Los dioses Chavín conquistan Europa

Guillermo Reaño para Viajeros 32

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Me da mucho gusto el éxito que viene alcanzando la exposición sobre Chavín que se está llevando a cabo en el Museo de Arte de Lima (MALI) gracias al esfuerzo del Ministerio de Cultura peruano, la embajada de suiza en nuestro país y el prestigioso museo Rietberg.
Tuve la suerte de visitar la versión europea de la misma muestra en el Museo Rietberg de Zürich hace tres años y aprovechar la ocasión para charlar largo con Peter Fux, el especialista suizo que vuelve a curar la expo de Lima, sobre la importancia de la civilización Chavín y lo extraordinario de su producción lítica.
En una próxima nota les contaré más detalles sobre el significado que tiene para los peruanos contribuciones como ésta. Por ahora, felicitar el esfuerzo de las instituciones comprometidas en sacar adelante tan delicioso proyecto. Les dejo esta crónica sobre la muestra Chavín en Europa.

Encontrar el Museo Rietberg en Zürich no fue tarea fácil, a mí me tomó varias horas caminar las veinte cuadras que había que recorrer para llegar desde mi alojamiento en el cuarto piso de un hotel para mochileros en Niederdorfstrasse al barrio donde se levantan las instalaciones del gabinete de culturas exóticas con más alcurnia de esta parte del viejo continente. Entre mi cubículo poblado de turistas de todos los pelambres y el museo donde se exhiben las piezas Chavín que llegaron a esta ciudad junto al rio Limmat, se extiende un jardín público de dimensiones colosales poblado por estatuas y árboles centenarios que a duras penas pueden cargar las toneladas de historia que se acumulan en esta villa donde alguna vez reinó Carlo Magno.

La historia que he venido a narrar, desde allende los mares, se inició en las sobrias instalaciones de otro museo de renombre, el Museo Nacional de Chavín, en los andes peruanos, allí, en la sobria oficina de Marcela Olivas, su directora, me enteré de la exposición que se estaba preparando con paciencia y mucho empeño, gracias a un acuerdo de colaboración entre el afamado museo suizo y el Ministerio de Cultura peruano. “Va a ser la primera vez que las piezas Chavín, las que alguna vez admiró Tello, salgan del país para deleite del mundo entero”, la admonición de Marcela fue suficiente para empezar el viaje a las antípodas.

En Lima, el equipo de campo de Swisscontact, la fundación que impulsa un proyecto de turismo en Chavín y el corredor de los Conchucos, se puso de inmediato a trabajar. Para Leonor Rodríguez, una devota del turismo sostenible, la oportunidad era más que propicia para empezar a poner en valor los tesoros que nos legaron los antiguos Chavín, la cultura matriz de estos pagos cuyo monumento ha sido considerado por UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Hablar de esta civilización es hablar de tres mil años de historia…o más. En el célebre monumento y en las zonas aledañas, principalmente en La Banda, una colina que antojadizamente pertenece al distrito de San Marcos, el equipo del Dr. John Rick, de la Universidad de Stanford, ha encontrado evidencias suficientes que testimonian una ocupación humana que podría remontarse fácilmente diez mil años atrás, mucho antes que Caral y sus congéneres.

En el punto de encuentro de los ríos Wacheqsa, que desciende misterioso de la Cordillera Blanca y el Mosna, que serpentea buscando el camino al Marañón, se levantó, varios milenios antes que Machu Picchu, un complejo hidráulico sin parangón en el mundo antiguo, un monumento al agua que sorprende a los arqueólogos por la majestuosidad de la obra en sí y por el uso que los chavinos de entonces le dieron durante los años de su hegemonía. Solo en la explanada norte, refirió el Dr. Rick durante la presentación de los avances de la campaña de investigación del año pasado, se ha logrado determinar la existencia de 60 sistemas de canales, un dédalo subterráneo por donde ingresaba y salía el agua del monumento. “Donde escavamos, encontramos canales”, comenta con admiración el compañero de cuitas científicas del Dr. Luis G. Lumbreras, otro de los implicados en esta historia.

El Monumento Arqueológico Chavín es una pieza única de nuestro pasado arqueológico. Una obra maestra, se me ocurre especular, de lo que las sociedades hidráulicas del antiguo Perú lograron desarrollar. Pienso entonces en el Dr. Cabieses, alguna vez me dijo que el manejo del agua fue el gran aporte de los pueblos del Perú originario a la civilización planetaria.

Los Dioses Chavín llegan a Europa

Benjamin Lang, responsable para Sudamérica de Swisscontact me recibe en su oficina de Zürich y lo primero que me dice es que no pudo ingresar al salón del museo donde se realizó la ceremonia de inauguración de la muestra Chavín el pasado 23 de noviembre. “Había tanta gente que se tuvo que cerrar los ingresos, muchos solo pudimos ver las imágenes a través de un monitor de televisión”, agrega. Lo mismo me comentó el biólogo Jan Baiker, un suizo que ha hecho de las tierras boscosas del Apurímac su patria adoptiva. A la ceremonia asistieron el Ministro de Cultura del Perú Luis Peirano, nuestro embajador en Suiza, las máximas autoridades del gobierno de ese país y una pléyade de estudiosos del universo Chavín, entre los más destacados el Dr. Lumbreras y los esposos Rick, tres académicos que han dedicado parte de su vida profesional al estudio de una civilización que durante cuatro meses tuvo anonadados a los habitantes de la ciudad más culta de Suiza. Fui testigo de ello.

Mi arribo a Zürich se produjo una semana después del inicio de la muestra así que no pude encontrarme con Marcela Olivas, la comisaria nombrada por el gobierno peruano para el traslado de las piezas Chavín a Europa, tampoco con el ministro Peirano quien me había manifestado a través de un correo su total complacencia con el esfuerzo binacional. La ciudad del lago Zürich me recibió en medio de los cambios de estación que suelen llenar de fantasía y de nieve las callecitas de piedra de una ciudad varias veces centenaria. Durante mi primer paseo matutino, en la Bahnhofstrasse, el corazón financiero suizo, me fui de bruces contra un cartel que invitaba a la muestra. Toda esa mañana, mi primera mañana en Zürich, tropecé con más carteles, de todos los tamaños, promoviendo la fiesta peruanista en el museo Rietberg, el más encumbrado de todos los que animan la vida cultural de la ciudad.

El museo Rietberg es fastuoso, se encuentra en la parte superior de una loma en cuyas laderas y bosquecillos se juntan los niños para jugar con la nieve o lanzarse en sus pequeños trineos metros abajo. Reputado en Suiza y en el resto de Europa por la temática etnográfica de sus exposiciones resultaba, no me queda ninguna duda, el lugar ideal para presentar una muestra como la que he venido a conocer. Por Marcela sabía del esfuerzo realizado para reunir piezas dispersas en ocho museos del Perú y en puntos del planeta tan disímiles como Washington, Nueva York, Ohio, Missouri y Filadelfia. Peter Fux, un arqueólogo suizo con varios años de trabajo en el Perú y apasionado como pocos de la estética Chavín fue el encargado de curar la muestra. “Ha sido mi primer encargo como curador, acabo de escucharlo en el auditorio municipal de Chavín, en Conchucos, felizmente todo salió como lo habíamos planeado”. Es cierto, los 1300 m2 de la modernista Sala Esmeralda se lucieron con las piezas que los arqueólogos y museógrafos peruanos eligieron con descomunal esmero. No era para menos, había que estar a la altura de las muestras del Museum Rietberg Zürich dedicadas al arte tradicional de Camerún, México, China, Japón y Corea.

Hablando con los dioses

La dama con el vestido de Chanel rojo no puede ocultar su asombro, se acerca a la vitrina y copia en una libreta Molesquine lo que yo también he anotado: “Cette exposition a été organizée por le Musée Rietberg avec les plus eminents archéoloques mondiaux et le Ministère de Culture du Pérou”. Respira profundamente y trata de entender tanta belleza. Nos hemos tropezado en la sala tres de la muestra y la estela antropomórfica de Pacopampa, una pieza traída desde el Museo Larco de Lima, cuya representación de una vagina dentada, inmensa, poderosa es evidente, la ha dejado demudada. A mí también, lo confieso. Las piezas líticas Chavín –y las coronas, máscaras bucales, pendientes en oro, perlas en collar, textiles- que se exhiben en Zürich, juntas por primera vez, desafían al más escéptico por su inconmensurable belleza, acabado y extraordinario mensaje llegado desde los confines de la tierra y el tiempo: “No he visto nada tan magnífico como esto, el arte lítico Chavín supera al de las demás culturas de la antigüedad”, se anima a confesármelo Peter Fux.

Dos salas más adelante, la misma mujer conversa con una pareja de gente mayor, lo puedo deducir por sus pasos cansinos y la obsesión por atraparlo todo, sin miramientos. Un botella de barro encontrada en Kunturhuasi, Cajamarca, Le nid du Condor, leo en el escaparate, ha llamado su atención. “Los chavinos guardaban en estos depósitos los brebajes que preparaban con cactus San Pedro”, comenta el hombre con anteojos de carey. Trato de confirmárselo, la wachuma, un sicotrópico utilizado en el Antiguo Perú para fines mágicos fue parte de la cosmogonía de este pueblo que supo representar en las archiconocidas cabezas clavas, sí, esas que poblaron nuestro imaginario escolar, los efectos del menjunje en el rostro de los festejantes.

En la sala cinco un grupo de escolares fuera del horario de clases permanece parado, estático frente a dos piezas textiles, ponchos en el buen decir de los peruanos, que de seguro alguna vez ataviaron a los mensajeros de estos mismos dioses que empiezan a apoderarse de este pedazo de Zürich. Veo en sus rostros asombro, fascinación por la precisión en los detalles y el buen estado de conservación de las prendas que han llegado desde Cleveland. En una última plaza, ya voy saliendo de la muestra, han pasado tres horas desde mi llegada y el sonido de unos pututos a la distancia, me inquieta más de la cuenta, otro grupo, nuevamente gente mayor, espera la salida de cuatro o cinco personas que ingresaron a un cubículo donde se ha reproducido, como en el Monumento Arqueológico Chavín, el lanzón monolítico que caracteriza a los chavinos de todos los tiempos. La dama vestida de rojo está a mi costado, la dejo ingresar a la sala y me preparo para otro momento épico. La música, seguramente la misma que el trompetista suizo Michael Flury interpretó en la plaza del Museo Nacional de Chavín junto al saxofonista Jean Piere Magnet y el especialista en sicoacústica Miriam Kolar sacude a todos los presentes. Es una epifanía chavina en la Europa más culta.

La dama de rojo y yo no podemos ocultar la emoción, quinientos años después de la llegada de Colón y Balboa al nuevo continente, un milenio, o dos después de haberse apagado, tangencialmente, la magnificencia y los bríos de una civilización enclavada en las montañas más altas del Perú, sus dioses retornaron para hablarnos de otros tiempos y de los mismos afanes. Zürich estaba rendida a sus pies, bajo su sortilegio.

Sin embargo, pequeña pero necesaria digresión, en nuestro país lo Chavín, si hablamos de apropiaciones culturales y boom del turismo, hace mucho que perdió preponderancia, valor, lo voy a decir de una vez, en el intercambio cultural. Otras manifestaciones de nuestro gigantesco acervo patrimonial han venido a ocupar el sitial que alguna vez le tocó ocupar. Caral, el revitalizado Machu Picchu, Sipán, la ruta Moche –Túcume, han adquirido mejores credenciales, de repente mayor exposición mediática y hoy brillan con luz propia. “Sesenta mil visitantes llegaron al Monumento Arqueológico Chavín el año pasado, anota Enrique Muñoz, su director, ¿acaso no podemos soñar que vengan muchos más”. Zúrich, el museo Rietberg, lo dice, es un ejemplo de lo que podemos hacer con lo mucho que tenemos para mostrar. Ha llegado el momento de hacerlo.

24/04/2015

Curaduría: Peter Fux, con la asesoría científica de Luis Guillermo Lumbreras y de John W. Rick
Lugar: Salas 1 y 2 del MALI
Temporada: Del 10 de abril al 9 de agosto de 2015
Visitas: De martes a domingo de 10:00 a 20:00 h.; sábados hasta las 17:00 h. | Primer viernes del mes, 10 de abril y 8 de mayo, hasta las 22:00 h. | Cerrado los lunes, además del Día del Trabajo (1 de mayo).
Auspicio: Compañía Minera Antamina
Ingreso: Mínima: S/. 6.00 | Sugerida: S/. 12.00 | Estudiantes, mayores de 65 años y menores de 12 años: S/. 4.00 | Domingos populares: S/. 1.00 | Ingreso gratuito para miembros del Programa Amigos del Museo y alumnos MALI | Ingreso gratuito primer viernes de cada mes de 17:00 a 22:00 h. (Noche MALI)