“Los peruanos me fascinaron”. Una larga conversación con el periodista catalán Eugeni Casanova

Wili Reaño, especial para Solo para Viajeros

Mi opinión

Eugeni Casanova, leridano, periodista en infinidad de territorios ajenos, es uno de los escritores catalanes más prolíficos de la actualidad. Su obra, su trabajo de alarife, de escudriñador de historias, es un canto emocionado a su terruño y a la gente que lo puebla. En el 97 publicó un libro sobre los osos de los Pirineos que sigue siendo de consulta obligatoria y el año pasado un trabajo sobre Vallvidrera, un barrio tradicional en las periferias de la ciudad condal.

Cuando nos conocimos traía en la faltriquera un título que grafica su inalterada pasión por su gente: “Los gitanos catalanes de Francia. Lengua, cultura e itinerarios de la gran diáspora”. Dos años después de su tránsito por el Perú lo he vuelto a encontrar en la blogósfera y aprovechando de la cercanía amical que hemos cultivado le propuse conversar unos minutos de su paso por el Perú.

Es un placer, verdaderamente, encontrarse en la ruta con gente como Eugeni Casanova…

Fue Raimon Plá, el fotógrafo y viajero catalán, quien me habló por primera vez de Eugeni Casanova, su vecino por un tiempo en los extramuros de Barcelona, en la Costa Brava, esa campiña luminosa sobre un litoral cargado de historia y paisajes endemoniados que recorrí sin cansancios hace algunos años. “Guillermo, me dijo, llega a Lima un amigo mío, periodista como tú, van a hacer migas, si puedes le das una mano”.

Dos días después caminaba con Eugeni por las calles de Barranco haciendo planes, conversando a toda prisa, como dos viejos amigos, de lo tanto que tenía por ver en este país lleno de contrastes y cosas por descubrir.

Maravilloso encuentro.

Es un placer, verdaderamente, encontrarse en la ruta con gente como Eugeni Casanova…

Empezaste tu singladura periodística con un trabajo sobre los osos pirineicos, una especie de la fauna ibérica considerada extinta y el año pasado tu último libro describe con bastante minuciosidad la importancia de Vallvidrera  ¿se podría afirmar que tú trabajo intenta “descubrir” –o redescubrir- el paisaje catalán?.  ¿Eres un autor que ha hecho de lo local su arma de combate?

Los Pirineos son nuestros Andes, nuestras montañas salvajes (cada vez menos). Cuando iba a hacer travesías, la gente mayor me explicaba que había habido osos, pero que “se habían acabado”. En realidad, a mediados de los noventa, cuando hice el libro, todavía quedaban unos cuantos ejemplares aquí y allá. El oso es el gran animal salvaje de Europa, un ser mítico que vivió durante milenios en el Pirineo, y quise saber qué había sucedido con él.

El estudioso Jordi Sabater Pi anuncia en el prólogo que éste es el mejor reportaje que se haya publicado nunca sobre el gran animal europeo. Es también el más completo y contiene todos los aspectos: la biología, la historia, el folclore, las leyendas, la caza, la reintroducción.

¿Y te lanzaste a la aventura?

Sí. Recorrí la cordillera de punta a punta buscando los últimos testimonios de la cultura del oso: caza, capturas, aprovechamiento de la carne para comer y la grasa como ungüento, la relación con los pastores… Gracias a esa investigación hoy conocemos una parte de la cultura ancestral del oso, porque toda la gente que había convivido con él ya no existe. Y el oso autóctono, tampoco.

Un trabajo de recopilación de una memoria, de una historia que se pierde a toda prisa…

Mi pasión es recoger los recuerdos de las cosas que desaparecen: ahora lo suelen llamar “memoria histórica”. Yo, de pequeño, todavía he ido en carro y en mi casa se cocinaba con carbón. La generación de nuestros padres es la que ha experimentado el salto tecnológico y cultural más grande de la historia de la humanidad. Tenemos los últimos testimonios de un mundo en extinción y tendríamos que hacer un gran esfuerzo por capturar episodios que no volverán jamás.

Sí, totalmente de acuerdo.

En Vallvidrera, el barrio donde vivo en Barcelona, eso también sucede (como en cualquier lugar que investiguemos). El barrio se encuentra en el límite del municipio, en una sierra boscosa por encima de la gran urbe, y resulta que ahí todavía hay gente que recuerda que sus padres hacían carbón en el bosque, o buscaban agua subterránea con una varilla de avellano, o salían a cazar cada mañana para poder comer, o hacían guisos de ardilla… Y se recuerdan todavía leyendas de brujas, de bandoleros y de lobos. Detalles hoy francamente exóticos en medio de una de las grandes conurbaciones del sur de Europa. Esas cosas las conoce gente de más de ochenta años, y si no se documentan morirán para siempre.

Comentaste a propósito de tu libro sobre el norte africano que “ni el Sáhara ni África son los territorios míticos que la gente piensa”. Hay mucho de mitificación en la literatura de viajes: se ensalza en demasía la ruta y generalmente se pierde objetividad.  ¿Qué de especial crees que tuvo tu mirada sobre el África que recorriste?

África es un continente duro, con mucho sufrimiento y mucha miseria. No es, de ninguna manera, el lugar mítico que aparece en las películas y en la mayoría de libros. Tiene lugares magníficos, eso sí. Y hay países alegres y países tristes. Eso, más que una constatación ‘científica’, es una impresión. Con la edad y los kilómetros, he intentado alejarme de los lugares con energía negativa. Visité demasiados trabajando como periodista. Pero hay sitios donde la gente no tiene gran cosa y siempre muestra una sonrisa y una mano tendida. Ahora mismo, eso es lo que me apetece encontrar. Y creo también que es una de las grandes cosas que se pueden encontrar en la vida.

Tu libro sobre el explorador catalán Félix Cardona, descubridor del Salto Ángel, en Venezuela, te trajo por primera vez a Sudamérica, ¿qué recuerdas de ese trabajo?

Descubrí a Fèlix Cardona Puig en su pueblo de la costa catalana, Malgrat de Mar. Fue el mayor explorador de Venezuela del siglo XX, vivió una vida que supera en mucho a la de Indiana Jones y nadie sabía nada de él. De manera que me movió de nuevo el instinto periodístico. Me fui a Caracas, donde sus hijos conservaban intacto el archivo que había acumulado desde sus primeras exploraciones. Y ahí salió todo tipo de material y muchas historias increíbles: el descubrimiento del Salto Ángel, la catarata más alta del mundo; la llegada a las fuentes del Orinoco, testimonios de culturas indígenas desaparecidas… Fue una pequeña aportación a la historia de Sudamérica. Quizás solo ha aprovechado a algunas decenas de curiosos, pero, de nuevo, recogí los testimonios de muchas personas que le conocieron y su memoria no se perderá para siempre.

“Los catalanes que estudio en este libro dieron lo que eran y lo que sabían a su nuevo país sin esperar nada a cambio”.

Y ahora de nuevo por estas tierras. ¿Qué te trajo al Perú?, ¿qué sabías de nuestro país?

Siempre había considerado Perú como un lugar fascinante con parajes únicos en el mundo, de manera que, llegado a la madurez, no podía permitirme desconocerlo por más tiempo. Yo había leído mucho sobre el país. No hace falta que comente sus riquezas en todos los aspectos: naturales, arqueológicas, históricas, humanas… De manera que me decidí a poner remedio a ese mal y destiné un par de meses a recorrer todo lo que pude. Conocí lo justito, pero creo que visité lo imprescindible.

Tu ruta por el Perú, según lo que me has referido en su momento, fue larga, trataste de recorrer gran parte de su territorio. Empecemos por el sur: Paracas, Ica, Huacachina, el desierto del Pacífico. ¿Qué impresiones te dejo este paisaje?

Empecé por visitar los lugares más notorios, claro, que en Perú todavía no están masificados (la mayoría). Monumentos, desiertos, junglas, ciudades, cañones, lagos, montañas… Creo que es uno de los países más fascinantes del mundo. Lo que más me gustó, sin embargo, fue la gente, y también la tranquilidad con que uno puede moverse por todas partes. Las personas representan el mayor capital de un país, y los peruanos me fascinaron. Hay una profunda cultura y educación, un saber estar, un respeto al otro, que no se encuentra en todas partes. Es un país que uno puede recorrer con quietud y comodidad.

Coincidimos primero en el Cusco y luego en la selva del norte. Te suelto algunas preguntas: ¿Qué te pareció Machu Picchu?

Pero yo tuve la suerte de llegar ahí en Nochevieja en buena compañía (con un tal Guillermo Reaño y familiares y amigos) y eso convirtió la visita en entrañable y única. También fue único acceder a pie hasta las ruinas o caminar de salida a través de la jungla siguiendo la vía del tren… Luego recorrer el Valle Sagrado con parsimonia. Tengo un recuerdo muy especial de esos días.

¿Y sus precios? Me pareció escuchar que te habías sentido discriminado…

Perú no es barato para un catalán, pero tampoco es caro. Yo procuro confundirme con el paisaje cuando viajo y hago lo que los naturales del país, y me molestó un poco que estuviera prohibido subir por cuenta propia al Machu Picchu por la senda del Inca, o que hubiera en el tren vagones distintos para locales y para extranjeros, o que tuvieras que pagar una suma considerable en el cañón del Colca para acudir al ‘espectáculo’ de los cóndores (por cierto, el día que yo fui no apareció ni uno y no está previsto el reembolso del dinero…). Pero, en fin, nada grave si esas cantidades se dedican al mantenimiento de los lugares.

Leandro Quispe, acaso un familiar del gran Diego Quispe Titu, maestro de la Escuela Cusqueña y Eugeni Casanova en el frontis de la iglesia de Chinchero.

En Chinchero nos tropezamos con un niño-guía que nos contó la historia de Pumacahua, un soldado del rey que durante la rebelión de Túpac Amaru tomó el camino de la insurrección Y en su iglesia barroca con un guardián indio, Leandro Quispe, que nos dio una clase magistral sobre la Escuela Cusqueña colonial. ¿Cusco sigue siendo el Perú un destino cultural de primer orden para los europeos?

Me acuerdo muy bien del niño de Chinchero y del guardián de la iglesia y de las historias que nos contaron. Para mí, simplemente su fisonomía y su manera de hablar fueron lecciones de la historia del Perú. Una parte de la historia que es la que más me interesa. Yo siempre recojo hechos y experiencias particulares, porque me interesan y porque nunca se sabe si uno tendrá que contarlas un día…

Cusco y su región son uno de los grandes destinos no solamente del Perú, sino del mundo. Tengo todavía cada detalle de lo que vi en la retina.

Volvimos a viajar juntos por el Alto Mayo, de esa aventura por la selva recuerdo una entrevista con unos ronderos en franca rebeldía contra el estado central y una visita al predio de un poblador local que nos mostró una colección de colibríes silvestres y orquídeas de todos los tamaños. ¿Qué te pareció la Amazonía peruana?, ¿qué sabor te dejo el ingreso a esta región tan enigmática?

Esa finca con los colibríes y el jardín de orquídeas y otras plantas… ¡Qué belleza dentro de la simplicidad! Volví a la mañana siguiente solo para sentarme entre los colibríes y las plantas y dejar pasar el tiempo. La Amazonia es exuberante. No tenemos lugares así en el Mediterráneo y naturalmente un alienígena como yo se siente fascinado ante el espectáculo de las grandes selvas.

¿Iquitos? Hablemos de tu encuentro con la ciudad amazónica más densamente poblada del Perú. Era para ti, viajero primerizo por estas selvas, una especie de ciudad-ideal, un punto culminante de una travesía de varias semanas por un país bastante grande. ¿Cumplió sus expectativas?

Iquitos tenía para mí resonancias míticas, de lugar perdido y casi imposible, como Tumbuctú, Lhasa o el legendario Shangri-La. Quise llegar, naturalmente, por superficie, navegando a lo largo del gran Marañón. Acceder en avión hubiera supuesto romper el hechizo. La ciudad no defraudó mis expectativas y tuve ahí algunas experiencias muy interesantes, entre ellas el mercado de Belén y naturalmente los alrededores fluviales y selváticos.

Un Casanova en Machu Picchu. Cusco-Perú.

Finalmente, ¿Qué has pensado hacer con este primer material peruano?

Recogí muchas historias y anoté experiencias en mi viaje por Perú, y quizás podría salir un libro de ellas (tal vez lo debería madurar con otra visita). El problema es el tiempo. Tengo compromisos de trabajo todavía para algunos meses. Pero guardo una mochila en un armario secreto de mi casa con todo lo que atesoré durante sesenta días de recorrer el Perú, y estoy seguro que eso aflorará un día u otro.

Abrazo, viajero, quedan pendientes nuevos temas: tus viajes como corresponsal de guerra por el mundo, África, el movimiento independentista catalán, el Transiberiano, el Sahara, la Europa de nuestros días, en fin, mucho de que platicar…

Abrazo, enorme, Eugeni.

En el Alto Mayo. Wili Reaño & Eugeni Casanova.

 

Casanova es licenciado en Ciencias de la Información y en Filosofía y doctor en Lengua y Literatura Catalanas. Ha trabajado en prensa, radio, TV y publicidad en diferentes medios europeos.
Vinicunca. Cordillera del Ausangate.
Salineras de Maras. Cusco-Perú.
Caballitos de totora en La Libertad. Playas del norte.
“Empecé por visitar los lugares más notorios, claro, que en Perú todavía no están masificados (la mayoría). Monumentos, desiertos, junglas, ciudades, cañones, lagos, montañas… “
“Las personas representan el mayor capital de un país, y los peruanos me fascinaron”, Eugeni Casanova.