La yareta, la planta que permite determinar edad histórica de erupciones volcánicas

Tomado de Agronoticias

Mi opinión

La yareta del altiplano peruano es una planta –o un arbusto para ser más exactos- de contextura y longevidad extraordinarios. En las faldas del nevado Coropuna, donde las observé con detenimiento hace una pila de años o últimamente en las hoyadas del macizo Ausangate, donde crecen muy cerca del bofedal poblado de alpacas de los comuneros de Yanacancha, Azorella compacta, resiste con inusitado estoicismo las inclemencias del clima extremo para regalarle al habitante de las alturas fibra vegetal con la cual obtener combustible y remedio contra la diabetes, la tuberculosis y los parásitos que hacen tanto daño.

Los que la han estudiado con detenimiento concuerdan en que es uno de los seres vivos más longevos del planeta: la fotógrafa estadounidense Rachel Sussman retrató una yareta de más de tres mil años de edad sobreviviendo a su suerte en el desierto de Atacama. Impresionantes. Les dejo esta notita que acabo de recoger de la revista Agronoticias que da cuenta de nuevos hallazgos en la datación de las yaretas peruanas que sin duda van a abonar positivamente en el estudio de los volcanes andinos.

La Azorella compacta, conocida localmente como “yareta”, es una planta con forma de almohadillas que crece en zonas altas y frías de los Andes, entre los 3,800 a 5,200 msnm, permite ubicar entre sus capas partículas de cenizas volcánicas, colaborando así a determinar el momento de la erupción de volcanes cercanos.

La yareta, que se desarrolla en una zona donde difícilmente crecen otras especies, es empleada como combustible doméstico, debido a que contiene una resina. Algunos pobladores la utilizan para combatir ciertas dolencias.

Tiene un crecimiento radial muy lento del centro hacia los bordes a manera de acumulaciones, de diminutas hojas nuevas sobre las hojas muertas, que van formando una especie de “cojines”.

Su crecimiento lento sugiere que su período de vida puede durar cientos y hasta miles de años y por esas características los investigadores colectaron pequeñas porciones laminares como muestras del flanco norte del volcán Misti para someterlas a análisis con 14C (radiocarbono) para conocer la edad a un nivel de crecimiento desde la superficie hacia el interior.

Los resultados ubican un periodo entre 1948-1958 datados a 15 cm debajo de la superficie actual de la planta; mientras que a 29 cm de profundidad se identificó un periodo de crecimiento entre 1802-1958. Se estableció que la planta analizada tiene un ratio de crecimiento de 1.3-3.5 mm/año y habría empezado a crecer entre los años 1462-1830, poco después de la última erupción del volcán Misti (Siglo XV) y habría existido ya cuando ocurrió la erupción explosiva del volcán Huaynaputina en el año 1600 y durante las erupciones de los volcanes Ubinas y Sabancaya.

Los datos de este estudio abren una importante posibilidad para los vulcanólogos andinos, puesto que, debido a su longevidad y a su lento crecimiento en las alturas, la Yareta podría registrar, en sus capas, partículas de cenizas de volcanes cercanos con las que se podría determinar el momento de la erupción.

Esta podría ser una herramienta geocronológica única, sobre todo en ambientes áridos y fríos como los Andes peruanos, distinta a la dendrocronología, que consiste en la datación en anillos de árboles, y la liquenometría, que aplica la datación en líquenes.

Asimismo, la Yareta podría utilizarse para estimar el tiempo de ocurrencia de otros fenómenos geológicos como grandes sismos, deslizamientos, entre otros.

Este estudio lo realizaron investigadores del Observatorio Vulcanológico del Ingemmet, el Programa de Asistencia ante Desastres Volcánicos del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS-USAID) y la Universidad Politécnica del Estado de California en San Luis Obispo, en el marco del Convenio 158-2017-FONDECYT.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) precisó que una mayor comprensión de la historia eruptiva del volcán es crítica para evaluar los peligros y la ‘Yareta’ puede ayudar a los investigadores a aprender más sobre el pasado, para proteger a las comunidades en el futuro.