Lichi Vásquez, mujer montaña, mujer coraje…

Wili Reaño – Proyecto Entre Cuencas 2018

Mi opinión

Mientras escribía esta semblanza sobre la montañista cusqueña Lichi Vásquez, Internet me trajo la noticia de la trágica muerte, mientras intentaban el ascenso al nevado Alpamayo, del escalador huaracino Jaime Quintana Figueroa y dos de sus compañeros de ruta, un británico y un esloveno.

No conocí a Jaime durante los años que pasé en Cordillera Blanca, pero amigos muy cercanos tuvieron la dicha de compartir el mismo camino. Ojalá que su historia, sus ganas de coronar los techos del mundo perduren en el recuerde de los que lo conocieron.

Cuídense muchachos y muchachas que han hecho de la montaña un hábito, un maravilloso hábito y una forma de vivir. Cuídate Lichi, cuídense mujeres montaña…

“La montaña ha formado quien soy ahora, ha sido mi guía”. En el café Ayllu de Marques no cabe ni un alfiler. Junio es mes de fiestas y las celebraciones en el Cusco, se sabe, convocan a todo el mundo; en las calles, viendo el gentío, cualquiera diría que los vecinos de sus trece provincias se acaban de mudar a la ciudad histórica para sembrar de bailes y comparsas sus plazas y avenidas.

En medio de ese descomunal alboroto me tomo el tiempo de conversar con Lixayda Vásquez Escobar, Lichi, la primera peruana en tomar por asalto la cumbre del mítico Ausangate, el guardián de los cielos cusqueños y apu, montaña sagrada, para llamichos y paqocheros de las provincias de Quispicanchi y Canchis, en las alturas del departamento.

Con ella al mando de un variopinto grupo de esforzados caminantes, recorrí los bordes del coloso de 6384 metros hace algunos años. Allí la conocí, allí, entre los pedregales cercanos a la laguna Ausangatecocha y las faldas del nevado Mariposa, empecé a conocer su historia, que es la historia de tantas mujeres-coraje que labran sus sueños en los Andes y en los rincones más increíbles de este planeta que no acabamos de descubrir y ya lo estamos destruyendo.

Foto archivo Lixayda Vásquez.
Foto archivo Lixayda Vásquez.

Un proyecto de vida

Licenciada en turismo, guía de trekking, escaladora en roca –de las primeras en el Cusco- y montañista, Lichi es una de las impulsoras de Mujer Montaña, un colectivo compuesto por mujeres que han entendido que la montaña no es un accidente geográfico al que hay que necesariamente vencer para tocar el cielo con las mano. Para ellas, para Griselda Moreno, de Salta, Argentina, Denys Sanjinés, de La Paz, Bolivia y esta peruana que vive entre gigantes de hielo, la montaña es un camino redentor, una escuela de vida, una opción de libertad.

El proyecto que empujan desde el año 2013, intenta acercar el montañismo, las montañas, a las mujeres latinoamericanas desde el convencimiento pleno de que esta actividad puede ayudarlas a derrumbar miedos, a descubrir las capacidades que tienen dentro de sí para un desarrollo integral, mejor. Liberador.

Las tres son ejemplo de lo que predican, las tres se han enfrentado con éxito a esos estereotipos que han hecho de este deporte patrimonio de unos cuantos, por lo general hombres, que a punto de músculo y vigor, se agrupan para conquistar los techos del mundo con el objetivo de establecer marcas personales o hazañas inverosímiles.

Para el colectivo Mujer Montaña, en cambio, se trata de despertar la montaña que cada uno lleva dentro. Y en eso andan, creciendo como mujeres y organizando a las chicas, como les gusta llamarlas Lichi, para conquistar nuevas cimas (interiores) y convencer a los chicos de la importancia de trabajar en equipo, de manera solidaria, entregada, eso que las cordadas compuestas solo por féminas derrochan en cantidad.

Y en esa búsqueda han logrado reunirse con decenas de mujeres –y también hombres que valoran el aporte femenino en la conquista de lo imposible-  en las montañas más emblemáticas de Argentina (2014), Perú (2015), Ecuador (2016), nuevamente Perú, esta vez en la Cordillera Blanca (2017) y este año en México, simplemente para conocerse, compartir experiencias, aprender, ser más. Crear una comunidad de seres humanos más solidarios, mejor conectados con la Madre Tierra, con la Madre Naturaleza.

on Dennys Sanjinés, montañista boliviana, compañeras de ruta en Mujer Montaña.Foto archivo Lixayda Vásquez.
Con Gri Moreno, montañista argentina, compañeras de ruta en Mujer Montaña.Foto archivo Lixayda Vásquez.

Vivir entre los colosos de hielo

“Nací en el Cusco, me va contando Lichi, pero pasé gran parte de mi infancia en Ocongate, en la casa de mi abuelo materno, un maestro rural que amaba su trabajo y le ofrecía a la pachamama los mejores frutos de su chacra. Todas las vacaciones de mi infancia, los tiempos libres que tenía, los pasé con mis abuelos. Tenía al Callangate, al Ausangate, a las hijas del Ausangate en mi ventana, cerquita, allí nomás”.

En esa escenografía y viviendo en una comunidad de campesinos y ganaderos respetuosos de la Madre Tierra y las montañas, la niña que esperaba con ansias el fin de clases para subirse al bus que la llevara a Ocongate, fue encontrando su destino. “Mi primera caminata la hice a los nueve años, caminé desde Urcos hasta Ocongate, en esa época la carretera Interoceánica era un sueño y las avalanchas interrumpían a cada rato el camino. Había que andar…”.

Y eso es lo que ha venido haciendo desde entonces. La escolar repleta de montañas y recuerdos de una vida respetuosa de los apus y la Mamacocha se hizo mujer y en las aulas universitarias definió su destino.

“Un día cualquiera vi un letrero con una invitación que me llamó la atención, estaba allí pegado en una pared: Únete al club de escaladores, decía y por supuesto que eso fue lo que hice”. Empezó entonces un romance que no ha acabado. Con una de sus mejores amigas se metió de lleno a escalar en roca, un deporte distinto al que práctica ahora pero que le permitió conocer al grupo de muchachos que hacían montaña de verdad.

“Fue un tiempo salvaje, rememora, entonces no había en el Cusco nada que se pareciera a un equipo de montaña decente. Teníamos un piolet, tres pares de grampones y un par de botas para los ocho o diez que éramos. Conseguimos zapatos de cuero y los lustramos fuerte, fuerte, para impermeabilizarlos. Nuestras cuerdas eran de cabuya y los arneses que utilizábamos los habíamos elaborado con cinturones de seguridad para autos. No teníamos mucho, pero las ganas con las que íbamos a la montaña eran mayores que todos los impedimentos”.

En el Ausangate dio su primeros pasos. Era su casa, el espacio que la había acogido desde su niñez. “Por referencias de amigos nos contactó Peter Biesert, un montañista suizo que dirigía el proyecto De arrieros a guías de alta montaña, un proyecto que intentaba capacitar a los muchachos de la zona en guiado con la intención de darles las herramientas necesarias para salir adelante. Él necesitaba apoyo, nosotros también; fue lo máximo, por fin íbamos a poder usar carpas, bolsas de dormir y equipos adecuados”.

“Dejamos de ir al Baratillo por buen tiempo”, sonríe.

El Baratillo, el gran mercado del Cusco de artículos de segunda mano y objetos inimaginables, se había convertido en la tienda donde de pertrechos de  aventura para ella y sus amigos, quienes en un acto de audacia habían revivido a punta de entusiasmo el mítico Club de Andinismo del Cusco, la agrupación de montañistas cusqueños fundada en 1983 que languidecía por falta de ilusos como ellos.

“También fue un tiempo maravilloso, rememora Lichi, de muchos aprendizajes y de temporadas largas, de quince, veinte días en las montañas”. En el 2006 logró coronar por primera vez la cumbre del elusivo Ausangate, el apu principal de la cordillera del Vilcanota y desde entonces nadie la ha parado. Fue, a su manera, una suerte de Annie Peck cusqueña o si se quiere una émula de Henriette de Angevilles.

Annie fue la primera mujer en tratar de domeñar al bravío Huascarán a poco de iniciado el siglo XX y una precursora del m0vimiento sufragista en los Estados Unido. Henriette, en cambio, la primera de todas en llegar a la cumbre del Monte Blanco, en 1938. Ambas, mujeres montaña, mujeres-coraje.

"A la montaña voy por cariño, nunca para hacer dinero".
“A la montaña voy por cariño, nunca para hacer dinero”. Foto archivo Lixayda Vásquez.

Receta para cambiar el mundo

“Siempre quise ser guía de montaña, pero fue muy difícil. Para los instructores de la escuela resultaba imposible aceptar a una chica”, me cuenta. Lo mismo le había sucedido en otra parte de los Andes a Denys, su partner en Mujer Montaña. Cuando la impetuosa paceña se inscribió en una unidad de bomberos en La Paz fue relegada, instintivamente a tareas más discretas.

“Me aburrieron, decidí entonces tomar el montañismo como algo personal, más íntimo, como algo mío, absolutamente mío”.

Lichi vive de su condición de guía de trekking, la he tenido como tal, doy fe de su talento para conducir un grupo en condiciones de extrema dificultad (para nosotros) y su vasto conocimiento de las comunidades que habitan estas cordilleras. “Quiero que el montañismo ocupe todo el tiempo que sea necesario en mi vida, pero sin generarme estrés. No me interesa ganar dinero con esto. Por allí no van mis sueños…”

Sus sueños son otros, definitivamente. “La montaña nos podría sanar, tiene ese convencimiento, darnos eso que nos falta a los hombres y mujeres de este mundo globalizado para empezar a vivir de otra manera, más plenamente. La montaña es sanadora”.

Lichi tiene razón. Nos hace falta volver a mirar la tierra, la Madre Tierra, de otra manera. Se trata, para ellas y para nosotros, de volver a poblar el mundo de nuevas intenciones. “Vivir en armonía con la montaña implica también vivir más saludablemente, relacionándote de otra manera con tu cuerpo. Y con la gente que te rodea. Vivir una vida plena, eso es”.

Vuelta al Ausangate. Lichi y grupo de caminantes peruanos, españoles y australianos. Foto Revista Viajeros.
Vuelta al Ausangate. Lichi y grupo de caminantes peruanos, españoles y australianos. Foto Revista Viajeros.

Nos despedimos. Lixayda tiene que acomodar sus cosas para viajar a Lima y de Lima saltar a Huaraz, capital del montañismo peruano, para intentar hacer cumbre en el Alpamayo, la que alguna vez fue considerada la montaña más bella del planeta. Viaja esta vez con Alfredo Zúñiga, su novio, otro de los grandes del montañismo cusqueño actual y compañero suyo en la refundación del Club de Andinismo del Cusco y otras travesuras.

El Ausangate, qué maravilla. De sus hielos perpetuos nacen las riadas que dan vida a tres de las cuencas más importantes del Cusco. La del Vilcanota, el Willkamayo de los Incas, que apura su marcha para atravesar el pongo de Mainique y llegar a la Amazonía; la del río Ocongate o Mapacho, que tiene su origen en la laguna de Hampatune y también lleva sus aguas hacia el llano amazónico y la del río Marcapata,  que luego de bajar de las alturas desemboca en el río Inambari, el afluente principal del río Madre de Dios.

En las alturas del Cusco, en sus cumbres nevadas, ese territorio que Lichi conoce tan bien y desde tan niña, nacen las fuentes de vida de la exultante Amazonía. Hay que mencionarlo una y mil veces para entender por qué debemos cuidar sus manantes y sus espacios de vida. Todos.

Mujeres montaña cambiando el mundo. Foto archivo Lixayda Vásquez.
Mujeres montaña cambiando el mundo. Foto archivo Lixayda Vásquez.
Foto archivo Lixayda Vásquez.
Foto archivo Lixayda Vásquez.
Foto archivo Lixayda Vásquez.
Foto archivo Lixayda Vásquez.

7/7/2018