor envergadura del planeta; el pingüino emperador, del tamaño de un niño y el único pájaro que se aparea durante el invierno antártico; y el diminuto paíño, que prácticamente brinca sobre el agua al alimentarse (al fin y al cabo, debe su nombre a San Pedro).

Pero, teniendo en cuenta que las aves marinas viven tanto en mar abierto como en el litoral, esta ecléctica mezcla de pájaros hace frente a toda una letanía de peligros: pesca excesiva, ahogamiento provocado por sedales o redes, contaminación por plásticos, especies invasoras como las ratas en zonas de anidación, infraestructuras de petróleo y gas y polución tóxica que avanza por la cadena alimentaria… Por si esto no bastara, el doble revés del cambio climático y la acidificación del océano amenaza con inundar las zonas de anidación y alterar las fuentes de alimento.

“Las aves son indicadores especialmente buenos de la salud de los ecosistemas marinos”, explica el principal autor del estudio, Michelle Paleczny, de la Universidad de Columbia Británica y el Sea Around Us Project. “Cuando presenciamos un declive de las aves marinas de esta magnitud, nos damos cuenta de que los ecosistemas marinos tienen algún problema. Nos da una idea del impacto general que estamos teniendo”.

Pero, con una cantidad tan grande de especies en entornos tan variados, nos preguntamos: ¿cómo contaron los científicos tantos pájaros?

Recuento de aves

En primer lugar, el equipo de investigadores evaluó todos los datos de población disponibles sobre aves marinas y encontró información demográfica de 3.213 poblaciones. Pero no podía utilizar todos esos recuentos, ya que los ecologistas habían estudiado muchas de esas poblaciones remotas solo una o dos veces, lo cual no es suficiente para mostrar una tendencia real. Finalmente, el equipo eligió 513 poblaciones que habían sido contabilizadas al menos en cinco ocasiones. En total, dichas poblaciones representaban alrededor de un 19% de las aves marinas del mundo.

Así y todo, Hammil cree que los hallazgos del equipo constituyen “una representación rigurosa de lo que está sucediendo en el mundo”, y añade: “Aunque no incluimos todas las poblaciones, sí figuran todas las familias de aves marinas, así como poblaciones de todos los litorales importantes del mundo”.

Paleczny explica también que cuando los investigadores observaron las diferencias entre las poblaciones controladas y no controladas, no encontraron “pruebas de que las primeras estén disminuyendo más”.

Los hallazgos también se ven reforzados por investigaciones anteriores. En 2012, un estudio publicado por Bird Conservation International descubrió que el 28% de las especies de aves marinas corren peligro de extinción y que un 47% están disminuyendo. En resumen, esto significa que las aves marinas tienen el doble de posibilidades de extinción que las terrestres.

“La tendencia para muchas especies de aves marinas ha sido claramente descendente desde hace años, y este estudio aporta más pruebas al respecto”, afirma Lascelles.

Pese a ello, el estudio de Paleczny y Hammil probablemente ofrezca una panorámica aún más alarmante sobre el estado de las aves marinas del mundo. Por ejemplo, según ellos, la familia del charrán ha caído en un 85%, las fragatas en un 81%, los petreles y las pardelas en un 79% y los albatros en un 69%.

Esos funestos descubrimientos apuntan a uno de los patrones del estudio: a las aves de mar abierto –como los albatros, las fragatas, los petreles y las pardelas – normalmente les va peor que a los pájaros que viven cerca de la costa.

“Las aves [de mar abierto] sufren especialmente debido a su gran alcance geográfico. Como estas especies viajan muy lejos, hay más posibilidades de que encuentren amenazas”, comenta Hammill, que añade que los pájaros costeros “en algunos casos” tienen menos problemas gracias a una mejor gestión de las zonas de anidación y a unos materiales de pesca más adecuados.

Pero, aunque se reduzcan las amenazas, según Lascelles la recuperación exige diligencia y paciencia. “La mayoría de las aves marinas viven muchos años y se reproducen lentamente, lo cual significa que incluso pequeños incrementos de la mortalidad pueden causar importantes disminuciones de la población, de las que tardan mucho en recuperarse”.

Incluso algunas aves costeras muy dispersas experimentan grandes declives. Por ejemplo, el estudio descubrió que las poblaciones de cormoranes se han reducido en un 73%.

Avances

Teniendo en cuenta todas las amenazas que afectan a las aves marinas del mundo, es apropiado preguntar: ¿por dónde empezamos en materia de conservación?

“Ya tenemos soluciones para muchas de las amenazas, pero hay que ampliarlas y ponerlas en práctica en muchos sectores y zonas geográficas”, afirma Lascelles. “Hay que hacer más esfuerzos para librar a las colonias de aves marinas de especies invasoras, reducir la captura accesoria en las pesquerías o los pájaros atrapados en redes y crear zonas de conservación”.

Paleczny también hace un llamamiento a la creación de zonas marítimas internacionales protegidas que abarquen la amplia variedad de aves.

Un albatros, con su nido en medio de la basura. / Jay Holcomb

Las zonas protegidas en los océanos van muy a la zaga de las terrestres. En la actualidad, solo un 2% de los océanos del mundo se hallan bajo algún tipo de protección y menos de la mitad prohíben por completo la pesca. En cambio, casi un 15% del paisaje terrestre mundial está protegido.

Con una extensión tan reducida del océano teóricamente cerrada a la pesca –menos del 1%– no es de extrañar que muchas aves marinas sean víctimas de la pesca excesiva. De hecho, un revelador estudio de 2012 descubrió que cada vez que la abundancia de peces descendía por debajo de un tercio de los niveles máximos, las poblaciones de aves marinas empezaban a menguar en respuesta.

“Lo que esto indica es que [las aves marinas] han evolucionado de tal manera que viven en condiciones de alimentación medias o por encima de la media”, afirmaba el coautor Ian Boyd a Mongabay en 2012. “No es que esto sea muy sorprendente, pero algunas cosas no resultan evidentes hasta que tienes las pruebas delante de ti”.

En aquel momento, Boyd dijo que sus hallazgos deberían generar una nueva campaña para salvar “a un tercio de las aves” (y otros depredadores marinos) de las pesquerías del mundo.

Pero, para Hammill, el “problema más acuciante” es la contaminación ocasionada por los plásticos.

Ignorada durante mucho tiempo por los ecologistas –tal vez por la intratabilidad del problema–, poco a poco, la polución de los plásticos en el océano ha ido despertando un mayor interés. Un estudio publicado el mes pasado revelaba que un 90% de las aves marinas del mundo probablemente tenían plástico en el estómago.

“He visto de todo, desde encendedores hasta tapones de botella y coches en miniatura. He encontrado juguetes [en las tripas de aves marinas]”, decía la coautora del estudio Denise Hardesty, de CSIRO, a The Associated Press.

Las aves marinas confunden constantemente el plástico con huevas de pescado y devoran grandes cantidades. El plástico en el estómago de un animal no solo libera toxinas mortales, sino que también puede causar una muerte lenta por hambruna al obstruirle el intestino. Los pájaros incluso administran trozos de plástico a sus crías, que mueren en masa.

Al final, unas acciones a gran escala para ayudar a las aves marinas podrían contribuir enormemente a limpiar nuestros ecosistemas marinos, cada vez más llenos de basura.

“Los océanos todavía están tristemente desprotegidos y las pesquerías necesitan más gestión y vigilancia. Para que se lleven a cabo todas estas actividades se requiere inversión y apoyo de los Gobiernos de todo el mundo”, señala Lascelles. “A corto plazo, estas acciones generarán resistencia en las poblaciones de aves marinas, algo necesario en vista de las nuevas amenazas como el cambio climático”.

Este artículo se ha publicado en ‘The Guardian’ y forma parte del acuerdo Climate Publishers Network, una red de diarios liderados por EL PAÍS y el diario británico para colaborar en la cobertura del cambio climático.

25/10/2015