Que no quede huella. Machu Picchu se convierte en el primer destino carbono neutro del Perú

Luis Miranda para Somos

Mi opinión

En la mañana participé en un foro virtual interesantísimo. Se trató de una conversación sobre la certificación de destino Carbono Neutral, o cero, que acaba de recibir Machu Picchu de Green Initiative, una de las 24 empresas acreditadas por Naciones Unidas para otorgar este sello de calidad, que convocó a Jorge López Dóriga, director de Comunicación y Sostenibilidad del Grupo AJE y Gabriel Meseth, jefe de Relaciones Públicas de Inkaterra.

El Grupo AJE y la cadena de hoteles Inkaterra, presente en nuestro país desde hace más de cincuenta años, han sido las empresas peruanas que acompañaron al Municipio Distrital de Machu Picchu a lo largo del delicado proceso que ha convertido al destino, que estuvo a punto de perder el estatus de Patrimonio Cultural de la Humanidad por sus altos niveles de contaminación, en un destino libre de emisiones de CO2 y el primero en nuestro país totalmente entregado el reciclaje.

Suena bien, ¿no? Claro que sí, en varias de las apostillas que suelo incluir en los artículos que subimos a esta plataforma nos hemos referido al trabajo y a la inversión hecha por las dos empresas líderes en sus rubros y al papel que le ha tocado jugar al Estado, a través del municipio local y el SERNANP, el organismo público que custodia y gestiona el Santuario Histórico de Machu Picchu, en la transformación de un espacio natural al borde del abismo en un ejemplo de amigabilidad con sus entornos naturales y baluarte de la lucha contra el cambio climático.

Para Jorge López Dóriga, maestro zen y experto en management de mucho recorrido por el mundo, hemos vivido en los últimos 150 años bajo el hechizo de la Revolución Industrial, un importante momento de la historia de la humanidad caracterizado, entre otras cosas, por las grandes transformaciones económicas y sociales que en lo sustantivo convirtieron al ser humano en un voraz consumidor de todo lo que le apetece. Y alentó, además, una manera global de vincularnos entre nosotros basada en la competitividad monda y lironda.

Lo estamos viendo: el discurso del calentamiento global, consecuencia del modelo de producción impuesto por la Revolución Industrial, no es un invento del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) como se empeñan en proclamar los últimos negacionistas.

A la época de la competitividad, comentó López Dóriga, le ha seguido felizmente, ésta que estamos inaugurando, la de la colaboración entre los hombres, entre las empresas, entre las sociedades: un nuevo amanecer que va está gatillando una Revolución Natural que está en condiciones de sanar lo que destruimos impunemente en los dos últimos siglos.

De allí que su empresa, consciente de papel que cumple en el Perú y en los más de 20 países donde opera, haya decidido involucrarse en iniciativas como la que festejamos en Machu Picchu. Allí, la alianza pública-privada que se gestó entre los involucrados ha podido reducir al mínimo la contaminación del ambiente que produce el turismo dentro del marco de la llamada economía circular. Y va a servir de modelo para que se replique la misma lógica en otros escenarios de nuestro país y el mundo.

Magnífico, en este portal hace mucho que venimos acompañando a las organizaciones públicas y privadas de nuestro país que creen, con convencimiento, en una idea mayúscula que López Dóriga definió con mucha precisión durante el diálogo público que comento: la necesidad de convertirnos en usuarios conscientes del papel que tenemos en la transformación de un nuestro planeta en un bioma sostenible, sano, resiliente, poblado por ciudadanos respetuosos de sus ciclos vitales.

Salvar los bosques de la deforestación es el primer paso que estamos en la obligación de dar. El Grupo AJE al ingresar al mercado de los super frutos en alianza con las comunidades nativas del oriente peruano lo está intentando. En Machu Picchu consolida otra iniciativa: retirar de la atmósfera la misma cantidad de CO2 que se emitió. Lo escuché ayer y me dio mucha alegría: mientras los residuos sirvan para tirarlos en cualquier lugar, mientras no tengan ningún valor, la gente los va a tirar. Si se les da valor, y eso es lo que se ha hecho en Machu Picchu, los va a cuidar. Y los va a convertir en piezas valiosas para construir desarrollo. Qué el buen ejemplo de los partícipes en esta historia cunda. Ese es el camino.

Machu Picchu es el primer destino turístico que ha recibido el certificado de carbono neutro y el primer distriro totalmente entregado al reciclaje en el Perú. Y este título se celebró con legítimo orgullo el 2 de setiembre, cuando Green Initiative entregó al alcalde del distrito, Darwin Baca, la certificación de Carbono Neutral, una condición que se otorga cuando se retira de la atmósfera la misma cantidad de CO2 que se ha emitido.

“Esto es algo histórico”, dice Jorge López Dóriga, director de Comunicación y Sostenibilidad del Grupo AJE. Y es que el 2016 la maravilla del mundo estuvo a punto de perder el título de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. La razón principal: la basura. “Pasar de eso a ser el único destino turístico del mundo carbono neutro, es algo extraordinario”, reafirma.

Pero que pasaba en el 2016. Algo atroz. Llegaban hasta cinco mil turistas en tren al día y dejaban 14 toneladas de basura. Y esa basura tenía que salir por tren, pero eso era imposible. Se acumularon tantos residuos en la salida de Machu Picchu que se podía ver las montañas de basura desde el Camino Inca. Y el hedor era insoportable. Los desechos no salían en igual cantidad que los que ingresaban.

“En el 2017, a través de agua Cielo, instalamos la primera máquina compactadora de botellas, que empezó a reducir cuatro sacos de dos metros de basura a un bloque de 50 centímetros. Antes, ese plástico terminaba en el río y ahora se vende. Lo compran empresas recicladoras para volver a hacer botellas e incluso ropa”.

Pero eso fue solo el inicio. El trabajo conjunto de las empresas privadas Inkaterra y Aje, junto al SERNANP y la Municipalidad de Machu Picchu, fue elaborar una estrategia que consistió en concientizar a hoteles, restaurantes y vecinos para que segreguen su basura en orgánica e inorgánica. Gracias a una planta pilorizadora, los residuos orgánicos se transforman en abono para bosques y para los sembríos de las comunidades.

Hay que destacar la labor de la cadena de hoteles Inkaterra, con Joe Koechlin a la cabeza, que convirtió un área de pastoreo deforestada en un bosque hermoso donde precisamente se asientan las cabañas del hotel del mismo nombre. Hoy ese espacio es un bosque frondoso que tiene más variedades que todo el continente europeo y donde es posible ver numerosos gallitos de las rocas.

Otro elemento en la misión de no soltar carbono a la atmósfera es que, en Machu Picchu, las botellas de vidrio –y el vidrio en general- se pulverizan para convertirse en arena de construcción. Antes, los constructores extraían arena del río y provocaban erosión. Hoy cuentan con arena de mejor calidad.

 Y uno de los principales logros es que el aceite de los restaurantes y hogares, que antes se vertían al río, hoy se recoge y se transforma en biodiesel y en jabones. Esto ocurre gracias a la primera planta transformadora de aceite, traída al Perú.

“Queremos impulsar la revolución natural en el Perú, queremos que las demás empresas se inspiren”, retoma Jorge López Dóriga, quien no ocultó su entusiasmo cuando un grupo de autoridades cusqueñas y directivos de Aje e Inkaterra subieron al mirador de Machu Picchu para las fotos de rigor.

El ejemplo está empezando a ser replicado en el Cusco con miras a inspirar a los pueblos del Valle Sagrado. Y el siguiente gran paso será la ciudad de Lima. Pero eso merece una nota aparte.

Durante die mil años hemos vivido en una estabilidad climática que tiene un tope de temperatura. En la cumbre de Kioto se dijo que si la calentamos a 1.5 grados más, la civilización no va a poder sobrevivir. Desde entonces hemos calentado 1.2 grados. según el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), solo tenemos diez años para hacer el cambio. Luego de eso será imposible revertir un desastre por crisis climática. Por eso, el ejemplo de Machu Picchu es unja noticia que está recibiendo felicitaciones de todo el mundo.